jueves, 30 de abril de 2020

Eneatipo 8: el que quiere tener el control

Son personas que no soportan que las dominen ni sometan. De ahí que tiendan a ser fuertes, duras, agresivas e intimidantes. Su aprendizaje pasa por transformar su lujuria en inocencia, soltando el control y aceptando su vulnerabilidad.
A continuación hago un breve resumen del eneatipo 8 cuando está identificado con el ego y de cuando está conectado con el ser.
ENEATIPO 8
Identificado con el ego
EL QUE QUIERE TENER EL CONTROL
Agresivo, dominante, autoritario, beligerante, reactivo y vengativo

Breve descripción
Su mayor miedo es que los demás le hagan daño, le controlen, le sometan o le dominen. Suele protegerse tras una coraza y vivir a la defensiva, reaccionando agresiva y beligerantemente cuando se siente amenazado. Tiende a intimidar por medio de su mirada y su fuerte personalidad. Le gusta estar al mando de las situaciones para no someterse a la voluntad de los demás. No soporta que nadie le diga lo que tiene que hacer y la injusticia le saca de sus casillas. Al sentir que debe proteger su vulnerabilidad, considera que “la mejor defensa es un buen ataque”.

Herida de nacimiento
Sensación de vulnerabilidad e indefensión.

Principales patrones de conducta inconscientes del ego
-Le gusta estar al mando de las situaciones para no someterse al control de los demás; se siente fuertemente atraído por el poder.
-Se esconde y protege tras una coraza fuerte y dura; sin embargo, tiene un lado muy tierno y vulnerable, que sólo muestra a personas que se lo ganan.
-Es muy directo, franco y honesto; suele intimidar con su mirada a las personas que lo rodean.
-Vive a la defensiva por miedo a que le hagan daño; por eso es tan híperreactivo, mostrando su furia y su rabia cada vez que se siente agredido por los demás.
-Sus repentinos estallidos de rabia y agresividad provocan que en ocasiones pierda el control sobre sí mismo; no soporta que le digan lo que tiene que hacer.

Amanda solía gritar furiosamente a sus hermanos cada vez que éstos no cumplían sus exigencias. Recuerda que se «desconectaba de sus sentimientos», se volvía «extremadamente fría» y apenas «conectaba ni empatizaba» con las necesidades de los demás. En algunas ocasiones reconoce que podía llegar a ser «cruel y despiadada».
Recuerdos de infancia
Asocia su infancia con el sentimiento de que a muy temprana edad tuvo que hacer frente a un conflicto que le arrancó bruscamente de su inocencia, sintiéndose desprotegido y vulnerable. Recuerda no haberse sentido protegido por sus padres, con lo que empezó a construir una coraza con la que afrontar las injusticias del mundo. Así, poco a poco interiorizó que no estaba bien ser vulnerable y que debía mostrarse duro y fuerte para luchar y sobrevivir.

Miedo inconsciente
Ser herido, controlado o dominado por otros. Por eso se ha creado una coraza protectora, bajo la cual esconde y protege su ternura, su debilidad y su vulnerabilidad.

Visión subjetiva y distorsionada del mundo
El mundo es un lugar injusto y conflictivo, donde sólo sobreviven los fuertes; por ello, se esfuerza por protegerse y proteger a quienes considera vulnerables y débiles.

Alejandro solía intimidar a los demás con su mera presencia cuando era joven. Para evitar que otros pudieran tener cierto control sobre él, en seguida adoptaba el rol de líder, de manera que todos supieran quién tenía el poder. En caso de verse amenazado por otro, reaccionaba agresivamente, llegando a perder el control de sí mismo y se volvía víctima de la rabia y la ira. No consentía que nadie le dijera lo que tenía que hacer. Las órdenes las daba él.
Principal defecto
La lujuria, que no solo alude al deseo y la intensidad sexual, sino también a la necesidad de extender su control, dominio, poder y liderazgo sobre las persona con las que interactúa.

Otras emociones dominantes
Vulnerabilidad y agresividad.

Cómo quiere ser visto por los demás
Como una persona fuerte e independiente, que puede con todo y con todos.

Marcos no soportaba que nadie se metiera con compañeros que él consideraba más indefensos. En ocasiones se peleaba con quienes se burlaban de ellos, como un guardián protector. Llegó a enfrentarse solo contra grupos enteros de chicos mayores que él.
Trastorno de personalidad
Psicópata.

Descentramiento
Finalmente, después de identificarse plenamente con el ego y sufrir las consecuencias propias de su eneatipo, termina por descentrarse y manifestar los rasgos más oscuros del eneatipo 5, como la indiferencia, el aislamiento, el cinismo y el hermetismo.


ENEATIPO 8
Conectado con el ser
INOCENCIA
Poderoso, justo, líder, fuerte, tierno y magnánimo

Cualidad esencial
Al recuperar el contacto con el ser, reconecta con su cualidad esencial: la inocencia, por medio de la que se perdona a sí mismo y a los demás, soltando la culpa y el afán de venganza.

Gran aprendizaje vital
Perdonarse a sí mismo y perdonar a los demás, soltando la culpa y el afán de venganza.

Desafío psicológico
¿Cómo puedo evitar que me hagan daño si suelto la coraza y dejo de controlar?

Prácticas para reconectar con el ser
-Siente tu vulnerabilidad: Conecta más con tu corazón y tus sentimientos. No tiendas a protegerlos por miedo a que te hieran, sino todo lo contrario. Cuanto más permitas aflorar tu vulnerabilidad, menos sentirás que debes acorazarla. Analiza los motivos que te llevaron a envolverte en tu caparazón de acero y descubre qué hay de cierto en todos ellos. Puede que en el pasado te hicieran daño, pero ir por la vida a la defensiva te ocasionará más situaciones tensas que bienestar. Por supuesto, tampoco es necesario que vayas por ahí con el corazón en la mano, pero sí muéstralo más a menudo a las personas de confianza. Vivir en consonancia con el corazón y los sentimientos te ayudará a sentirte más cercano y menos violentado por los demás.

-Elimina la palabra “culpa” de tu vocabulario: No te castigues ni castigues. La culpa es un concepto que en realidad no existe. Más bien cámbiala por la asunción de la responsabilidad y la posibilidad de cometer errores con los que aprender y evolucionar. Las cosas pasan, y a veces hacen daño. No es necesario buscar culpables constantemente. Intenta descubrir qué aprendizaje se esconde detrás del acontecimiento en sí. A veces la desgracia puede convertirse en oportunidad. ¡Encuéntrala!
-Practica el perdón: Cultiva el perdón, sobre todo hacia las personas que consideras que han sido injustas contigo o que sientes que te han hecho daño. La venganza, el rencor y el odio se retroalimentan. Detén esta cadena. ¡Tú puedes! Además, piensa que seguramente tú también hayas sido “injusto” alguna vez con alguien. Perdonar al otro es el primer paso para que los demás nos perdonen a nosotros. Y pasa por comprender que en última instancia el otro no tiene el poder de hacernos daño emocionalmente sin nuestro consentimiento. Y es que la mejor defensa consiste en no sentirse atacado.
Centramiento
Para desidentificarse del ego le conviene centrarse y poner en práctica los rasgos más luminosos del eneatipo 2, como el amor, la generosidad, la empatía y el altruismo.

Profesiones y sectores arquetípicos
Jefes de policías, agentes secretos, militares, líderes políticos, altos directivos y boxeadores, así como el gobierno, las oligarquías, los órganos de poder, la mafia, los servicios de inteligencia y las fuerzas del Estado.

