jueves, 30 de septiembre de 2021

Hay personas sensibles y personas insensibles.

 Hay personas sensibles y personas insensibles.

Las personas saludables tienen una sensibilidad saludable.
Ohsawa lo describió magistralmente cuando dijo: una gota de tinta enseguida se nota en el agua limpia.
Una persona saludable toma unos sorbos de aguardiente y enseguida nota el efecto, pero un alcohólico necesita muchos sorbos antes de sentir el efecto de la droga.
Las personas saludables, tienen una intuición aguda y rechazan los fármacos y las vacunas.
Sienten que estos productos ofenden al templo sagrado.
Pero las personas insensibles están tan yanguizadas de proteína animal que no perciben estos efectos y pueden olímpicamente tomar su medicación para la tensión durante toda la vida.
Las personas insensibles se basan en argumentos lógicos: si hay suficientes pruebas científicas de que el extracto del ojo de la oveja es una buena fuente de grasas omega 3 no dudará en consumirlo.
Y si la última vacuna fue probada y comprobada por un número suficiente de estudios, irá pronto a darse la o las dosis que sugiere el organismo competente.
La persona sensible es más yin, menos embrutecida debido a que cuida las proporciones de alimentos vegetales y animales.
Entonces no necesita depender de la opinión de expertos o de hospitales.
Su intuición le grita con claridad ...no!!!! por favor no te inyectes o no te hagas radioterapia....
Las personas que son originariamente de climas fríos tienen una larga tradición de gran consumo de carnes, embutidos y animales de granja.
Son fuertes debido a su clima riguroso y a las labores en el campo.
Esa ventaja genética dura varias generaciones.
Y esas personas continúan la tradición de sus climas originales tomando dietas de alta proteína.
Y cuando ejercen la medicina o trabajan en el diseño de políticas de salud, proyectan su insensibilidad en sus recomendaciones.
Y no sólo que creen en las medicinas químicas, sino que las recomiendan e incluso tienen el coraje de hacerlas obligatorias en nombre de la prevención.
Y por eso la sabiduría infinita que Ohsawa llamaba el "instinto-intuición", sabe más que todos los premios Nobel de la historia del mundo.
La alimentación saludable nos vuelve sensibles y nos permite percibir el peligro.
Pero los insensibles no lo perciben y aguardan el veredicto de los científicos para tomar su decisión.
Y una vez que la toman prefieren morir antes que reconocer que tomaron la decisión incorrecta.
Ese es el destino de los amantes de la dietas de alta proteína.
Al final yin vence a yang; la tortuga gana la carrera a la liebre.

-Martín Macedo-

"Se necesita mucha disciplina para llevar una dieta saludable".

 "Se necesita mucha disciplina para llevar una dieta saludable".

Esto es lo que cree una excelente profesional que tiene un gran éxito como estilista desde hace muchos años.
A la hora de tomar sus comidas compra un alfajor en el kiosko o algo económico y rico, fácil de comer en 15 minutos.
Entonces yo le expliqué que a la larga estos hábitos le traerán profundos daños en su organismo.
Y la respuesta fue....."se necesita mucha disciplina para llevar una dieta saludable".....
Y yo le dije...no se necesita ninguna disciplina.
Solo se necesita tomar la decisión.
Tampoco se necesita fuerza de voluntad.
Solo se necesita tomar la decisión.
Entonces es posible...pero sin decisión no ocurre nada.
Podrás tener toda la voluntad del mundo.
Toda la disciplina del mundo.
Podrás ser un sargento de infantería.
Pero si el sargento no toma la decisión seguirá comiendo chatarra hasta que tome la decisión.
La mente es muy astuta....como no quiere renunciar a sus gratificaciones sensorias (segundo nivel de juicio) inventa argumentos inteligentes como el tema de la falta de disciplina o la falta de tiempo o la falta de dinero.
Entonces siguen consumiendo su sandwich de queso, su bollería, sus helados, sus yogures.
Por ahora sigo así....porque no tengo ni paciencia, no me gusta cocinar, no tengo disciplina, no tengo tiempo porque estoy separada y soy madre soltera.
Y así se pasa la vida....los años vuelan y los hábitos tóxicos se perpetúan.....día tras día hasta que finalmente la capacidad de resistencia orgánica llega a su límite y llega una enfermedad grave.
Entonces habrá que cambiar la dieta, tomar las clases de yoga y hacer todo aquello que deberíamos haber empezado 20 años antes.
Y así, como decía Ohsawa...la enfermedad es la forma más eficaz que la inteligencia infinita tiene para que cambiemos.....porque mientras no esté...seguimos dejando para más adelante...hasta que colapsen los sistemas orgánicos.
Ese el gran problema con los bajos juicios....porque se resisten al despertar de la sabiduría.

