jueves, 19 de enero de 2017

No podemos obligar a nadie a ver aquello para lo que aún no está preparado




Algunas veces solemos sentirnos frustrados porque alguien no ve algo que quizás para nosotros es evidente, solemos cuestionar sus emociones, su empatía, su interés por comprender, sus capacidades y todo aquello que nos parezca una barrera o una limitación para entender o actuar ante una situación determinada.
Requerimos saber que todos tenemos perspectivas diferentes, enfoques propios, ligados a nuestras experiencias, nuestras creencias, nuestro desarrollo y a nuestra conciencia y que ello va a generar diferencias de apreciación para todas las cosas.
El respeto a cada quien encierra la capacidad de entender tanto como que una persona no está preparada para asimilar algo de alguna forma o que sencillamente que tiene su propia manera, que no necesariamente debe coincidir con la nuestra.
Muchas veces nosotros mismos solemos de alguna manera sorprendernos con nuestros cambios ante una situación igual o similar a otra anteriormente vivida y darnos cuenta de que no hemos reaccionado igual, que inclusive lo que una vez concluimos que fue lo mejor que pudimos haber hecho, ahora se muestra como una actitud fuera de lugar e inclusive mediocre en comparación a nuestros recursos actuales.
Todos evolucionamos, aprendemos, algunos inclusive tenemos experiencias que no nos hacen ser mejores, sino nos hacen desconfiar, limitarnos, actuar de manera más precavida, cerrarnos al amor… en fin… experiencias que nos cambiarán y nos harán ver, entender y actuar de una manera diferente a lo que solíamos hacer.
Si en nosotros podemos ver respuestas asociadas a nuestras vivencias, también requerimos saber entender al otro, que a fin de cuentas hace lo mejor que puede con los recursos que tiene.
Podemos intentar plantear nuestra visión, podemos tratar de hacerle ver a alguien más un escenario como lo hacemos desde nuestra óptica, pero debemos respetar los procesos y las decisiones de la otra persona. Inclusive tratando de ser lo más empáticos posibles, con el fin de entender las razones de sus respuestas ante determinados hechos.
Aceptemos aquello que no está en nuestras manos cambiar, aprendamos a respetar los motivos, los intereses y las prioridades de la otra persona, sin presionar, sin juzgar, sin ser arrogantes o creernos dueños de la verdad. Todos tenemos libertades y una de ellas es decidir lo que pensamos que es lo mejor, aun cuando la vida nos demuestre que pudimos haberlo hecho mejor.
La libertad no es nada más que una oportunidad para ser mejor. ― Albert Camus
Démosle a cada quien la oportunidad de razonar, de crecer, inclusive de equivocarse y de asumir las consecuencias de sus actos, quizás en algún momento la vida se encargue de hacerle coincidir con nuestra visión o bien ocurra de manera contraria y seamos nosotros los que hayamos demostrado no estar preparados para ver algo específico.
Todos los pozos profundos viven con lentitud sus experiencias: tienen que esperar largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó en su profundidad. ― Nietzsche
Rincón del Tibet

jueves, 12 de enero de 2017

Estamos desconectados

Vivimos centrados en nosotros mismos, ensimismados, como si  más importante fuera satisfacer continuamente nuestros más íntimos caprichos. Y sólo cuando aparentemente lo hemos conseguido, atendemos al cien por cien a nuestro entorno, a las personas que nos rodean, a las situaciones que nos reclaman. Lamentablemente, eso sucede en muy pocas ocasiones pues nuestra forma de pensar nos seducen constantemente.


Steve Taylor es profesor de psicología de la Leeds Metropolitan University y hace diez años, a causa de una infección bacteriana hospitalaria, vivió una experiencia transformadora: “Cuando me recuperé sentí que era una nueva persona viviendo un nuevo tipo de vida y decidí investigar en las experiencias de otras personas”. 

En su libro Salir de la oscuridad. Del desasosiego a la transformación (Out of the Darkness: From Turmoil to Transformation) cuenta la historia de más de 30 personas que han experimentado un renacer después de una catástrofe y explica cómo han conseguido pasar de sufrir a la transformación espiritual. 

También explica las vivencias de maestros como Eckhart Tolle y Jiddu Krishnamurti, quienes vivieron el despertar espiritual permanente después de experimentar una profunda crisis. En su búsqueda por relacionar su vivencia con la de otras personas que hubieran vivido experiencias parecidas, averiguó que “somos más fuertes de lo que imaginamos” y que “la aceptación es factor común en esas transformaciones”, pero lo más fundamental “es esa sensación de estar conectados”. 

Asegura que los conflictos se basan en sentirse “separado de” y es eso lo que nos genera insatisfacción, la sensación de no estar completos. Por eso queremos más, más riqueza, más control, más poder.