Este artículo es un extracto de mi libro “Encantado de conocerme”, publicado en enero de 2008. Borja Vilaseca

¿Qué es la madurez espiritual?

Le preguntaron a Rumi, maestro espiritual persa del siglo XIII:
¿Qué es la madurez espiritual?
1. Es cuando se deja de tratar de cambiar a los demás y nos concentramos en cambiarnos a nosotros mismos.
2. Es cuando aceptamos a las personas como son.
3. Es cuando entendemos que todos están acertados según su propia perspectiva.
4. Es cuando se aprende a “dejar ir”.
5. Es cuando se es capaz de no tener “expectativas” en una relación, y damos de nosotros mismos por el placer de dar.
6. Es cuando comprendemos que lo que hacemos, lo hacemos para nuestra propia paz.
7. Es cuando uno deja de demostrar al mundo lo inteligente que es.
8. Es cuando dejamos de buscar la aprobación de los demás.
9. Es cuando paramos de compararnos con los otros.
10. Es cuando se está en paz consigo mismo.
11. Es cuando somos capaces de distinguir entre “necesidad” y “querer” y somos capaces de dejar ir ese querer. Por último y lo más importante:
12. ¡Se gana la madurez espiritual cuando dejamos de anexar la “felicidad” a las cosas materiales!

miércoles, 29 de abril de 2020

La trampa de las supersociedades

El naturalista Sir David Attenborough compara el mortal destino de ciertas hormigas, termitas y abejas con el futuro que le espera a la humanidad si no cambia pronto de modelo económico.
Un concepto cada día más utilizado por la humanidad es la «entropía». Se trata del uso energético que una especie determinada hace sobre el medio ambiente que la sostiene. Y más concretamente, a la sobreexplotación que una sociedad realiza sobre el ecosistema en el que vive, provocando que ese medio natural sea incapaz de proveer a dicha comunidad los recursos energéticos que necesita para preservar su modelo de funcionamiento y crecimiento.
La entropía no es patrimonio exclusivo de la humanidad, sino que está presente en el seno de otras especies del reino animal. Y curiosamente, los casos más llamativos están protagonizados por los insectos, tal como se explica en el documental de la BBC Supersociedades, del científico y naturalista Sir David Attenborough.[i] Puede que nos parezcan bichitos diminutos e insignificantes, pero son la clase animal más diversa, amplia y representativa del planeta. De hecho, hay catalogados más de un millón de variedades distintas, constituyen el 90% de las formas de vida de la Tierra y se estima que por cada ser humano hay más de 200 millones de insectos.
De hecho, las abejas, las hormigas o las termitas fueron los primeros animales en colonizar el mundo. Establecieron las bases de los ecosistemas que más tarde comenzaron a poblar nuestro planeta. Y a pesar de nuestra soberbia como especie, en relación a la salud del planeta son bastante más importantes que nosotros.
Prueba de ello es que si los seres humanos nos extinguiéramos, el resto del mundo seguiría su curso con total naturalidad. El tablero de juego de la economía terminaría siendo sepultado por la maleza y nadie nos echaría de menos. Por el contrario, si los insectos desaparecieran, los ecosistemas padecerían tal desequilibrio que se colapsarían. Principalmente porque la tierra perdería su fertilidad. Las plantas no serían polinizadas. Y muchos animales –incluyendo anfibios, reptiles, pájaros y mamíferos– no tendrían nada que comer y también se extinguirían.
Si bien no sabemos qué va a suceder(nos) a lo largo de las próximas décadas, sí podemos observar detenidamente qué les está ocurriendo a algunas de estas supersociedades de insectos. Quién sabe, tal vez esta observación pueda darnos alguna clave sobre nuestro futuro como especie. Entre otros paralelismos con la raza humana, algunas comunidades de insectos experimentan un imparable crecimiento demográfico, consumiendo y agotando los recursos naturales que necesitan para su supervivencia. Este es el caso de unas hormigas carnívoras que habitan en África Central y en América del Sur, cuya supersociedad puede albergar hasta diez millones de miembros.
Debido a la voracidad con la que se relacionan con el entorno natural en el que habitan, no les queda más remedio que ser nómadas. Aunque suelen edificar su hormiguero en árboles de frondosos bosques tropicales, cada tres semanas tienen que emigrar para poder sobrevivir. Si se establecieran de forma sedentaria, sería su fin. Morirían de inanición. Así, estas hormigas cruzan el bosque en línea recta por medio de kilométricas autopistas, creando un rastro químico que sirve de guía para el resto de la colonia.
Mientras la hormiga reina se dedica a poner más de 2.500 huevos al día, su ejército trabaja incansablemente para conseguir comida con la que alimentar al resto del gigantesco regimiento. Y dado que devoran todo lo que encuentran a su paso –gusanos, arañas, saltamontes, escarabajos, ciempiés e incluso lagartijas–, enseguida agotan sus fuentes de sustento. Literalmente arrasan con la vida que existe a su alrededor.
Debido a su consumo desbocado, esta supersociedad de hormigas crece y se desarrolla de tal forma que en ocasiones –dependiendo de las condiciones climáticas– la comida escasea y mueren miles e incluso millones de miembros en cuestión de pocas semanas. Eso sí, la hormiga reina nunca deja de poner huevos y la colonia jamás se plantea una forma alternativa de funcionamiento y subsistencia. Al igual que los seres humanos, estas hormigas nacen, se desarrollan y consumen todo lo que pueden durante todo el tiempo que pueden.
LAS TERMITAS DE AUSTRALIA Y ETIOPIA
“La supervivencia de nuestra especie depende de que dejemos de ver a la naturaleza como un recurso al servicio de la humanidad”.
(Sir David Attenborough)