-Martín Macedo-

martes, 28 de septiembre de 2021

Hemos venido a recordar.

 Hemos venido a recordar.

Quiénes somos.
Se trata de un juego.
El juego más grandioso y emocionante.
Un juego tan magnífico.
Que volvemos a jugarlo una y otra vez durante toda la eternidad.
Es imposible aburrirse en un juego así.
Lo estamos jugando ahora mismo.
Todos nosotros.
Los sanos y los enfermos, los ricos y los pobres, los débiles y los fuertes.
La inteligencia infinita está en todos los átomos del universo.
En todos los pensamientos de la gran mente universal.
Entonces lo infinito desea experimentar lo finito.
Lo más grande desea explorar la pequeñez más absoluta.
Y se convierte en una roca, una bacteria o un pez.
Pero la verdadera diversión está en convertirse en humano.
Porque el pez o la roca todavía no tienen plena conciencia de su individualidad.
No hay un ego bien constituido.
Y así lo infinito experimenta lo finito en forma de ser humano.
Y el ego garantiza el olvido.
El humano experimenta la limitación, la carencia, la pequeñez, el miedo, la enfermedad, el dolor y la debilidad más paralizante.
Se trata del drama de la vida.
Que no sería posible sin la invaluable ayuda del ego.
El guardián de la ilusión.
Sin el ego y su gran poder, el juego no sería posible.
Sólo en la Tierra hay 7.000 millones de egos.
En cada uno de ellos la gran inteligencia experimenta todo tipo de historias dramáticas.
Pero este olvido no es eterno.
Dura algunos miles de años.
Hasta que los hombres y mujeres comienzan a recordar.
Que somos infinitos.
Que somos magníficos.
Que somos amados por el poder supremo.
Y protegidos por Él.
Entonces el ego se disuelve.
Ya hizo su magnífico trabajo.
Y se retira.
Y en la medida que contemplamos nuestra grandeza sin límites.
Más grandes son nuestras vidas, nuestros pensamientos y nuestras acciones.
Y nuestras contribuciones al mundo.
Serán tanto mayores en la medida que seamos capaces de asumir nuestra dimensión infinita.
En la medida que seamos capaces de manifestar la salud absoluta.
Donde no existe el miedo, ni la fatiga ni la falta de recursos.
Porque lo infinito lo contiene todo.
Porque ha recordado.
Lo que vino a recordar.

-Martín Macedo-

lunes, 27 de septiembre de 2021

Todo lo que vemos tiene un equivalente mental

 Emmet Fox fue un gran sabio que enseñó sobre el equivalente mental.

