viernes, 30 de enero de 2026

Alimento yang (material) y un alimento yin (espiritual).

 A veces esperamos demasiado de la alimentación; a veces incluso esperamos todo de la alimentación; la salud, la felicidad, la libertad, la justicia y sobre todo una vitalidad fantástica que no disminuya con el paso del tiempo.

Nos ocurre o nos ocurrió en algún momento a los que hemos sido expuestos a la filosofía de Georges Ohsawa, un maravilloso maestro con un entusiasmo arrollador que en su afán de lograr muchos practicantes en todo el mundo nos convenció de que el alimento condiciona y determina lo mejor o lo peor de la vida.
Ohsawa era un hombre con poca paciencia; quería resultados rápidos y quería cambiar el mundo hacia un mundo saludable nutrido según el Orden del Universo.
Pero la experiencia nos fue mostrando que no es tan fácil ni tan rápido, ya que el simple cambio de alimento físico no basta para crear un ser humano ideal, sano, feliz, generoso, valiente y que persiga grandes y nobles ideales.
Hay un alimento yang (material) y un alimento yin (espiritual).
Este alimento yin es incluso más poderoso que el alimento yang, porque nuestras células están expuestas a su influencia todo el tiempo, incluso mientras dormimos.
El profesor Kikuchi siempre nos enseñaba en sus maravillosas clases: alimento mental es principal y alimento físico es secundario.
Para mi fue una decepción cuando fui a su escuela en Brasil buscando la maravillosa cocina macrobiótica y resulta que esta cocina extraordinaria que yo tanto amaba era la parte de menor importancia; resulta que lo más importante es el alimento mental.
Los maestros fueron afinando la filosofía de Ohsawa y es algo muy acertado; muchos practicantes son muy dedicados a la práctica de la alimentación física pero su alimento mental sigue siendo de mala calidad y por eso no mejoran, no logran verse sanos y rozagantes.
Consultan a otros expertos y les recomiendan que bajen la sal o que la aumenten, que agreguen más proteínas animales o que las disminuyan o bien que dejen pasar más horas entre la última comida y la hora de dormir.
O sea que se busca la mejora en la parte física de la macrobiótica, en el alimento, en los detalles de la dieta y la gente sigue estos consejos pero muchas veces no consigue mejorar.
Se debe a un énfasis excesivo en el alimento yang, visible, físico, concreto; es que somos una cultura materialista que glorifica el mundo denso que vemos y tocamos.
Pero debemos comprender que el poder de la mente que no se ve, porque es yin, porque es invisible es un millón de veces más poderoso que el poder de un plato de arroz o de verduras.
Buda, uno de los más grandes sabios de la humanidad dijo una vez que "ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos".
Pero Buda era oriental y los orientales son más conscientes del poder del mundo sutil; acá en occidente somos mucho más prácticos y nos olvidamos muchas veces de ese mundo sutil y esperamos todo lo mejor de este mundo que vemos y tocamos.
Así que muchos ponen toda su esperanza en el cambio de dieta pero resulta que muchas veces no funciona como esperaban o los cambios son muy lentos y al final concluyen que la macrobiótica no es tan efectiva y se van a probar con otras dietas diferentes porque siguen esperando la salud infinita de cosas externas como dietas o hierbas o preparaciones homeopáticas.
Los pensamientos negativos que rumiamos día y noche se traducen en emociones también negativas porque la emoción vive de la energía del pensamiento. Esas emociones como la preocupación, el miedo, la falta de confianza en sí mismo, la culpa, el autorechazo, el odio a sí mismo, sea al cuerpo que le tocó habitar en esta vida o a hacia otras personas a las que no perdona y que viven trayendo el pasado al presente, con todo ese dolor y contaminando el presente maravilloso con toda esa carga tóxica emocional son un verdadero veneno para las células.
Por esa razón sin disciplinar la mente, sin cultivar la gratitud, el perdón, el amor propio, el amor a todos los seres, la paciencia con nosotros mismos y con otros, las expectativas felices y la conciencia de formar parte de una corriente de inteligencia y sabiduría infinitas, todos los esfuerzos centrados únicamente en la dieta, los suplementos, las vitaminas y las reparaciones quirúrgicas no nos traerán la salud infinita que tanto anhelamos, ni la felicidad ni el nivel de éxito que soñamos.
Claro que cuando se cambia la dieta las personas mejoran mucho, pero esa mejora alcanza una meseta y queda detenida si no se cambia y cultiva su mente, ni no medita, cultiva la oración o prácticas de desarrollo mental y espiritual.
Lo he visto en muchas personas; me han buscado para que les dé una dieta y no quieren nada más; deme la dieta, yo le daré sus honorarios y asunto cerrado.
Pero nosotros no nos quedamos en la dieta; amamos la nutrición más deliciosa y de la más alta calidad energética y estética; eso es básico como ponerse los zapatos antes de salir a pasear.
Pero hay que vestir todo el cuerpo, porque todo es sagrado lo superior y lo inferior, lo anterior y lo posterior, el cuerpo y la mente, el pensamiento y las emociones.
Entonces aclarado este punto, podemos avanzar como un jet hacia la conquista de la salud infinita y de alcanzar el sueño de nuestra vida porque ya la mente dejará de ser un obstáculo y se convertirá en la aliada más poderosa del universo. Y cuando mente y cuerpo avanzan juntas la maravilla tiene que manifestarse.