Otro caso parecido es el de las termitas. De todas las supersociedades existentes sobre la faz de la Tierra es la que cuenta con el nido más grande. En países como Australia y Etiopía, algunas variedades de termitas construyen termiteros de entre tres y ocho metros de altura. Es decir, que proporcionalmente son entre cuatro y nueve veces más altos que los rascacielos de Nueva York. Y eso que están hechos a base de saliva, tierra y excrementos.
Cada uno de estos termiteros está compuesto por cientos de pasadizos laberínticos. La termita reina está protegida en una cámara real subterránea. Y es tan grande que no puede moverse ni alimentarse por sí misma. Las termitas trabajadoras la limpian y la cuidan. Su única función es producir huevos y más huevos. Se calcula que fabrica unos treinta mil al día. Debido a esta superproducción de larvas, la comunidad puede albergar en un mismo termitero hasta tres millones de insectos. Y dado que la reina puede vivir más de veinte años, la expansión demográfica del termitero es del todo insostenible; llegan a convivir cien mil miembros por metro cuadrado.
Esta es la razón por la que irremediablemente llega un punto en que no caben en el termitero. Y puesto que el crecimiento de este rascacielos es limitado –sobre todo para que no se desmorone encima de la colonia–, parte de sus miembros salen al exterior y a pocos metros comienzan a construir instintivamente una nueva columna de barro donde guarecerse y seguir multiplicándose.
De la misma manera que hacemos los seres humanos, las termitas crecen cuantitativamente por pura inercia. No se preguntan para qué crecen. Simplemente lo hacen. Y cuando el termitero ya no da más de sí, empiezan uno nuevo. En esta misma línea, si los humanos seguimos creciendo demográfica, económica y materialmente al ritmo en el que lo hemos venido haciendo en el siglo pasado, a lo largo del siglo XXI vamos a necesitar entre tres y cinco planetas para obtener los recursos que necesitamos para sobrevivir como especie.[ii]
LAS ABEJAS SE AUTODESTRUYEN
“La civilización es una carrera
entre la educación y la catástrofe.”
(H. G Wells) 
Dentro del reino de los insectos, el caso más interesante lo protagoniza una especie de abejas, que literalmente termina destruyéndose a sí misma por competir en vez de cooperar. Se trata de una colonia regida por la tiranía de la reina, la cual impide que florezca el respeto y la igualdad entre el resto de sus miembros. Y es precisamente el uso abusivo de su poder lo que termina con el hundimiento de la colonia.
Todo comienza en primavera, cuando una reina busca un pequeño agujero bajo tierra donde poner sus huevos. Al poco tiempo nace una veintena de abejas hembras, que se convierten en los primeros súbditos de la reina. Bajo sus órdenes, fundan una nueva colonia. Y lo hacen construyendo un enjambre dentro del agujero. Mientras la reina descansa, las abejas trabajadoras van creando celdas hechas de cera para las nuevas generaciones.
En este punto de su evolución se produce el primer acto despótico. La reina produce una sustancia química que reprime el desarrollo sexual de sus hijas. Así es como goza del monopolio de la reproducción. Mientras, las otras abejas se dedican a vigilar y cuidar a las nuevas descendientes de la reina. Algunas salen al exterior para recolectar néctar y polen con los que alimentar a las larvas. Otras limpian el enjambre. Y todas ellas actúan como autómatas, construyendo celdas incansablemente. Así es como en cuestión de semanas la colonia ya cuenta con más de doscientos miembros, acercándose a su capacidad máxima.
Sin embargo, la reina sigue poniendo huevos. Y estos ya no contienen la sustancia química que reprime el desarrollo sexual de la colonia. Las nuevas larvas están destinadas a ser futuras reinas. Eso sí, este cambio no sólo afecta a los huevos, sino también al comportamiento del resto de abejas trabajadoras. Algunas empiezan a poner sus propios huevos. Pero este comportamiento desagrada tanto a la reina, que los destruye uno por uno. En paralelo, empieza a dar a luz a abejas macho. Y lo mismo hacen otras abejas trabajadoras. Desbordada, la reina intenta desesperadamente comerse a todos los recién nacidos que no pertenecen a su linaje. No quiere que nadie haga sombra a su descendencia.
Hacia el final del verano se produce la anarquía en el enjambre. El orden social establecido se ha colapsado. Muchas de las trabajadoras cuyas larvas han sido destruidas por la reina empiezan a atacarla. Y finalmente la matan. Con la muerte de la reina se inicia el final de la colonia. Ninguna abeja trabajadora sobrevivirá la llegada del duro invierno. Antes, por eso, las jóvenes reinas se habrán marchado del enjambre y terminarán apareándose con alguna abeja macho. Y al llegar la siguiente primavera, cada una de ellas –de forma individual– volverá a crear una nueva colonia, repitiendo este proceso de nacimiento, desarrollo y muerte.
Irónicamente, las nuevas generaciones de abejas no aprenden de los errores cometidos por sus antecesores, con lo que reproducen instintivamente el mismo proceso año tras año. En esta misma línea, la especie humana –con una larga y sangrienta historia a sus espaldas– se encuentra dividida geográfica y políticamente en naciones. Y en vez de cooperar entre sí al servicio del bien común de la humanidad, conviven en un clima de constante lucha y crispación. Tanto es así, que mientras se agotan las reservas de petróleo –que tantas guerras y muertes ha causado–, el agua va a ser el recurso natural más codiciado a lo largo del siglo XXI. Y a menos que la humanidad supere sus diferencias superficiales y aprenda a concebirse como una gran familia, el conflicto, la guerra y la destrucción van a seguir protagonizando nuestra forma de relacionarnos.
Este artículo es un capítulo de la nueva versión del libro El sinsentido común, de Borja Vilaseca.

Calistenia: entrenamiento físico consciente

Cuando empezamos a trabajarnos interiormente solemos centrarnos en cultivar la mente y el espíritu. Sin embargo, para gozar de un verdadero bienestar es fundamental ejercitar nuestro cuerpo físico.
“Cuerpo, mente y espíritu”. Esta máxima del autoconocimiento la ha escuchado todo el mundo. Sin embargo, muy pocos son los que la han comprendido. Y menos todavía los que la ponen práctica. En esencia, es una invitación para que nos trabajemos interiormente, cuidando y desarrollando los tres pilares que componen nuestra condición humana. La sanación del cuerpo nos proporciona salud y energía vital. La conquista de la mente nos da comprensión y claridad. Y la reconexión con el espíritu nos genera felicidad y plenitud.
Si ahora mismo te encuentras inmerso en un proceso de cambio y transformación personal, te animo de corazón a que consideres la posibilidad de reforzar el trabajo con tu cuerpo por medio del entrenamiento físico que detallamos en el programa que encontrarás al final de este artículo. Más que nada porque este trabajo corporal te dotará de más energía para seguir sanando tu mente y reconectando con tu espíritu, también llamado “ser” o “esencia”.
Sería maravilloso que pudieras dedicar(te) al menos 10 minutos al día –uno, dos, tres o cuatro días a la semana– para sudar y jadear, siguiendo alguno de los programas de ejercicio diseñados por el entrenador oficial del Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo, Willy Acosta. Te lo recomiendo porque yo mismo lo practico desde hace años. Y la verdad es que me aporta tantos beneficios que voy a seguir ejercitando mi cuerpo regularmente el resto de mi vida. Eso sí, por favor, no te lo creas. Verifícalo por ti mismo.
LA FELICIDAD SE ENTRENA

“Mens sana in corpore sano”
Décimo Junio Juvenal
Solemos creer equivocadamente que tenemos que hacernos socios de un gimnasio para hacer ejercicio físico. Sin embargo, no necesitamos intermediarios entre nosotros y nuestro propio cuerpo. De hecho, esto es lo que propone la “Calistenia”, un método de entrenamiento milenario que utiliza nuestro peso corporal para que podamos desarrollar nuestro físico de manera natural y orgánica.
Etimológicamente, proviene de dos palabras griegas: “kallos” (belleza) y “sthenos” (fortaleza). La finalidad de este entrenamiento consciente es convertirnos en nuestra mejor versión física. Y para lograrlo, propone realizar semanalmente una serie de ejercicios que podemos hacer fácilmente en un parque o en el salón de casa. Nuestra motivación es cultivar la salud y la energía vital que se encuentran en nuestro interior. Y nuestro compromiso es con nosotros mismos, con hacernos responsables de nuestro bienestar físico.
A partir de ahí, con una adecuada orientación y una alimentación sana, es una simple cuestión de tiempo para que los resultados empiecen a hablar por sí solos. Entre otros beneficios, el entrenamiento corporal nos dota de mayor fuerza, agilidad, resistencia y velocidad, corrigiendo a su vez nuestra postura corporal y potenciando nuestra armonía natural. También favorece la regulación emocional y la relajación mental, contribuyendo a que nos sintamos mucho mejor con nosotros mismos.
LO MÁS “DIFÍCIL” ES EMPEZAR