Todo lo que vemos tiene un equivalente mental.
Es como la sombra de las cosas densas.
Toda cosa tiene una sombra y donde va la cosa va su sombra.
La parte que se ve es yang; la parte que no se ve es yin.
Esa parte es el equivalente mental.
Esto es muy importante, porque podemos modificar la cosa que no queremos modificando el equivalente mental.
No es fácil cambiar las cosas cuando ya están densas, constituidas.
Pero el equivalente mental es muy plástico, y se puede cambiar inmediatamente.
Así hay un equivalente mental para cada enfermedad.
Si sólo actúo químicamente sobre la enfermedad sin actuar sobre el equivalente mental, estoy actuando sobre los efectos y no sobre las causas.
Como cuando el cirujano saca la vesícula biliar porque tiene cálculos sin educar al enfermo.
La hipertensión tiene un equivalente mental.
La fibromialgia tiene un equivalente mental.
Tengo una amiga que ha practicado macrobiótica durante casi medio siglo.
Se niega a tomar agua de mar porque le sube la tensión.
Le tiene mucho respeto a la sal marina porque ella cree que le sube la tensión.
No comprende que una persona que ha practicado macrobiótica durante 50 años no puede tener hipertensión.
Por mucha sal que tome.
Pero ella le tiene miedo a la sal.
Ese es el equivalente mental de su tensión alta.
Su infundada creencia de que no tolera el sodio.
También cree que desarrolló un carcinoma de piel en la frente por tomar sol.
La operaron y desde ese momento evita el sol y tiene baja la vitamina D.
Le recomendé tomar un poco de sol al atardecer.
Pero se niega porque le teme al sol.
No comprende que quien ha practicado macrobiótica durante medio siglo muy concienzudamente no puede tener un cáncer de ningún tipo.
Pero le dijeron que la mancha que le quitaron era un carcinoma y a partir de ahí cree que el cáncer lo causó el sol.
Y no hay quien la convenza de lo contrario.
Sus enfermedades sólo se sostienen debido a sus equivalentes mentales que ella se niega a cambiar.
Es incurable; podrá seguir comiendo saludable durante otros 50 años que no curará.
Porque su equivalente mental sigue enviando información a su cuerpo, y éste sólo traduce el contenido de ese equivalente mental.
Por esa razón debemos comprender claramente que la salud infinita no es un tema de comidas o clases de cocina.
Sino de una transformación del pensamiento.
El pensamiento de la salud infinita, la intención de la salud infinita, y la voluntad absoluta de manifestarla.

-Martín Macedo-

jueves, 23 de septiembre de 2021

El cuerpo y la mente no se pueden separar

 Cuando la mente se cierra, se cierra.

Cuando la mente se abre, se abre.
El cuerpo y la mente no se pueden separar.
Porque yin y yang no se pueden separar.
La realidad es yin y yang; y quienes no se interesan en estos estudios andarán a tientas en la oscuridad intentando hallar la salud, la felicidad y la libertad.
Todos concluyen que es muy difícil alcanzar la salud, la felicidad y la libertad.
Sin embargo este era el punto de partida de los estudios en la escuela del maestro Georges Ohsawa.
"Vamos a encarar estas cuestiones difíciles, desde el principio y con todas nuestras fuerzas"...decía Ohsawa a sus estudiantes.
Nuestra mente es todopoderosa, puede crear cualquier cosa.
Pero cuando este poder se contrae, la mente se cierra y no puede ver el infinito.
Para comprender el infinito la mente debe estar abierta y receptiva.
Por esa razón los sabios de oriente siempre enseñaron que los derivados animales se debían consumir en pequeñas cantidades.
Ellos sabían que un poco de yang animal puede darle mucha fuerza al cuerpo y a la mente.
Pero si se toma en cantidad, la contracción será muy fuerte y la mente se cerrará y permanecerá así durante toda la vida.
Una mente cerrada sólo puede y quiere comprender el mundo concreto , físico, evidente.
El pensamiento científico es así; se basa en evidencias y fuera de las evidencias no hay nada.
La ciencia médica no puede ver más allá de las evidencias físicas o de los estudios de imágenes.
Sus logros son maravillosos pero siempre dentro de la estrechez del mundo material evidente.
Los médicos vegetarianos se salen del sistema, no lo soportan, porque sus mentes están abiertas.
Ya que el vegetarianismo abre la mente, al ser yin.
Una mente cerrada firmemente, por mucho que luche no podrá ver el infinito ni entender el Orden del Universo.
Para ser maestros de este Orden debemos ser yin.
Porque la sabiduría infinita no puede ser captada por una mente cerrada por una nutrición yang.
Hay dos niveles de realidad; la realidad yin y la realidad yang.
Y no se pueden separar.
Ambas son reales, ambas existen simultáneamente.
La realidad yin es la realidad que imaginamos.
La realidad yang es la realidad creada con las manos con los materiales de este mundo.
Pero no se pueden separar.
Y por esa razón si no se consigue estabilizar la imagen de lo que deseamos, no podrá manifestarse.
Ante todo abrir la mente con una nutrición yin.
Ante todo comprender que debemos definir claramente el cuadro que queremos traer al mundo físico.
Vamos a crear el cuadro más bello, más hermoso, más sublime.
No vamos a conformarnos con menos.
En el infinito todo está permitido; podemos ser reyes allí.
Y reinas.
Podemos traer al Rey o a la Reina y ponerlos a caminar por el mundo.
Y las mentes estrechas preguntarán: ¿cómo lo hizo?
Y tratarán de robar el secreto, porque todos desean la felicidad.
Pero sus mentes cerradas no podrán explorar el mundo infinito ni sembrar allí las semillas de la salud infinita.
Porque están inclinados a creer que la salud se consigue comprando algo, tomando algo, haciendo algo.
Y así los maestros del marketing explotan esa debilidad de las mentes estrechas que se apresuran a comprar la próxima píldora de la salud infinita.