Martín Macedo

jueves, 22 de enero de 2026

El crecimiento es yin y la remisión es yang.

 El crecimiento es yin y la remisión es yang.

Todo aumento es yin y toda disminución es yang.
Todo aumento va seguido de una disminución y toda disminución va seguida de un aumento; en intervalos cortos o largos pero ese es el Orden del Universo.
Los tumores crecen con los factores yin y remiten con los factores yang.
Comprendiendo cómo operan yin y yang podemos crear menús variados bien para reducirlos o bien para acrecentarlos.
La mayor parte de las personas toman bastante carne (yang extremo) y luego cantidades de alimento extremadamente yin como azúcar, harina refinada, papas, tomates, frutas, café y refrescos.
En este contexto el paciente que tiene un tumor, se opera pero vuelve a su casa y a sus hábitos de extremos; entonces no se precisa ser un profeta para saber que es cuestión de tiempo para que el antiguo tumor o los restos que quedaron en el organismo regresen y lo hagan con mayor fuerza.
La base de la remisión no es la dieta ni los tratamientos médicos; la base de la remisión, la base profunda es entender yin y yang y cómo operan, cómo proceden y cómo se alternan indefinidamente.
La base profunda está en la mente; está en aceptar el Orden y en el consecuente deseo o voluntad de vivir en armonía con este Orden.
Si está esa voluntad, el éxito es prácticamente un hecho.
Podemos diseñar cientos de menús con alimentos naturales, basados en verduras, legumbres, cereales, algas, tés de hierbas y serán todos exitosos siempre y cuando la proporción de yang sea mayor que la de yin.
Se podría proponer a un paciente que desea curarse con un deseo ardiente (requisito absoluto) que se alimente unicamente con sopa de brócoli y cebolla. Está sería su única comida y deberá hacerlo durante semanas o meses hasta que se produzca la remisión.
La sopa en cuestión es yin porque los vegetales son yin; pero se trata de un alimento yin que ha sido yanguizado por la cocción y la sal. Entonces el resultado será yang porque el cuerpo no tendrá el yin extremo que alimenta los tumores; esta preparación será un sustituto de su antigua nutrición; el cuerpo se privará de yin extremo durante semanas y así se volverá yang por supresión de yin.
Si le diésemos jugos de frutas en vez de sopa de vegetales, tendríamos dos problemas serios; por un lado se sentiría cada vez más débil porque las frutas son muy yin y por otro lado el tumor seguiría obteniendo su impulso yin porque lo obtendría de la fruta.
Aún cocinando la fruta su estructura yin no puede modificarse significativamente porque yanguizar una fruta es como querer yanguizar una burbuja de jabón.
Intentar modificar su naturaleza yin llevaría a su destrucción y al final no se obtendría una preparación aceptable ni agradable de tomar.
Pero la fermentación en sal como en el caso de la umeboshi durante un mínimo de 6 meses podría producir un medicamento muy eficaz porque el proceso yang no se hace con fuego sino mediante la acción de la sal y la fermentación durante mucho tiempo y el tiempo es yang.
El tiempo es el yang más poderoso del Universo.
Con suficiente tiempo podríamos lograr cualquier sueño.
Y el tiempo es infinito así que tenemos todo el tiempo del mundo para crear lo que tengamos deseos de crear.
La base de la remisión es tener un propósito claro de curarse y un deseo ardiente de cumplir el plan terapéutico hasta obtener el éxito y la remisión.
Sea con legumbres, o con cereales o con pescado, teóricamente cualquier alimento saludable aplicado durante el tiempo suficiente funcionará.
Pero la macrobiótica tradicional ha tratado estos cuadros con cereal integral y la razón es que éste mantiene el cuerpo fuerte y activo para que pueda llevar una vida normal durante el tiempo requerido para que el tumor remita.
Pero no se recomienda pasar semanas sólo con tés de hierbas como única ingesta o sólo con sopas porque crearía una debilidad física que haría más difícil persistir en el plan establecido.
Tendría que estar en cama y hacer pocas actividades mientras la abstinencia de otros alimentos yin hace su trabajo a fondo.
En teoría también se podría lograr la remisión con una dieta de sólo proteína animal y agua, como la que hacen los carnívoros en la naturaleza.
Pero habría que tomar la carne cruda y sin sal ya que si la cocinamos y condimentamos sería tan yang que ni siquiera los leones la aguantarían; crearía niveles de estrés insostenibles para la media de las personas y finalmente se volcaría hacia el otro extremo lo que daría al tumor el impulso para seguir creciendo.
Por esa razón entre cientos de menús el básico de cereales y verduras debe ser el más apropiado para la transición hacia la remisión y sobre todo para mantenerse en remisión por tiempo indefinido mientras comienza a tomar una dieta más variada.
Martín Macedo