“Si vas a dudar de algo que sea de tus límites”
Michael Jordan
Si bien al principio cuesta ponernos en marcha, llega un momento en que se convierte en una práctica agradable, placentera e incluso adictiva, pues libera endorfinas, también llamadas “las hormonas de la felicidad”. Eso sí, antes de comenzar tu proceso de entrenamiento consciente, verifica cuál es el nivel que más te conviene para empezar. Y por favor, toma estas indicaciones como una referencia genérica, adaptando los ejercicios a tu condición física particular. En caso de hacerlos por tu cuenta, ves con mucho cuidado de no hacerte daño. Eres el único responsable de tu bienestar corporal.
En la medida en que alguno de estos programas ya no te suponga esfuerzo, no te apalanques demasiado y atrévete a pasar al siguiente nivel. Otra opción es crear tu propio entrenamiento, eligiendo los ejercicios que más te apetezca trabajar, así como el tiempo que puedes dedicarle a tu cuerpo. Al fin y al cabo, lo más importante es que hagas ejercicio físico con regularidad. Insisto: lo más “difícil” es empezar.
Borja Vilaseca

Para quién trabajamos

Hemos sido educados para ser empleados sumisos, contribuyentes pasivos y deudores hipotecados, trabajando y enriqueciendo a las grandes empresas, a las instituciones públicas y las entidades bancarias. Ha llegado el momento de empezar a trabajar para nosotros mismos al servicio del resto de ciudadanos.
Al concluir nuestra etapa académica y entrar en la edad adulta, solemos sentirnos confundidos, desorientados y perdidos. Dado que en general no sabemos quiénes verdaderamente somos ni para qué servimos, la mayoría no tenemos ni idea de qué hacer con nuestra vida profesional. Como consecuencia, el miedo y la inseguridad se apoderan de nuestra toma de decisiones. Y con la finalidad de calmar nuestra ansiedad, buscamos que Mamá Corporación, Papá Estado y el Tio Gilito de la Banca resuelvan nuestros problemas laborales y financieros. Esta es la razón por la que a día de hoy -en última instancia- todos trabajemos para las empresas, los gobiernos y los bancos.
En pleno siglo XXI todavía sigue siendo vigente el «viejo paradigma profesional» originado durante la Era Industrial. Y por «paradigma profesional» nos referimos al conjunto de creencias, valores, prioridades y aspiraciones que determinan nuestra manera de relacionamos con el trabajo, la empresa y la economía. Es decir, las necesidades, los intereses y las motivaciones que hay detrás de nuestra forma de ganar dinero. Y puesto que aquella época estuvo marcada por un modelo de contratación masiva de mano de obra sumisa y poco cualificada, en la actualidad seguimos siendo adoctrinados para tener una «mentalidad de empleado».
De hecho, la mayoría optamos por cursar estudios académicos con salidas profesionales, amoldándonos constantemente a la situación del mercado laboral. Y al creer que somos la «demanda», damos por hecho que no nos queda más remedio que enviar nuestro currículum vitae a los departamentos de selección de las empresas. Por medio de esta «búsqueda reactiva», quedamos a merced de las ofertas que pueda haber para cada uno de nosotros, siendo contratados según los parámetros establecidos por los empleadores.
En tiempos de crisis, las personas más vulnerables son las que se dedican solamente a vender su tiempo a cambio de un salario a finales de cada mes. Y es que cuanto menor es el valor añadido que aporta un trabajador, mayor es la posibilidad de ser el primero en ser despedido cada vez que su empresa decida reducir gastos. De esta manera, las compañías se convierten en dueñas de nuestro destino profesional a cambio de una falsa sensación de protección y seguridad.
También es muy propio de la Era Industrial que las empresas se hicieran cargo de sus empleados una vez concluyera su etapa laboral, proporcionándoles un plan de pensiones con el que sufragar los costes de vida durante su jubilación. La consigna de aquella época era: «Trabaja duro en el presente y así no tendrás que preocuparte de tu futuro, pues la compañía se hará cargo de ti cuando te hagas mayor y no puedas seguir trabajando». Pero este planteamiento vital ha quedado desfasado y ya no resulta válido.
EL DÍA DE LA LIBERTAD PARA EL CONTRIBUYENTE
“Una nación que intente prosperar a base de impuestos es como un hombre con los pies en un cubo tratando de levantarse tirando del asa”
Winston Churchill
A través de los impuestos, pagamos a la Administración Pública un porcentaje de lo que ganamos, de lo que ahorramos, de lo que poseemos, de lo que invertimos y de lo que gastamos. Existe un impuesto para gravar casi cada movimiento que realiza nuestro dinero. El objetivo del Ministerio de Hacienda es obtener de los ciudadanos la máxima cantidad de capital posible. Los impuestos son el precio que tenemos que pagar para vivir de forma civilizada.
La recaudación anual que realiza el Gobierno sirve para invertir en la «seguridad social», también conocida como «estado del bienestar». Es decir, todos aquellos servicios públicos ejecutados por funcionarios y creados para mejorar nuestra calidad de vida: las escuelas, los hospitales, los subsidios de desempleo, las pensiones, las residencias para ancianos, la televisión pública, las actividades culturales, las carreteras, los aeropuertos, la recogida de basura, los departamentos de policías y de bomberos, el ejército, el sistema judicial y penitenciario. Y cómo no, para sufragar mensualmente los intereses de la deuda externa acumulada por la Administración Pública.
Si no fuera por el dinero que ingresamos anualmente en las arcas del Estado, la estructura del Gobierno -así como la clase política que supuestamente nos representa- no podría existir. Sea como fuere, cada vez hay más impuestos y cada vez son más elevados. Los tributos recaudados por los gobiernos de los países más desarrollados industrialmente han pasado de representar el 8% de la renta -a principios del siglo XX- a casi la mitad a principios del siglo XXI.[i]