        Martín Macedo-

martes, 21 de septiembre de 2021

Los alimentos saludables

 La ciudad de Montevideo tiene un millón de habitantes.

Pero Buenos Aires tiene quince millones.
San Pablo tiene doce millones.
Estas ciudades, tanto las pequeñas como las gigantes necesitan un abastecimiento para vivir y crecer.
Necesitan agua potable, transportes, alimentos, energía eléctrica.
Si se acaba el agua potable y no se repone durante dos o tres meses, los habitantes huirán hacia otras zonas y se convertirá en un pueblo fantasma.
Sin alimentos durante algunas pocas semanas ninguna ciudad grande o pequeña podría desarrollar actividades, ni deportes, ni actividades artísticas ni funcionar ningún centro comercial.
Sería la muerte de esa ciudad.
Para que la vida llegue a todos sus habitantes, se necesitan caminos, carreteras, vías férreas.
Así son los tumores; da igual que sea un tumor chico o un tumor gigantesco.
Sin agua, sin glucosa, sin riego sanguíneo, sin vasos sanguíneos que le lleven la "vida", pronto sus células por muy agresivas que sean entrarán en un receso.
No importa el tipo de célula, no importa si tiene o no ganglios centinelas, no importa el origen del tumor primario.
Su agresividad se acaba si se acaba la comida.
Porque sin comida no hay energía, y sin energía no hay agresividad, ni multiplicación, ni crecimiento.
Deja de darle alimento a un perro agresivo durante una o dos semanas y el pobre animal quedará dócil y silencioso.
Un tumor sin alimento se convierte en un fósil, como una gran ciudad cuyos habitantes abandonaron a toda prisa sus hogares.
Aún se podrá palpar, aún saldrá en los estudios radiológicos...pero será una estructura sin vida, sin actividad.
Es el fin del cáncer.
Las células malignas necesitan un gran suministro de glucosa, constante, 24 hs los 365 días del año.
Entonces el ayuno frena del todo la actividad tumoral.
La frena en 3 días.
Pero se puede continuar alimentando a las células saludables con alimentos de lenta absorción de glucosa.
El ayuno se debe hacer de aquellos productos que la suministran a gran velocidad y en grandes cantidades.
Los alimentos saludables son así.
Basta ser estrictos en este sentido: sólo me nutro con alimentos saludables.
Así lo hacen los animales silvestres, dotados de un fuerte instinto.
Así lo hacían nuestros antepasados antes de la era industrial.
Entonces las enfermedades se originan en una única causa.
En confundir el alimento amigo de la vida, con el alimento enemigo.
La publicidad e incluso la publicidad científica alimenta esta confusión.
Hay mucha información pero poca sabiduría.
Cuando falta la sabiduría la gente elige según el sabor, según el color, según su sistema de creencias.
Las grandes ciudades, al igual que los grandes tumores, no necesitan un ataque con bombas nucleares para frenar su impulso.
Basta cortar con el suministro durante algunas semanas.
Pero si fabrico armas las tengo que vender.
Y para que me las compren necesito crear una guerra.
La guerra contra las enfermedades.
Y héroes a quien dar el premio Nobel.

