sábado, 21 de abril de 2018

El auge o caída de una civilización depende de la calidad de su nutrición

Nuestro cuerpo es como un avión de combate. De esos que tienen un motor en la trompa. Y una hélice única. Tenemos un sólo motor. Un sólo corazón. Si falla el motor del avión. Este cae y se precipita sobre Tierra.Si falla nuestro corazón.Nuestra vida no puede continuar.

Es imperdonable que las personas dañen este poderoso corazón.
Con alimentos extremadamente yin como el azúcar y el alcohol.
Con alimentos extremadamente yang como las carnes rojas y los huevos.
Los alimentos yin expanden y agrandan el corazón.
Perdiendo éste su fuerza y su capacidad de latir con un ritmo normal (arritmia).
Los alimentos demasiado yang contraen demasiado al corazón y a sus grandes vasos.
Obstaculizando la circulación y bloqueando el flujo libre de la sangre hacia todos los rincones del organismo.
Que muchas veces terminan con un infarto o un accidente vascular (ACV).
Si vamos a dar un paseo en nuestro avión mono motor.
Vamos a ponerle el mejor combustible del mundo.
Para garantizar un vuelo exitoso.
Si vinimos a cumplir una misión a este mundo.
Vamos a ponerle a nuestro corazón motor los mejores combustibles del mundo.
Pero no es fácil.
Porque desde nuestro nacimiento nos imponen estos alimentos extremos.
Hasta que creamos unos hábitos muy arraigados.
Pero si tomamos conciencia.
Podemos escapar de estos condicionamientos culturales.
Que constituyen un gran obstáculo hacia la expresión.
De toda la maravilla que somos.
Así vida tras vida tropezamos con el mismo obstáculo.
Hasta que llegue el día de la liberación.
Pero nadie lo celebrará ni prenderá fuegos artificiales.
Porque la mayoría sigue todavía aferrada a los antiguos programas limitantes.
Y a viejos mitos que nos impiden expresar la infinita potencia biológica que somos por derecho de nacimiento.
Porque el auge o caída de una civilización depende fuertemente de la calidad de su nutrición.

-Martín Macedo-

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