Esta es la razón por la que de forma reivindicativa, a lo largo del mes de mayo se celebre en todo el mundo «el Día de la Libertad para el Contribuyente». Principalmente porque la mayoría de familias trabajan para el Estado desde el 1 de enero hasta mediados de mayo, tan sólo para hacer frente al pago de sus impuestos. En 2010, los contribuyentes españoles entregamos al Estado cerca de 110.000 millones de euros por medio del pago de impuestos.[ii]
En este país, por ejemplo, uno de los más conocidos es «el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF)», que absorbe una parte de la renta obtenida durante un año por los trabajadores, tanto si disponen de contratos indefinidos, temporales o trabajan por cuenta propia como autónomos. El IRPF oscila entre el 15% y el 43%, en función de nuestro nivel de ingresos. Así, cuanto más dinero ganamos, más se va a las arcas del Estado. En el caso de empresas y demás entidades comerciales, prevalece «el Impuesto sobre Sociedades (IS)», que fluctúa entre el 20% y el 30% de los beneficios, según el volumen de facturación registrado en cada año.
Otro de los tributos públicos más destacados es «el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA)», que se aplica a todos los artículos, bienes y servicios que consumimos. El IVA oscila entre el 4% y el 21%, dependiendo de si aquello que compramos es considerado por el Estado como un «producto de primera necesidad» o -si por el contrario- se trata de «caprichos» o «lujos» que en realidad no necesitamos para sobrevivir.
HIPOTECADOS A 40 AÑOS
“La búsqueda de seguridad para evitar el riesgo es la cosa más peligrosa que podemos hacer”
ROBERT T. KIYOSAKI
La historia de los impuestos está relacionada con el nacimiento y la expansión de la Corporatocracia. Antes de que comenzara la hegemonía de este imperio, la Constitución de Estados Unidos sostenía que cualquier impuesto que gravara las rentas de los ciudadanos por parte del Gobierno era «inconstitucional». De ahí que prohibiera estos tributos. Sin embargo, en 1862 -durante la Guerra Civil-, el Estado propuso la introducción de este impuesto como «una medida excepcional para financiar la contienda bélica».[iii] Pero una vez terminada la guerra, el pueblo continuó pagando dicho impuesto.
Y no sólo eso. En 1943, el Gobierno de EEUU -desesperado por obtener capital para participar en la Segunda Guerra Mundial- aprobó una ley que le permitía coger legalmente dinero de las nóminas de los trabajadores. Esta es la razón por la que en la actualidad los impuestos sobre la renta de los empleados son retenidos por las empresas y remitidos directamente al Gobierno. Así es como el Estado recibe el dinero antes que el propio trabajador sin que éste pueda hacer nada para evitarlo.
Más allá de trabajar para las empresas (vendiendo nuestro tiempo) y para los gobiernos (abonando impuestos), también trabajamos para los bancos. Principalmente a través del pago mensual de los intereses de la deuda que debemos a las entidades bancarias que en su día nos concedieron créditos y préstamos para financiar nuestro consumo. En España, por ejemplo, más de la mitad de las familias estaban endeudadas en 2012 debido -especialmente- a la compra de su vivienda.[iv] El 83% de los hogares de este país son de propiedad, si bien muchos de ellos todavía están por pagar, con lo que de momento pertenecen al banco que les ha concedido la hipoteca.
Y este fenómeno de endeudamiento está sucediendo a escala global. En Estados Unidos, casi ocho de cada 10 familias están endeudadas con los bancos.[v] La mayoría de la gente pretende comprar cosas que en realidad no puede permitirse con dinero prestado que difícilmente podrá devolver. Así es como se convierten en siervos de quienes les conceden los préstamos. Hoy en día, una de las formas que ha tomado la esclavitud moderna se llama «hipoteca». Su traducción al inglés es «mortgage», que procede de «mortir», que significa «acuerdo hasta la muerte».
Desde un punto de vista contable, la hipoteca es un activo para el banco y un pasivo para quienes nos hipotecamos. Más que nada porque este contrato provoca que cada mes salga dinero de nuestros bolsillos para ir directamente a las arcas de la entidad financiera. Sin embargo, demasiadas personas han venido creyendo equivocadamente que la compra de una vivienda era una buena inversión. Por eso decidieron solicitar una hipoteca a 30 o 40 años para poder llegar a poseerla.
Pero mientras que el valor de una casa fluctúa en base a las leyes que rigen el mercado inmobiliario, el pago de la hipoteca es una obligación contraída para con el banco, la cual nunca cambia. Lo cierto es que muchas personas han sido lo bastante desafortunadas como para adquirirla en el momento equivocado. De ahí que algunas se hayan arruinado. Prueba de ello son los 159 desahucios que se efectúan diariamente en España.[vi] En el momento en que las familias dejan de pagar la cuota mensual definida por el banco, descubren bruscamente quien es su verdadero dueño.
Llegados a este punto, surge la gran pregunta: ¿para quién trabajamos? ¿Y a quién estamos enriqueciendo? No en vano, nuestros problemas financieros son frecuentemente el resultado de trabajar toda nuestra vida para alguien. Y es que hemos sido educados para ser empleados que enriquecen a las empresas. Para ser consumidores que enriquecen a los dueños de los negocios cuyos productos compramos. Para ser contribuyentes que enriquecen a los gobiernos. Y para ser deudores que enriquecen a los bancos. Pero nadie nos ha enseñado a trabajar para nosotros mismos.
Este artículo es un extracto del libro “Qué harías si no tuvieras miedo”, publicado por Borja Vilaseca en abril de 2012.