-Martín Macedo-

sábado, 18 de septiembre de 2021

Pandemia y Neoimperialismo del Ego

 

Pandemia y Neoimperialismo del Ego es la nueva columna de opinión de Rafael Suárez. Aquí nos brinda un análisis sobre la nueva forma de dominación que desnudó la actual pandemia y donde cada uno de nosotros se convierte en arma mortal.

A lo largo de la Historia, desde que surgió la propiedad privada con la agricultura y la ganadería y se fueron marcando los límites territoriales, se vivió en un enfrentamiento constante por la disputa de los recursos más preciados. En la actualidad estamos viendo que ese mismo propósito se mantiene pero el formato de dominio es nuevo. Cada uno de nosotros, sin saberlo, se convierte en soldado de un ejército sin patria y que persigue la supuesta seguridad de los individuos. La situación sanitaria está dejando a este formato al desnudo. La Pandemia y el Neoimperialismo del Ego nos colocan en un espacio vacío entre el yo y el resto, entre mi seguridad y la humanidad.

Nos volvemos francotiradores de un sistema que nos aliena en la falsa promesa de la salud custodiada, en base a una libertad que debe ser responsable y por lo tanto insatisfecha. En este nuevo recorrido de dominio hay claros vencedores y es cada vez más evidente que son unos pocos.

Hoy nos encontramos con un nuevo tipo de Imperialismo, donde la palanca no son los Estados sino las propias empresas y sus apoyos de las organizaciones internacionales.

Un imperialismo que no recurre a los conceptos de patria y nación, al orgullo y a la gloria de un país como sí hacía en el pasado. El nuevo imperialismo recurre a la concentración de riqueza en base a la gestión de nuestros miedos e insatisfacciones; transformándonos en sus soldados protectores aunque no lo sepamos o no tengamos ni idea.

Hagamos un breve recorrido del formato del imperialismo tradicional

Julio César venciendo a los Galos en Alesia

Perdonen mi condición de profesor, pero el trayecto que deseo presentar está muy ligado a lo que enseñamos en las aulas desde primero liceo hasta cuarto y por eso voy a aprovecharlo.

Alguno de los grandes temas en primer año tiene que ver con la colonización griega o la expansión romana. A todos nos queda claro que existió una disputa territorial debido a la necesidad de multiplicar los recursos.

Roma formó un imperio gigante debido a su ejército. La clase alta romana, la aristocracia, se apropió de nuevas tierras con mano de obra esclava y multiplicó su riqueza. Roma justificaba la invasión territorial al honor de la República primero, y luego a la grandeza del Imperio.

La forma de dominio y sometimiento fue clara: impuestos, presencia militar y alianzas con determinados sectores (clientela) de los territorios controlados.

Así, en ese período histórico cuando una potencia conquista un territorio y explota sus recursos entra en juego el control económico y militar, justificado en la grandeza, y generando una alianza que beneficie a algunos dentro de los pueblos sometidos.

Conquista de América por parte de los europeos

Uno de los temas centrales de segundo año de liceo tiene que ver con la conquista de América por parte de los europeos.

Allí el formato de dominación es bastante similar al anterior, aunque tiene sus variantes importantes. Los españoles llegaron y conquistaron a territorios enteros. El objetivo principal en un inicio era conseguir la mayor cantidad de oro y plata posible y posteriormente acceder a los recursos naturales generados por la agricultura y la ganadería. El pretexto para el exterminio y el dominio de millones de indígenas fue religioso. «Había que civilizar a los pueblos bárbaros con la fe cristiana». Mientras los españoles intentaban hacer conocer la Biblia a los nativos, los barcos partían de América hacia Europa llenos de metales, alimentos y variedad infinita de artículos.

En un principio, como vimos con Hernán Cortés al conquistar a los aztecas, también se generaron alianzas con pueblos rivales, pero luego los pactos se fueron diluyendo en la medida que se profundizaba con el control territorial y el alma india era domesticada en la fe de Cristo.