sábado, 10 de enero de 2026

Las RELIGIONES son varias. La ESPIRITUALIDAD es una.

 

Las RELIGIONES son varias.
La ESPIRITUALIDAD es una.
La religión es para los dormidos.
La espiritualidad es para los despiertos.
La religión es para aquellos que necesitan que alguien más les diga qué hacer, que los perdonen.
La espiritualidad es para los que escuchan su voz interior y se ven a imagen y semejanza de un poder creador.
La religión tiene un conjunto de reglas a seguir. La espiritualidad te invita a sentirlo todo .
La religión juzga, culpa y separa.
La espiritualidad unifica.
La religión habla de pecado y de culpa.
La espiritualidad te dice aprende del error y continúa.
La religión te reprime.
La espiritualidad te invita a descubrirte todo en todas tus fascetas.
La religión manipula, engaña.
La espiritualidad descubre.
La religión no indaga ni cuestiona, está prohibido dudar. La espiritualidad lo cuestiona todo.
La religión es humana, es una organización con dogmas.
La espiritualidad es libre, sin reglas.
La religión te busca y te atrapa.
La espiritualidad la tienes que buscar tú.
La religión sigue los preceptos de un libros.
La espiritualidad busca lo sagrado en todo.
La religión se alimenta del miedo. La espiritualidad se alimenta de la confianza.
La religión te hace vivir en las reglas.
La espiritualidad te hace vivir en la consciencia.
La religión se ocupa del hacer.
La espiritualidad se ocupa del Ser.
La religión te alimenta el ego.
La espiritualidad te hace trascenderlo.
La religión es adoración.
La espiritualidad es búsqueda interior.
La religión vive en el pasado y en el futuro.
La espiritualidad vive en el presente.
La religión cree en la vida eterna. La espiritualidad te hace consciente de ella.
La religión te da promesas para después de la muerte.
La espiritualidad es encontrar a Dios en tu interior.
"La RELIGIÓN te reduce a un cordero, mientras que la ESPIRITUALIDAD es el rugido de un león”.
La Espiritualidad es la Sabiduría y el Entendimiento Interior; y el amor.

El ego no desaparece, pero pierde su dominio

 

El ego no desaparece, pero pierde su dominio
En el Zen no se busca eliminar el ego como quien arranca una planta de raíz.
Eso sería otro acto del ego: “Yo voy a eliminar al ego.”
Lo que se busca es reconocer su naturaleza vacía, impermanente y condicionada.
Cuando brilla esta comprensión, el ego deja de ser el tirano interno.
En su lugar aparece la espontaneidad, la compasión y una inmensa claridad.
El ego no desaparece: simplemente pierde solemnidad.
Pierde la ilusión de ser un centro fijo.
Pierde el poder de hacerte sufrir.
Vivir sin aferrarte a la identidad
No eres tu oficio.
No eres tu pasado.
No eres tus traumas.
No eres tus éxitos.
No eres tus opiniones.
No eres tus emociones.
Todo eso cambia en un abrir y cerrar de ojos.
Cuando dejas de aferrarte a esas etiquetas, el mundo entero se vuelve más amplio, menos amenazante y más íntimo.
Empiezas a sentir la vida como un movimiento continuo, no como una propiedad personal.
Conclusión
El propósito no es destruir al ego, sino ver su naturaleza ilusoria para dejar de ser esclavo de él.
Cuando comprendemos esto profundamente, nace una libertad suave, un silencio interior y una paz que no depende de condiciones externas.
Esa comprensión es la puerta de la verdadera sabiduría.