La muerte del currículum vitae

Ya no importa tanto qué hemos estudiado ni en qué hemos trabajado. El CV que cuenta es nuestra capacidad de ofrecer talento y la única seguridad laboral reside en nuestra habilidad de aportar valor de forma constante.
Este artículo está escrito para quienes ahora mismo se encuentran en el desempleo. Para quienes padecen de frustración e impotencia por comprobar que no hay más puestos de trabajo. Para quienes llevan tiempo sintiendo que enviar currículums se ha convertido en una pérdida de tiempo. Y en definitiva, para quienes han dejado de tener miedo a reinventarse profesionalmente porque ya no tienen nada que perder. Para todos ellos, a continuación se describe un recorrido compuesto por nueve etapas. Cada una de ellas representa un camino que el lector deberá transitar por sí mismo. Buen viaje.
1.Tomar las riendas de nuestra vida profesional. La crisis ha puesto de manifiesto la necesidad de transformación del modelo productivo que rige nuestro sistema económico. Nos ha tocado vivir el fin de la Era Industrial y el inicio de la Era del Conocimiento. Las reglas del juego laboral han cambiado y seguirán cambiando, cada vez más deprisa. Las instituciones establecidas ya no tienen la capacidad de procurar seguridad económica para los ciudadanos. Los puestos de trabajo con contrato indefinido están desapareciendo. Ha llegado la hora de hacernos cargo de nosotros mismos laboralmente. Y de realizar una función profesional útil, creativa y con sentido, que preferiblemente no pueda automatizarse y digitalizarse por medio de las nuevas tecnologías, ni tampoco externalizarse a un país en vías de desarrollo.
2.Cultivar nuestra inteligencia emocional. Estar en el desempleo es una situación laboral muy complicada de lidiar. Sin embargo, para poder iniciar un proceso de cambio es importante no dejarnos llevar por la queja, el victimismo o la culpa, pues con ello tan sólo conseguimos consumir la energía vital que necesitamos para buscar nuevas soluciones y alternativas. Es fundamental invertir tiempo en conocernos en profundidad, aprendiendo a sanar nuestra autoestima y a cultivar la confianza en nosotros mismos. En la medida que desarrollamos nuestras fortalezas internas empezamos a afrontar la adversidad de una forma más responsable, optimista y eficiente. Y a base de entrenamiento, verificamos que nuestro grado de satisfacción no tiene tanto que ver con nuestras circunstancias, sino con la actitud que tomamos frente a ellas.
3.Entrenar la inteligencia financiera. En general, las creencias sobre el dinero se pasan de generación a generación por inercia, sin darnos cuenta. Del mismo modo que no elegimos nuestro equipo de fútbol, nuestra visión laboral y financiera del mundo ha sido prefabricada; viene de serie. No nos han enseñado a resolver, por nosotros mismos, nuestros propios problemas económicos. Cultivar nuestra inteligencia financiera nos capacita para presupuestar nuestro dinero, dándonos la oportunidad de generar excedentes con los que ahorrar, invertir y no depender de préstamos o deudas. También nos muestra cómo ganar más y gastar menos, emancipándonos de las instituciones establecidas.
CAMBIAR DE MENTALIDAD
“No podemos resolver un problema desde el mismo nivel de comprensión en el que lo creamos.”
(Albert Einstein)
4.Descubrir el propósito profesional. En vez de hacer lo que se supone que tenemos que hacer (buscar salidas profesionales), es hora de encontrar nuestro verdadero propósito. Y para lograrlo, es esencial que escojamos un camino laboral que tenga sentido para nosotros. Más allá de los motivos típicos que nos mueven a trabajar (dinero, poder, seguridad, comodidad o reconocimiento) hemos de conectar con una motivación intrínseca que nos permita concebir nuestra profesión de forma más vocacional. Para ello, hemos de redefinir nuestro concepto de éxito, así como los valores que queremos que guíen nuestras decisiones y acciones. ¿Qué haríamos profesionalmente si no tuviéramos que ganar dinero? ¿A qué nos dedicaríamos si supiéramos que todo va a salir bien? ¿Qué haríamos si no tuviéramos miedo? Saber la respuesta de estas preguntas no tiene precio.
5.Decidir el rol laboral. El 85% de los profesionales españoles trabajan como “empleados”, vendiendo su tiempo a cambio de un salario a final de cada mes, formando parte de un sistema productivo que enriquece a otras personas. Pero más allá de este rol profesional, existe el de “emprendedor”. Es decir, aquel que trabaja para sí mismo como autónomo o free-lance, o bien monta un proyecto contratando a otras personas. Cada uno cuenta con una serie de ventajas y desventajas, requiere de un tipo de mentalidad específico y va acompañado de un determinado estilo de vida. De ahí que pasar de empleado a emprendedor implique un profundo cambio en la manera de relacionarse con el mercado de trabajo. Y dado que la seguridad laboral ya no existe, es cuestión de elegir entre la incertidumbre del empleado y la incertidumbre del emprendedor.
6.Hacer algo que nos apasione y que potencie nuestro talento. A pesar de haber recibido la consigna de que “no podemos ganarnos el pan haciendo lo que nos gusta”, a la hora de reinventarse es fundamental dedicarnos a una profesión que nos motive e interese de verdad. Solo así encontraremos la fuerza y la dedicación para dar lo mejor de nosotros mismos, potenciando nuestras virtudes y habilidades. Todos albergamos algún tipo de talento por descubrir y desarrollar. En esencia, el talento es la forma con la que expresamos nuestro valor. Eso sí, los dones que se necesitan para llevar a cabo las nuevas funciones profesionales no tienen nada que ver con la educación industrial o las aptitudes académicas convencionales. Más bien surgen al comprometernos con nuestro proceso de autoconocimiento y desarrollo personal. Cuanto más nos conocemos, más nos valoramos por ser quienes somos. Y cuanto más nos valoramos, más sabemos para qué servimos y cómo podemos ser útiles para la sociedad.
CREER EN UNO MISMO
“No permitas que nunca nadie te diga lo que vales. Tú eres el único capaz de saber tu propio valor.”
(Muhammad Alí)
7.Encontrar un problema social que nos motive resolver. La gente está dispuesta a pagar por productos y servicios que cubran sus necesidades y satisfagan sus aspiraciones. El reto consiste en saber qué problemas podemos resolver haciendo eso que nos gusta a través de nuestros talentos. También es importante diseñar ‘propuestas de valor’ que mejoren la calidad de vida de otras personas. A su vez, es fundamental conocer las últimas aplicaciones y herramientas digitales que podemos emplear a través de Internet, concibiendo así nuevas formas de aportar valor al mercado laboral.
8.Invertir en formaciones específicas. En este punto del camino puede resultar decisivo asistir a seminarios que nos enseñen a ‘saber cómo’ y a ‘tener con qué’ expresar nuestro talento. En este sentido, la universidad convencional parece estar dejando de ser la mejor opción. ¿Cuánto de lo que hemos estudiado nos ha sido de verdadera utilidad para desempeñar nuestro actual trabajo? La nueva formación va a estar cada vez más centrada en ofrecer cursos prácticos que nos enseñen a desarrollar habilidades que nos permitan resolver problemas concretos. La inversión más importante la hemos de hacer en nosotros mismos. Nuestra inteligencia, nuestra creatividad y nuestro talento son nuestra principal fuente de riqueza.
9.Desarrollar la marca personal. El marketing está democratizándose y personalizándose. Y cada vez va a estar más protagonizado por la “marca personal”. Una vez tenemos claro qué ofrecemos, el reto es descubrir cómo lo ofrecemos. Es decir, la manera en la que nos comunicamos y conectamos con las personas a las que pueden servir nuestros servicios. Es primordial montar una web explicando los beneficios y soluciones que aportamos, utilizando las redes sociales para darnos a conocer a nuestros potenciales clientes. Por medio de nuestra marca personal conseguimos que nuestra profesión sea un reflejo de la persona que somos, aprendiendo a ganar dinero como resultado de crear riqueza para la sociedad.
Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado domingo 20 de marzo de 2016.