El imperialismo del siglo XIX

En tercero de liceo uno de los temas claves, aparte de la Revolución Industrial, es el Imperialismo.

El imperialismo de los siglos XIX y XX fue la expansión de las clases altas nacionales utilizando a los Estados como vehículos.

Los dueños de las industrias europeas presionaron a sus Estados para expandir sus territorios en África, Asia y Oceanía a los efectos de obtener materia prima y mano de obra barata, así como mercados para colocar sus productos manufacturados.

“Somos la primera raza en el mundo, y cuanto más espacio en el mundo ocupemos, mejor para la raza humana”, decía el británico Cecil Rhodes, quien se convirtiera en uno de los hombres más ricos de Inglaterra por los diamantes africanos.

Tenemos que encontrar nuevas tierras a partir de las cuales podamos obtener fácilmente materias primas y al mismo tiempo explotar la mano de obra barata que suponen los nativos de las colonias. Las colonias también proporcionarían una salida para los bienes excedentarios producidos en nuestras fábricas.

Cecil Rhodes

Los intereses estaban claros y no se ocultaban. ¿Y en esta oportunidad cuál era el justificativo?

«Mi principal objetivo en la vida es ser útil a mi país. Si Dios tiene un Plan, hay que saber primero cuál es la raza que Dios ha escogido como Divino instrumento para su Plan. Incuestionablemente, esa raza es la blanca. Dentro de la raza blanca, el hombre angloparlante, sea británico, americano, australiano o surafricano, ha demostrado ser el mejor instrumento del Plan Divino para desarrollar la Justicia, la Libertad y la Paz en la más amplia extensión posible del planeta. Por eso, yo dedicaré el resto de mi vida a los propósitos de Dios y le ayudaré a lograr que el mundo sea inglés».

Cecil Rhodes

La combinación de la gloria de la patria y el interés económico transformó el mapa político mundial en pocos años e hizo desaparecer culturas y costumbres enteras, como sucedió antes con los españoles y con los mismos romanos.

Debido a la vastedad de los territorios conquistados por los franceses, los ingleses, los alemanes, los holandeses y los belgas, en muchos casos se generaron alianzas con los sectores altos de las colonias, de lo contrario el control total hubiera sido imposibilitado.

Las disputas por los recursos por parte de las potencias llevaron inevitablemente a la Primera Guerra Mundial. Al no existir más territorios para someter las potencias lucharon entre sí para la obtención de los recursos. Los soldados franceses, alemanes e ingleses fueron a pelear por el «honor y la gloria de la patria«, pero en el fondo los móviles eran totalmente económicos.

Luego de las guerras mundiales las potencias europeas se vieron totalmente debilitadas y dieron paso a un mundo bipolar. Estados Unidos y la Unión Soviética se disputaron la hegemonía del mundo y sus recursos. Ambos intentaron expandirse y lo hicieron, ya sea en un plano económico como también de control ideológico.

En ambos casos la justificación fue evitar el avance de su oponente. La URSS peleaba por la igualdad en contra del capitalismo y Estados Unidos por la libertad en contra del comunismo. De esta manera, existiendo el pretexto, generaron alianzas con estados afines. Así se crean la OTAN y el Pacto de Varsovia, por ejemplo.

Pero la caída de la Unión Soviética y el fin del mundo bipolar generó una nueva alineación de los grupos económicos y sus intereses.

A nivel planetario las clases altas nacionales, esas mismas que utilizaban a los estados para multiplicar sus riquezas, están siendo desplazadas por un nuevo poder basado en los recursos financieros y tecnológicos.

El sistema financiero global comienza a tomar una fuerza inagotable y de alguna manera se planta la semilla de una nueva clase alta. Una clase alta sin patria, sin nación, que tiene como objetivo acumular mayor cantidad de riquezas sin importar el país donde radica. Es una entidad que cobra conciencia de sí misma y opera a través de bancos, industrias y empresas tecnológicas.

Estas corporaciones transnacionales cuentan con un aliado increíble con el surgimiento de internet. Ya pueden operar online y mover miles de millones de dólares sin trasladar dinero físico. El mundo se volvió una presa más jugosa para sus intereses, navegan a sus anchas.