Taylor nos recuerda que “oponemos resistencia al momento presente porque nos pasamos mucho tiempo haciendo cosas que no queremos y estando insatisfechos con nuestras vidas tal y como son”. Sentimos que nos falta algo, que vivir es “un esfuerzo constante”.Incluso nos resistimos a lo evidente, como envejecer y morir.

Por eso, es imprescindible recuperar la conexión con la naturaleza, “vivir en armonía contigo mismo y con el entorno, y vivir en el presente, en vez de permanecer inmerso en emociones negativas conectadas con el pasado”. Al sentirnos conectados, sentimos “más compasión y amor hacia los demás y gratitud y aprecio por la vida”.

La clave está en aceptar. Aceptar “nos permite soltar, ir con la vida” y lo que es más importante, “liberarnos de los apegos psicológicos, de estatus, de creencias”. El primer paso para aceptar es detener “la cháchara de nuestros pensamientos” y empezar a dar espacio a la idea de que la vida puede ser fácil.

Desde la Bioneuroemoción® creen que al sentirnos separados hacemos cosas para agradar a los demás. Y al intentar satisfacer a otros nos vamos perdiendo a nosotros mismos, nos vamos desconectando de nuestra propia naturaleza. Al final, estamos tan desconectados que pensamos que tenemos que hacer cosas continuamente y que para hacer esas cosas requerimos tiempo. Vivir en la creencia de la separación, en la dualidad, es vivir la experiencia del no ser para tomar conciencia de lo que soy.

En el libro Este no es el evangelio que quise ofrecerte, Enric Corbera nos dice: “La mente individual está tan perdida que 
no sabe que está conectada a su Fuente. No tiene conciencia de que su sentimiento de separación la hace «fabricar» en lugar de «crear». La mente —que no pierde sus facultades aunque se sienta separada, porque es hija de la Mente Original— fabrica constantemente y su alimento es la creencia en la carencia y en la necesidad”.

¿Te haces la pregunta adecuada?.

Gregg Braden nos plantea una pregunta que cambiará nuestra vida. Reflexionemos sobre lo que nos expone…Vivimos en una época en la historia de nuestra civilización, en la historia de este mundo, sobre la que los expertos nos dirán que es una época diferente a cualquier otra de la historia de la humanidad. Nunca nos hemos enfrentado a tantas crisis importantes que deban resolverse a corto plazo: desde el hundimiento del sistema económico mundial, a la forma que tratamos el cambio climático, la desaparición de los recursos vitales, cómo resolvemos nuestros problemas en otros lugares del mundo sin utilizar la guerra; a las otras muchas crisis con las que nos enfrentamos ahora..

La manera que tenemos de resolver nuestros problemas como personas, como comunidades, como naciones, realmente no es tan diferente. Tendemos a resolver cada problema de nuestra vida por medio de la lente que decidimos que describe nuestra relación con el mundo. Todos tenemos una manera de mirar al mundo, y cuando miramos a través de la lente de nuestra experiencia en el mundo, establecemos cómo resolvemos nuestros problemas.

Si vives en el mundo moderno, gran parte de esa lente proviene de la Ciencia de los últimos 150 años

Los nuevos descubrimientos muestran ahora que la ciencia de los últimos 150 años es incorrecta en ciertos casos, que en algunos casos se equivoca. Si no podemos asimilar los descubrimientos nuevos en la forma en que pensamos y nos vemos a nosotros mismos y al mundo, ¿cómo podremos resolver los problemas que contemplamos hoy?

La gente me pregunta: Gregg, el mundo cambia, ¿qué significa eso para nuestros trabajos, para nuestras profesiones, para la forma que tratamos a nuestras familias?, ¿y dónde aplicamos nuestra pasión, cómo tratamos al nuevo mundo que surge?

Esta es mi respuesta para todos ellos:

Las hipótesis falsas de la ciencia nos han llevado a creer que estamos separados de nosotros mismos; que no tenemos poder sobre nuestros cuerpos; que estamos separados unos de otros y del mundo que nos rodea; que la civilización es lineal, que ha sucedido una y otra vez y que somos la cima, la civilización más compleja que haya existido jamás; y que la competición violenta es la manera de resolver nuestros problemas.

Esas falsas hipótesis son ideas antiguas. Nuestros propios científicos nos dicen ahora que todas ellas son erróneas. La nueva Ciencia nos demuestra que estamos profundamente conectados con nuestros cuerpos, que estamos en conexión profunda unos con otros y con la Tierra. Que la civilización es cíclica y que si tenemos la sabiduría de reconocer los ciclos del pasado, podremos aprender de ello y aplicar al mundo de hoy lo que nuestros antepasados aprendieron. Esto podría ser lo más importante de todo: que la mejor ciencia de nuestra época nos muestra que la Naturaleza no se basa en la idea de Darwin de la supervivencia del más fuerte, sino en lo que los biólogos denominan “cooperación y ayuda mutua”.