Quien no se reinvente se queda fuera

Para poder prosperar en el nuevo mercado laboral hemos de cuestionar las viejas creencias con las que fuimos condicionados, cambiando la mentalidad de empleado por la actitud de emprendedor.
Ya nadie pone en duda que la sociedad está inmersa en un profundo cambio de paradigma. Somos una generación de transición entre dos eras: la industrial/analógica y la del conocimiento/digital. De ahí que para sobrevivir y prosperar no nos quede más remedio que reinventarnos, cuestionando las viejas creencias y consignas con las que fuimos condicionados. En caso de no hacerlo, pronto quedaremos obsoletos y nos quedaremos fuera del mercado laboral.
Y es que el mundo para el que fuimos educados ha dejado de existir. Las reglas del juego económico y profesional han cambiado. Dado que en general no creemos en nosotros mismos y estamos tiranizados por el miedo, lo único que vemos ahí afuera es el reflejo de nuestras propias limitaciones mentales. Sin embargo, ahora mismo existen un sinfín de oportunidades para reinventarse profesionalmente. El reto consiste en saber aprovecharlas.
El problema es que el sistema educativo industrial nos preparó para superar la prueba de la selectividad, pero no para desarrollar la autoestima, la confianza, la inteligencia, el talento y la creatividad. Y por si fuera poco, a los 18 años, en plena adolescencia y completamente perdidos en el arte de vivir, nos hicieron elegir qué carrera estudiar. A su vez, nos creímos que cursar una licenciatura nos proporcionaría un empleo seguro y estable para toda la vida.
Así fue como entramos en el mercado laboral, de forma reactiva, buscando desesperadamente firmar un contrato indefinido con alguna empresa que nos liberara de la ansiedad generada por la incertidumbre. Y de pronto nos vimos atascados en un empleo monótono, con un jefe al que detestábamos en una empresa en la que no creíamos, deseando cada lunes que llegara el viernes.
Durante años hemos dejado que nos defina un título universitario y el nombre de nuestro cargo. Principalmente porque en general seguimos perdidos: no tenemos ni idea de quiénes somos ni para qué servimos. Esta es la razón por la que ha triunfado tanto la titulitis y el credencialismo.
Al no sentirnos valiosos por lo que verdaderamente somos, necesitamos avales externos que prueben nuestra valía como profesionales. En realidad, estas certificaciones son la máscara con la que intentamos deslumbrar a los demás, ocultando nuestras auténticas carencias.
LOS ROBOTS YA ESTÁN AQUÍ
“Todo lo que pueda hacer una máquina lo acabará haciendo una máquina”
(Arthur C. Clarke)
Mientras, en el nombre del estado del bienestar, hemos ido pagando religiosamente nuestros impuestos, bajo la promesa de que las instituciones públicas se harán cargo de nuestra pensión cuando nos jubilemos. Sin embargo, el Estado está en quiebra, totalmente endeudado. Por más promesas que nos hagan los políticos, poco a poco van a ir disminuyendo las prestaciones sociales, incluyendo el subsidio por desempleo.
Las personas que están en el paro saben perfectamente que el currículum vitae ha muerto. Ahora mismo, lo único que puede abrirnos puertas es nuestro talento. Y lo único que puede darnos seguridad es nuestra capacidad de aportar valor añadido de forma constante. Ya no sirve de mucho estudiar durante cuatro años una licenciatura en las típicas instituciones educativas arcaicas y obsoletas.
Se estima que en los próximos años más de la mitad de las profesiones industriales desaparecerán. Los seres humanos seremos reemplazados por máquinas y robots. Por más que lo intentemos, no podemos competir contra la automatización, la digitalización y la inteligencia artificial.
Las nuevas tecnologías están dando lugar a innovaciones y disrupciones que van a transformar radicalmente el mercado laboral. Frente a este panorama, hemos de potenciar al máximo nuestra humanidad, procurando dedicarnos a una profesión que requiera de talento y creatividad. En caso contrario, difícilmente tendremos ingresos económicos estables.
Ha llegado la hora de que tomemos las riendas de nuestra vida laboral y económica, aprendiendo a hacernos cargo de nosotros mismos. Y esto pasa por pensar fuera de la caja, aprender a ser autodidactas e invertir en formaciones prácticas y específicas. Al fin y al cabo, nuestra remuneración va a ser directamente proporcional al conocimiento que poseamos. De ahí la importancia de volver a la universidad, pero esta vez para aprender las cosas verdaderamente importantes de la vida.
CAMBIAR DE PARADIGMA
“No podemos resolver un problema desde el mismo nivel de comprensión en el que lo creamos”
(Albert Einstein)
La nueva era emergente está redefiniendo por completo la noción que tenemos del trabajo. Hemos de dejar de verlo como un simple medio para pagar facturas y comenzarlo a concebirlo como una vocación. No en vano, fuimos condicionados para orientar nuestra existencia al propio interés, pensando, en primer lugar, en nosotros mismos. De hecho, la principal razón por la que trabajamos es para ganar dinero. En muchos casos esa es la única motivación.
Sin embargo, en la actualidad hemos de cambiar de paradigma, orientando nuestra vida al bien común. Nuestro verdadero objetivo no ha de ser ganar dinero, sino crear riqueza, atender necesidades, resolver problemas y, en definitiva, contribuir a mejorar la vida de otras personas. Es entonces cuando el dinero viene como resultado.
Por todo ello, hemos de abandonar la mentalidad de empleado (y de funcionario) para empezar a cultivar una actitud emprendedora. Es decir, dejar de esperar que otros nos digan lo que tenemos que hacer para empezar a pensar por nosotros mismos, sacándole el polvo a nuestra oxidada imaginación y creatividad. No somos la demanda, sino la oferta. Es esencial saber qué tenemos de valor para ofrecer, dándonos a conocer a través de nuestra marca personal a aquellas personas y empresas a las que podemos ayudar.
Esto no quiere decir que no podamos seguir ejerciendo el rol de empleados, o que tengamos que convertirnos en emprendedores. Lo que sí es fundamental es que cambiemos de actitud, tomando consciencia de que somos 100% co-creadores y corresponsables de nuestra realidad socio-económica.
Lo más difícil consiste en vencer de una vez por todas el miedo al cambio. Sin embargo, en estos momentos de la historia, evitar el riesgo y permanecer en nuestra zona de comodidad es lo más arriesgado que podemos hacer. Ha llegado la hora de saltar al vacío y emprender la travesía por el desierto.