sábado, 20 de diciembre de 2025

Las trampas del ego

 

Cuidado con caer en las trampas del ego.
Si crees que eres espiritual por moverte en bicicleta y no en automóvil, está bien. Pero si juzgas a cualquiera por andar en auto, entonces caíste en la trampa del ego.
Si crees que eres espiritual por no ver televisión ni dejarte en engañar por toda la información, esta bien. Pero si juzgas a los que aún miran, estás atrapado en la trampa del ego.
Si crees que eres espiritual por no caer en chismes, está bien. Pero si juzgas a los que aún se quieren enterar de esas cosas, caíste en la trampa del ego.
Si crees que eres más espiritual por hacer yoga, ser vegano, comprar comidas orgánicas, comprar cristales, practicar reiki, meditar, reciclar y leer libros, esta bien. Pero si juzgas a cualquiera que no cumpla con estas actividades, caíste en la trampa del ego.
Se consiente siempre de que esa noción de sentirte superior por tu determinada forma de vivir en relación a las demás personas es la mayor indicación de que estas en una trampa del ego.
El ego se transforma para satisfacerse, trata de entrar camuflado. Si haces yoga (por ejemplo) y tu actividad tiene como objetivo creer que eso te hará mejor que otra persona porque crees que tu camino espiritual es el "camino correcto" y los demás no lo siguen, estás alimentando al ego.
No caigas en esas trampas del ego. No haces nada que te haga mejor. Haces cosas que te hacen sentir en armonía contigo, no con un objetivo más allá de hacerte sentir en equilibrio contigo.
Cualquier objetivo, juicio u opinión que realices para engrandecerte o minimizar a alguien más a partir de algo que tu si hagas y el otro no. Es una trampa del ego. Ojo con eso

viernes, 19 de diciembre de 2025

La inteligencia artificial

 De la globalización cultural a la globalización cognitiva: Inteligencia artificial, estandarización del pensamiento y el riesgo de la monocultura epistémica