La lucha competitiva ocurre, todos lo hemos visto, pero sucede como respuesta a condiciones y circunstancias especiales, no es la regla de la Naturaleza. Por esto es importante: si podemos acoger los nuevos descubrimientos de la mejor ciencia de hoy, que nos dice que estamos conectados con nosotros mismos, que estamos en conexión unos con otros y con la Tierra, que vivimos en un mundo de cooperación, eso cambia la forma en que nos han enseñado a pensar en nosotros mismos y en el mundo.

Así que, cuando nos preguntamos “¿qué puedo hacer?”, “¿qué puedo hacer con mi vida?”, “¿cómo elijo un trabajo o una profesión?”, “El mundo está cambiando, lo que yo solía hacer ya no puedo hacerlo, ¿y ahora qué hago?”… Estas son grandes preguntas.

Según la antigua forma de pensar nos haríamos esa pregunta que dice: “¿qué puedo sacar yo del mundo que existe?

”Consciente o inconscientemente, eso forma parte de nuestra manera de pensar: “¿qué puedo sacar yo del mundo que existe?”

Los nuevos descubrimientos científicos nos dan ahora una razón para cambiar esa pregunta. Y la pregunta nueva es: “¿QUÉ PUEDO DAR, QUE PUEDO COMPARTIR, CON QUÉ PUEDO CONTRIBUIR, QUÉ PUEDO OFRECER AL MUNDO QUE SURGE?”. Cómo respondamos a esa pregunta lo cambia todo. Cómo respondamos a esa pregunta abrirá la puerta a nuevas posibilidades que no están limitadas por el título académico que hayamos conseguido, ni por nuestros conocimientos, ni por el dinero que tengamos. Eso abre la puerta a la posibilidad de ver a dónde nos lleva nuestra pasión, porque ya no decimos “¿qué recompensa obtendré?”, sino que decimos “¿con qué puedo contribuir?”.

Y gracias a esa contribución la vida nos recompensa. Eso ocurre una y otra vez.

 Quiero dar un ejemplo muy claro: vivo en el campo. Mi esposa y yo vivimos en una zona agrícola al norte de Nuevo Méjico, en los EEUU. El hundimiento económico de 2008 golpeó muy fuerte a todos en nuestra zona. Un amigo mío que es constructor, que construye casas para la gente, me contó que 2008 fue el primer año en el que no hubo licencias de construcción de casas nuevas. Ninguna en absoluto en el norte de Nuevo Méjico. Me dijo, “¿qué voy a hacer?. Soy constructor, trabajo con mis manos, construyo casas, buenas casas… Pero ahora la gente no las necesita”. Así que se hizo a sí mismo la pregunta: “¿qué puedo compartir con el mundo que surge?, ¿qué necesita la gente?”. Me dijo, “ya sabes que la gente no necesita casas ahora mismo porque ya las tienen. La gente tiene que aprender a cultivar sus propios alimentos”. La gente no aprendía, no sabía cultivar sus propios alimentos. Los inviernos eran duros, los alimentos estaban caros… Y dijo “voy a juntar las habilidades que aprendí construyendo casas y voy a construir invernaderos. Toda clase de ellos. Voy a a hacer algunos mas pequeños que la gente pueda tener en la encimare de sus cocinas. Voy a construir algunos mas grandes que uno mismo pueda montar, o que pueda tener tantos como quiera. Voy a hacerlos de modo que la gente pueda usarlos los 12 meses del año, ya que están cerrados para que no importe la temperatura que haga”. Y eso es exactamente lo que hizo. Y ahora tiene más éxito construyendo invernaderos para ayudar a la gente, que el que tuvo construyendo casas. Ni siquiera se si volverá a construir casas algún día porque ahora esto es su pasión. Y todo lo que hizo fue plantearse la pregunta:

“¿QUÉ PUEDO COMPARTIR CON EL MUNDO?”, “¿CÓMO PUEDO RESPALDAR CON MI PASIÓN Y MIS HABILIDADES LO QUE EL MUNDO NECESITA AHORA?”.

Para hacerlo tuvo que abandonar la idea de lo que había hecho en el pasado, a la que se aferraba.

Es una invitación para todos nosotros. Me hago esa pregunta a diario al menos una vez, a veces más: “¿qué puedo aportar en esta situación, cómo puedo contribuir?”. No digo “¿qué puede interesarme de ello?” porque no lo sé. Lo que se es que si puedo compartir con el mundo a mi alrededor, de alguna manera el mundo que me rodea va a apoyar lo que yo espero lograr. Y eso es una comunidad. Tanto da que sea mi familia, o mis vecinos, o entre naciones. Una comunidad de apoyo con estos principios profundamente arraigados, donde aprender a cooperar y a ayudarse unos a otros a transcurrir por uno de los momentos mas difíciles de la historia mundial.

“¿QUÉ PUEDO DARLE AL MUNDO QUE EMERGE?”. Esa es mi pregunta.


– “La pregunta que cambiará tu vida” Gregg Braden