Borja Vilaseca

Conócete y sé fiel a ti mismo

El cuarto paso para poder reinventarnos profesionalmente consiste en realizar un proceso de autoconocimiento e introspección para saber quiénes verdaderamente somos.
El cuarto paso para reinventarnos profesionalmente consiste en conocernos a nosotros mismos. Es decir, saber quiénes verdaderamente somos, atrevernos a ser fieles a nuestra dicha y ser consecuentes con aquello en lo que creemos. Sin embargo, al estar tan acostumbrados a poner el foco de atención en nuestras circunstancias externas -compitiendo los unos contra los otros para ganar dinero, ostentar poder y lograr éxito-, muchos hemos marginado casi por completo lo que sucede en nuestro interior.
Prueba de ello es que confundimos la auténtica felicidad con sucedáneos como el placer, la satisfacción o la euforia temporal que nos proporcionan el consumo materialista, los triunfos profesionales o el entretenimiento. De ahí la importancia de redefinir el concepto de «felicidad». Y es que la gran mentira contemporánea es que «la felicidad está afuera de nosotros mismos». Sin embargo, la felicidad no tiene nada que ver con el bien-tener, sino con el bien-estar. Es decir, con la sensación interna de estar bien con nosotros, independientemente de cómo sean nuestras circunstancias externas. La verdadera felicidad brota de forma natural al reconectar con el ser que mora en nuestros adentros.
Al estar tan alejados de nosotros mismos, la insatisfacción y el sufrimiento protagonizan actualmente el estado de ánimo de la mayoría. De ahí el aumento exponencial del consumo de antidepresivos, el cual crece en España un 15% cada año, aproximadamente. Pero más allá de estos parches con los que aliviar temporalmente los síntomas de nuestro malestar, también está creciendo al mismo ritmo la necesidad de invertir en «autoconocimiento», un proceso de introspección psicológica y espiritual centrado en lograr una verdadera curación.
En los países desarrollados materialmente esta búsqueda hacia el interior está poniéndose de moda. La industria de la autoayuda, el crecimiento personal y el coaching es un fenómeno imparable e irreversible. Y mientras, filosofías orientales ancestrales -como el Budismo, el Taoísmo, el Zen o el Yoga-están cada día más integradas en la sociedad occidental. Y eso que no tienen nada de nuevo. Hace más de 2.500 años, en el templo de Delfos -un lugar de culto de la antigua Grecia-se inscribió el aforismo más repetido a lo largo de todos los tiempos: «Conócete a ti mismo». De hecho, sabios, místicos y filósofos de todos los tiempos -como Buda, Lao Tsé, Sócrates, Jesús de Nazaret o Séneca-lo han venido proclamando en distintas partes del mundo en diferentes épocas.
A este movimiento pedagógico se le denomina «Filosofía Perenne». Es el único que ha perdurado a lo largo de toda la historia. No tiene nada que ver con instituciones religiosas ni creencias esotéricas, sino más bien con la misma experiencia transformadora que han vivido todos sus portavoces: una especie de «despertar», que nos permite dejar de vivir dormidos, trascendiendo los miedos y las limitaciones que nos mantienen esclavos. Quienes experimentan este clic evolutivo viven -a su vez-un cambio de paradigma, desprogramando su mente de la vieja visión del mundo industrial para actualizarse al nuevo paradigma, basado en el autoconocimiento y la sabiduría.
Eso es precisamente lo que promueve la «educación emocional», la cual da como resultado la «inteligencia emocional». Es decir, el proceso mental por medio del cual resolvemos nuestros problemas y conflictos emocionales. En el momento en que sabemos quiénes somos y cómo funcionamos, nuestro mundo emocional y afectivo empieza a ordenarse. Y al ser libres del mundo, empezamos a verlo tal y como es y no como fuimos condicionados para verlo. Nos convertimos entonces en «libre-pensadores». Tenemos ideas propias que nos ayudan a mejorar nuestra calidad de vida.
LA ERA DE LA CONSCIENCIA
“Quien mira hacia fuera, sueña. Quien mira hacia adentro, despierta.”
(Carl G. Jung)
Los primeros en desprogramar su mente empiezan -casi sin darse cuenta-a contagiar a algunas personas de su entorno familiar y profesional. Éstas, a su vez, contagian a algunas otras. Y así ad infinitum. Así, la Era del Conocimiento es una invitación al despertar de la humanidad. De ahí que también se la denomine la «Era de la Consciencia».
A raíz del cambio de mentalidad de esta valiente minoría, algunos de los que cambian se dedican profesionalmente a difundir y compartir el conocimiento que les ha permitido evolucionar emocional y financieramente. A este colectivo de divulgadores se les llama «info-emprendedores». Así es como se está facilitando y acelerando la adaptación de los ciudadanos a nueva era. Y llegará un día en que el autoconocimiento será considerado como un proceso normal y corriente, siendo aceptado por gran parte de la sociedad.
Metafóricamente, este proceso de introspección se asemeja mucho al de entrar en una casa que ha estado mucho tiempo abandonada, aislada del mundo exterior. Y es que la mayoría llevamos 30, 40 e incluso más de 50 años sin visitar, ordenar y limpiar nuestro propio hogar. Esta es la razón por la que nada más poner un pié dentro, nos envuelve una oscuridad amenazadora. Además, en ocasiones el interior de nuestra casa emana un olor a rancio bastante desagradable. De ahí que nuestra primera reacción sea salir de ahí a toda prisa. Tanto es así, que muchos bromean -aunque muy en serio-con que igual se encuentran con cosas demasiado feas como para querer verlas.
Sea como fuere, los valientes que decidimos adentrarnos a ciegas, poco a poco vamos notando como nuestros ojos se acostumbran a la falta de luz. Y tras dar unos cuantos pasos, finalmente localizamos el interruptor que andamos buscando, también conocido como «consciencia». Y menudo susto nos pegamos algunos cuando vemos con claridad el estado en el que se encuentra nuestra casa interior. Está sucia y desordenada. Las motas de polvo cubren los muebles desvencijados. Los cristales de las ventanas están rotos y cubiertos de mugre. Y un montón de platos enmohecidos y llenos de porquería se acumulan en el fregadero…
ILUMINAR EL LADO OSCURO
“Todo el mundo es como la luna: tiene un lado oscuro que no muestra a nadie.”
(Mark Twain)
Conocernos a nosotros mismos viene a ser el proceso de reforma integral de nuestro hogar interior. Y no es cuestión de juzgar ni de rechazar nada de lo que veamos. Se trata, más bien, de comprendernos y aceptarnos tal como somos. Y de ponernos manos a la obra, comprometiéndonos con arreglar los muebles, cambiar los cristales, fregar los platos y, en definitiva, hacer lo que haga falta para sentirnos a gusto en nuestra propia casa. Cuanto más limpio y ordenado está el lugar en el que vivimos, más fácil es de limpiarlo y de ordenarlo. Y cuanto mejor nos sentimos dentro de él, mejor se sienten los demás al estar en nuestra compañía.
Dicho de otra manera, el autoconocimiento consiste en hacer consciente nuestro «lado oscuro» o «sombra». De ahí que suela utilizarse la metáfora de la «iluminación» para referirse al proceso por medio del cual nos damos cuenta de cuáles son los miedos, inseguridades, carencias, complejos, frustraciones, miserias, traumas y heridas que venimos arrastrando a lo largo de la vida.
Por más que las obviemos y no las queramos reconocer, todas estas limitaciones nos acompañan las 24 horas al día, distorsionado nuestra manera de ver el mundo, así como la forma en la que nos posicionamos frente a nuestras circunstancias laborales y económicas. De ahí que conocernos a nosotros mismos implique comprender por qué nos pasa lo que nos pasa, sabiendo de qué manera podemos emanciparnos de todo aquello que nos coarta y empequeñece, e incorporar todo aquello que nos expande y engrandece.
En este sentido, es fundamental conocer nuestro modelo mental. Se trata del esqueleto psicológico innato que trajimos con nosotros de serie al nacer. En él se originan los pensamientos y se instalan las creencias, los valores, las prioridades y las aspiraciones que constituyen nuestra personalidad. Es como una lente a partir de la que filtramos la realidad neutra y objetiva de forma distorsionada y subjetiva.
Más allá de condicionar nuestra manera de mirar y de comprender la vida, nuestro modelo mental determina por qué somos cómo somos, así como la «piedra emocional» con la que tropezamos una y otra vez a lo largo de nuestra vida. Una de las mejores maneras de conocer nuestro modelo mental es a través del Eneagrama, una herramienta de autoconocimiento que hace una fiel radiografía del ego (lado oscuro, ignorancia, inconsciencia, victimismo, reactividad, esclavitud…) y del ser (lado luminoso, sabiduría, consciencia, responsabilidad, proactividad, libertad…) que habitan en todos nosotros.
COMPRENDER EL FUNCIONAMIENTO DE LA MENTE
“La mente lo es todo. Te conviertes en aquello en lo que crees.”
(Buda)
 El autoconocimiento no solo se centra en nuestras limitaciones, sino también en nuestras fortalezas como seres humanos. En este punto es donde comienza la segunda etapa de este apasionante proceso, en la que se trabaja el «desarrollo personal». Entre otras cuestiones, nos permite conocer y comprender el funcionamiento de nuestra mente, así como dominar y gestionar de una forma más eficiente nuestros pensamientos. En paralelo, también nos capacita para detectar, cuestionar y trascender todas aquellas creencias limitadoras, falsas o erróneas acerca de la visión que tenemos de nosotros mismos y del lugar que ocupamos en la sociedad.
Tanto es así, que uno de los principales resultados de este proceso es la sanación de nuestra autoestima y el aumento de la confianza en nosotros mismos. Y no sólo eso. También aprendemos a relajarnos y a cultivar la serenidad, convirtiendo los problemas en oportunidades para seguir creciendo, madurando y evolucionando como seres humanos. Y tarde o temprano experimentamos lo que místicos de todos los tiempos denominan «el despertar de la consciencia». Es decir, el darnos cuenta del inmenso poder que tiene nuestra mente, nuestros pensamientos y nuestras creencias a la hora de co-crear nuestra propia realidad laboral y económica.
Curiosamente, todas las personas que nos hemos adentrado en este tipo de procesos de cambio, acabamos llegando a una misma conclusión: que al cambiar la manera de ver las cosas, las cosas que vemos cambian. Es decir, que al cambiar nuestro sistema de creencias, cambia nuestra manera de ver, de comprender y de interpretar lo que nos sucede, cambiando así nuestra forma de pensar, de sentir y de interactuar con nuestras circunstancias.
A su vez, es importante señalar que este aprendizaje no se produce de forma lineal, sino más bien en espiral. A veces hemos de dar dos pasos hacia atrás -o incluso tropezarnos-para retomar nuestro auténtico camino, dando tres pasos hacia adelante. Si nos responsabilizamos por aprender acerca de lo que nos sucede, finalmente comprendemos que no hay mejor maestro que la vida ni mayor escuela de aprendizaje que nuestras propias circunstancias.
Si quieres saber cuáles son el resto de pasos, para reinventarte profesionalemente, lee los siguientes artículos:
Este artículo corresponde a un capítulo del libro “Qué harías si no tuvieras miedo”.
Borja Vilaseca