lunes, 25 de febrero de 2019

Si buscamos afuera lo que está adentro nuestra búsqueda será inútil.


La cúrcuma no cura el cáncer.
Ni el jugo de limón.
Ni el ajo.
Ni el té de moringa.
Shiitake, equinácea, graviola, reishi (un hongo), uña de gato.
La lista es extensa y cada vez se suman nuevos "descubrimientos".
Si buscamos afuera lo que está adentro nuestra búsqueda será inútil.
Nos han educado a creer que la solución está en algún lugar "allá afuera" y que además es cara.
Porque se trata de plantas que crecen en lugares exóticos, en las montañas de China o en las islas de la Polinesia.
Y como se trata de la salud, vale "todo", cualquier esfuerzo, cualquier costo.
Ante todo la vida.
Esta creencia enriquece a los vendedores de medicinas naturales o artificiales.
Pero la cura está dentro de cada ser humano.
Los vendedores se ponen nerviosos cuando este tipo de ideas comienzan a circular.
Sus ventas podrían bajar...se les muere su gallina de los huevos de oro.
Esa gallina es la creencia de que la cura es algo que se puede comprar y que está afuera, en algún lugar...sólo hay que seguir buscando.
"No te rindas, sigue buscando".....nuevas drogas, nuevos descubrimientos.
Pero la solución no está afuera, ya que afuera sólo encontraremos las proyecciones de nuestras convicciones interiores.
Hallaremos un "valle de lágrimas" o un mundo fascinante lleno de contrastes y oportunidades.
Si nuestra salud disminuye no la recuperaremos tomando cuanta novedad saludable se ofrece en las tiendas y herbolarios.
La cura comienza asumiendo la completa responsabilidad por lo que nos está pasando.
La cura está en la comprensión de la maravilla que somos y de nuestras poderosas capacidades de adaptación.
Cuando la mente comprende se llena de luz.
El miedo desaparece y se convierte en certeza, en gratitud, en voluntad infinita de gozar de tanta salud como deseemos.
Las ideas erróneas generan miedo e incertidumbre; y llevan a la gente a buscar compulsivamente soluciones negociadas.
Pero la "verdad os hará libres".
Enseñar la verdad no es popular.
Y es hasta peligroso.
Pero alguien tiene que hacerlo.
Porque la balanza debe estar en equilibrio.
Para que el Orden del Universo pueda perpetuar el milagro de la vida y llevarlo a niveles crecientes de perfección.


-Martín Macedo-

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