Dr. Jorge Alberto Hidalgo Toledo
Human & Nonhuman Communication Lab, Facultad de Comunicación, Universidad Anáhuac México
Siempre fuimos globales pero no globalizados. Hubo un momento, no tan lejano, en que la globalización fue presentada como una promesa de apertura infinita. El mundo, se nos dijo, se volvería cercano, accesible, interconectado; las culturas dialogarían, los saberes circularían sin fricción, las diferencias se enriquecerían mutuamente. Sin embargo, la crítica temprana advirtió algo distinto: no asistíamos a un mundo más justo, sino a un mundo más plano. No plano en términos de igualdad, sino de textura. Un mundo alisado, donde la rugosidad de la diferencia comenzaba a desaparecer bajo la lógica de la homologación.
El mundo plano y la erosión de la diferencia
La globalización cultural no negó la diversidad; la volvió decorativa. Como bien anticipó Zygmunt Bauman, la modernidad tardía aprendió a tolerar la diferencia siempre y cuando no incomodara al sistema. La cultura global se volvió un catálogo: sabores locales estandarizados, estéticas reconocibles, narrativas intercambiables. La diferencia dejó de ser conflicto para convertirse en mercancía.
Arjun Appadurai describió este fenómeno como la circulación de ethnoscapes, mediascapes e ideoscapes que, lejos de garantizar pluralidad, tendían a reproducir imaginarios dominantes bajo la apariencia de diversidad, por ello hoy podemos incorporar el mindscape. La interconexión no fue el problema; lo fue la reducción de la complejidad. El mundo se volvió legible, funcional, eficiente… y progresivamente menos profundo.
Del mercado cultural al mercado cognitivo
Hoy ese proceso ha mutado. La estandarización ya no se limita a los productos culturales o a los estilos de vida; ha penetrado el núcleo mismo del pensamiento. Asistimos a una globalización cognitiva: un régimen donde el lenguaje, la argumentación, la producción de sentido y la organización del conocimiento comienzan a alinearse bajo patrones algorítmicos.
La inteligencia artificial, especialmente los modelos de lenguaje, opera en una zona ontológicamente delicada: no solo media la información, sino que modela la forma en que pensamos con ella. Clasifica, jerarquiza, resume, sugiere, corrige. No impone contenidos de manera explícita; propone estructuras. Y, como advertía Michel Foucault, quien controla las condiciones de posibilidad del discurso no necesita censurar lo que se dice; basta con definir cómo puede decirse.
Lo que se estandariza ya no es únicamente el qué, sino el cómo: cómo se argumenta, cómo se escribe, cómo se organiza una idea “correcta”. La cognición comienza a optimizarse.
La McDonaldización del pensamiento
George Ritzer utilizó el concepto de McDonaldización para describir la expansión de una racionalidad basada en eficiencia, calculabilidad, previsibilidad y control. Trasladado al plano cognitivo, el fenómeno resulta inquietante. La inteligencia artificial produce discursos rápidos, coherentes, estilísticamente pulidos, pero profundamente uniformes. Ideas bien armadas que podrían haber sido escritas por cualquiera, o por nadie en particular.
No se elimina la creatividad; se normaliza. No se suprime la diferencia; se vuelve ruido. Como señaló Byung-Chul Han, el exceso de positividad y rendimiento conduce a una sociedad sin negatividad, sin fricción, sin alteridad real. La monocultura epistémica no surge por prohibición, sino por saturación de lo mismo.
Justicia epistémica y saberes invisibles
Este proceso tensiona directamente la noción de justicia epistémica. Miranda Fricker definió la injusticia epistémica como aquella que ocurre cuando ciertos sujetos o comunidades son sistemáticamente deslegitimados como productores de conocimiento. En un entorno algorítmico, el riesgo se profundiza: los saberes situados, las epistemologías del sur, las narrativas no hegemónicas no desaparecen, pero dejan de amplificarse.
Boaventura de Sousa Santos ha insistido en que no hay justicia social sin justicia cognitiva, y que la hegemonía de un solo régimen de verdad empobrece la experiencia humana. La globalización cognitiva corre así el riesgo de convertirse en una tecnología de silenciamiento suave: no excluye, simplemente no escucha.
Narcisismo cognitivo y bucle autorreferencial
Uno de los efectos más sutiles, y más profundos, de este ecosistema es el repliegue del yo. La inteligencia artificial opera como un espejo sofisticado: reorganiza nuestras ideas, refina nuestro lenguaje, devuelve versiones “mejoradas” de nosotros mismos. Como en el mito de Narciso, el peligro no es la imagen, sino la imposibilidad de apartar la mirada.
Sherry Turkle ya advertía que las tecnologías conversacionales podían generar la ilusión de compañía sin exigencia de alteridad. La IA no interpela al otro; nos confirma. El diálogo se vuelve autorreferencial, un bucle donde el pensamiento ya no se arriesga a la incomodidad de la diferencia.
McLuhan y la inversión del medio
Marshall McLuhan por su parte señaló que el ser humano crea los medios como extensiones de sí mismo, pero termina amputando partes de su sensibilidad al adaptarse a ellos. Hoy el ciclo se acelera: creamos sistemas de lenguaje y luego comenzamos a imitar su sintaxis. La máquina no piensa como nosotros; somos nosotros quienes empezamos a pensar como ella.
No se trata de una distopía tecnológica, sino de una mutación antropológica. La mente extendida corre el riesgo de convertirse en mente delegada.
Creatividad, educación e identidad en riesgo
Las afectaciones atraviesan múltiples planos: una creatividad cada vez menos divergente; modelos educativos orientados a la respuesta correcta y no a la pregunta incómoda; identidades culturales que adoptan cadencias expresivas algorítmicas; un lenguaje cotidiano progresivamente neutralizado.
Quizá el riesgo último no sea la extinción biológica, sino una extinción simbólica: la erosión de la pluralidad interior, del desacuerdo fértil, del pensamiento lento. Como advertía Hannah Arendt, pensar no es producir resultados, sino mantener viva la capacidad de juicio.
Habitar la IA como umbral, no como espejo
Si la revolución cognitiva deriva en aplanamiento, la respuesta no puede ser técnica. Es ética, antropológica y cultural. La inteligencia artificial puede ser espejo, pero también umbral. Todo depende de cómo decidamos habitarla.
Defender la diversidad cognitiva no implica rechazar la IA, sino rehumanizar su uso: introducir fricción, lentitud, alteridad; recuperar el valor del desacuerdo y del silencio; pensar con máquinas sin dejar de pensar desde el otro.
Porque el verdadero riesgo no es pensar con tecnologías inteligentes, sino olvidar que el pensamiento nace, siempre, en la experiencia compartida de la diferencia.