Lo hacen cada vez mejor y ya no necesitan de los estados para expandirse. De hecho los estados representan un obstáculo que habrá que disolver tarde o temprano. Por eso desde sus fundaciones, empresas y corporaciones apoyan a diferentes organismos internacionales, como la OMS o el FMI, reclamando la reducción de aranceles y cupos.

Estamos en presencia de un nuevo imperialismo. Un imperialismo que no recurre a los conceptos de patria y nación, al orgullo y a la gloria de un país. Ahora recurre a un nuevo concepto: la satisfacción personal.

Zigmunt Bauman

Pandemia y Neoimperialismo del Ego

En Roma la justificación de la conquista fue la gloria y la grandeza, en el siglo XIX la civilización de los pueblos inferiores. Siempre se hallaba como argumento a un bien mayor. En la Guerra Fría lo fueron la libertad y la igualdad.

Hoy la justificación es la seguridad y la salud. Hoy el bien mayor es cada individuo, convocándolo a ser parte de esta nueva ingeniería social. En un mundo narcisista, se instala el discurso de la seguridad del ego, el cual corre peligro y por lo tanto el individuo se vuelve cómplice del control de si mismo y, también, agente policíaco de los demás, evangelizador de la salud («vacunate», «tenemos que vacunarnos todos porque estamos en peligro de muerte»).

Este nuevo imperialismo es un logro descomunal, ya que coloca al ego en el centro de toda existencia, y así se mantendrá porque nunca estará satisfecho de su propia seguridad y salud y demandará más, aceptando restricciones a su propia libertad si es necesario (pase verdequedate en casa).

La pandemia está dejando al desnudo la nueva forma de dominación de la nueva clase alta corporativa, sin ejército visible y sin gloria ni poder para las naciones que cada vez se debilitan más. Apoyada por los organismos internacionales, como la OMS, la nueva clase alta ejerce un dominio global sin precedentes, donde obtiene beneficios económicos extremadamente dinámicos, no solo en la venta de vacunas y test, sino en el empoderamiento de las empresas tecnológicas en todos los niveles (pensemos en Amazon, Microsoft, etc).

Pero la ausencia de los «ejércitos nacionales» que antes eran la clave del control territorial, ahora es ocupada por millones de francotiradores. Somos nosotros mismos los que perpetuamos este formato de dominio basado en el horror del ego a desaparecer.

Cada tres segundos muere un niño en el mundo por falta de alimento o medicamento. Pero en ese caso el mundo no para y la mayoría de nosotros ni siquiera se preocupa ni sensibiliza por lo que está sucediendo. El ego no enciende las alarmas, sigue su recorrido intentando satisfacer sus deseos en un sistema que le ofrece infinidad de propuestas, así aparecen selfies con ropas nuevas, reuniones y comportamientos divertidos. No se escuchan frases como «no seas egoísta y ayudá a salvar a los demás». Es que en nuestra cultura del ego los demás no importan, importa mi horror a dejar de existir, importa mi miedo a dejar de ser.

Pero cuando creo que mi existencia corre riesgo, cuando las alarmas del ego se encienden, cuando el miedo penetró mi ser y manifestó la posibilidad de dejar de estar, allí sí aparecen las frases «vacunate para ayudar a todos», «sé solidario y vacunate», «no seas egoísta y ponete el tapabocas».

El ego se convierte en un francotirador letal, porque para seguir existiendo necesita sentirse observado en su protección individual y, demás está decirlo, en exigir la protección del otro. De esta manera me convierto en policía de mí mismo y en policía de los demás. Así vemos la constante difusión de selfies de personas vacunándose contra el covid, dejando en claro su afán de sentirse a cubierto ante un virus que lo puede hacer desaparecer. Los niños muertos por hambre o por falta de medicamentos no generan selfies; allí la alarma no está encendida. ¿Cómo se va a encender por algo tan lejano? Pero si me subo a un ómnibus y a mi lado se sienta una persona sin tapabocas, todo cambia; el ritual de desinterés y desapego se transforma en un combate de vida o muerte ante mi seguridad amenazada. Todos los justificativos morales se convierten en armas que salen de mi boca o de mis ojos o de mis gestos corporales. Ante la amenaza de mi existencia despliego todo mi arsenal de supervivencia, me he transformado en el mismo soldado que me mantiene prisionero de mi miedo, en el mismo soldado que me aleja de la comunión humana, en el mismo soldado que me aparta de la libertad y me encierra en la «libertad responsable«.

El ego, ese mismo que siente miedo a dejar de existir, desarrolla la estrategia del aislamiento para generar una sensación de seguridad. Y para ello existen en el mundo una gran variedad de ofertas tecnológicas que permiten mantener distancia y satisfacerme. Esas ofertas tecnológicas están en manos de las grandes corporaciones transnacionales que han logrado imponer un nuevo formato de dominio y sometimiento basado en el ego y en su miedo primario a desaparecer.

De este modo, la percepción alcanza para subsistir en estrés constante. Cada año mueren en el mundo 60 millones de personas y nunca encendimos las alarmas. En casi dos años el coronavirus provocó la muerte de 5 millones de personas y estamos en pánico. El 99.96 % de los habitantes del mundo sigue vivo a pesar de la «pandemia más atroz de la historia», pero cada vez más aislados y distanciados de una humanidad vivida como amenaza. Así nos refugiamos en el consumo cibernético, compramos a distancia gracias a las nuevas tecnologías, miramos Netflix en la madrugada, hasta tenemos relaciones sexuales virtuales con tal de no correr riesgos y no vemos a nuestros abuelos ni nos abrazamos. Nos refugiamos en las tecnologías y hacemos prevalecer nuestra seguridad antes que la completa libertad. Comenzamos a justificar la existencia de controles más rigurosos y restricciones interminables. El miedo nos lleva a confiar en autoridades sanitarias que colocan a vacunas experimentales como la salvación de la humanidad a 14 dólares cada inoculación y a 25 dólares cada PCR.

Comenzamos a aceptar lo que el filósofo Byung-Chul Han viene llamando policía digital. Para él “ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”, porque en el nuevo sistema de dominio uno se reprime a si mismo con tal de sentirse seguro, el ego necesita seguridad de existencia y ve al resto como amenaza. Es “la alienación de uno mismo”, producimos desde el trabajo para satisfacernos desde el aislamiento.

Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”

Byung-Chul Han

Antes, en el viejo imperialismo, los individuos perdían su soberanía debido a la expansión de los estados. La verticalidad se volvía omnipresente en el dominio de una nación a otra. El individuo era aplastado por una fuerza exterior que caía como un mazazo sobre él.

Sin embargo en la actualidad uno entrega su soberanía bajo el pretexto de la seguridad, intrigando contra sí mismo por miedo a no existir. Es el camino del autocontrol, donde asimilamos el miedo y la inseguridad nos lleva a despojarnos de nuestra propia libertad, sustituida ahora por la satisfacción otorgada por los bienes y servicios de consumo.

La libertad está siendo reemplazada por el entretenimiento debido al miedo interior a dejar de existir proyectado en un virus mortal. Así, nos refugiamos en la nada, porque en la insatisfacción constante solamente hay vacío, un vacío que no puede ser llenado desde el miedo y la inseguridad. De esta manera una clase alta corporativa aumenta cada vez más su riqueza y ejerce su influencia con mayor fuerza en cada rincón del planeta, mientras cada uno de nosotros se arrincona en selfies, compras digitales y vacunas experimentales.

La Pandemia y el Neoimperialismo del Ego están mostrando sus verdaderas intenciones, cada vez se ocultan menos. Tomando en cuenta la vieja estructura imperial nuestro José Enrique Rodó escribía que «el trabajador aislado es el instrumento de fines ajenos: el trabajador asociado es dueño y señor de su destino». Con el nuevo formato de dominio es evidente que el concepto en la frase de Rodó sigue extremadamente vigente: una persona aislada es el instrumento de fines ajenos: un ser humano con consciencia de su humanidad será dueño y señor de su destino.

Profesor Rafael Suárez