lunes, 11 de febrero de 2019

Psicopolítica

PSICOPOLÍTICA (2014 – EDICIÓN ORIGINAL: 2014)

A diferencia del anterior, este es libro de Byung-Chul Han que más me gusta. Si no tienen ganas de leerse todos los volúmenes (cinco hasta ahora) les recomendaría comenzar por este. ¿Por qué? Porque en cierta manera retoma y resume sus principales ideas. Byung-Chul Han comienza hablando de la ilusión de libertad (“el sujeto del rendimiento, que se pretende libre, es en realidad un esclavo”) y la absolutización del trabajo (“el sujeto neoliberal como empresario de sí mismo no es capaz de establecer con los otros relaciones que sean libres de cualquier finalidad” p. 12-13). Después retoma a Marx para darle una vuelta de tuerca al materialismo dialéctico: “el capitalismo industrial muta en neoliberalismoo capitalismo financiero con modos de producción posindustriales, inmateriales, en lugar de trocarse en comunismo” (p. 16). Y remata: “El neoliberalismo, y no la revolución comunista, elimina la clase trabajadora sometida a la explotación ajena. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se transforma en una lucha interna consigo mismo” (p. 17).
En cierto momento Byung-Chul Han se aleja de Marx para acercarse a Foucault: la libertad y la comunicación ilimitadas “se convierten en control y vigilancias totales” (p. 21). Además, el “neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor … sólo reacciona de forma pasiva a la política, refunfuñando y quejándose, igual que el consumidor antes las mercancías y servicios que le desagradan” (p. 23). Como síntesis de estos cambios “nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital. Avanza desde una vigilancia pasiva hacia un control activo” (p 25). La psicopolítica tiene sus instrumentos. El Big Data es uno de ellos, uno muy importante, ya que “permite adquirir un conocimiento integral de la dinámica inherente a la sociedad de la comunicación. Se trata de un conocimiento de dominación que permite intervenir en la psique y condicionarla a un nivel prerreflexivo” (p. 25). Con el Big Data “el futuro se convierte en predecible y controlable” (p. 25).

Si la dominación tradicional se basaba en la demografía y la estadística, la psicopolítica se funda en el Big Data. Como ya les dije en este contexto algunos gadgets (el smartphone en primer lugar) se convierten en “objetos de devoción”, ocupando el mismo lugar que el rosario en la tradición católica. El “me gusta” es el “amén digital” y Facebook, “la iglesia, la sinagoga global de lo digital” (p. 26) …y “el neoliberalismo es el capitalismo del me gusta” (p. 30). La biopolítica de Foucault -la forma de gobierno de “la sociedad disciplinaria”- es cosa del pasado: es “inadecuada para el régimen neoliberal que explota principalmente la psique” (p. 38). Byung-Chul Han lo dice claro: “Foucault no realizó el giro a la psicopolítica” (p. 40).

En otros capítulos Byung-Chul Han no ahorra críticas al cuerpo estetizado, los libros de autoayuda, el consumismo, la ludificación y la hegemonía de un pensamiento que pone las emociones por encima de cualquier otro tipo de vivencia, para terminar en un concepto que atraviesa toda su obra: la emergencia del “panóptico digital” (p. 62). De frente a tanto libro e investigación sobre lo emocional Byung-Chul Han no duda y clava el cuchillo en lo más profundo: “las emociones son esencialmente fugaces y más breves que los sentimientos… En el capitalismo del consumo se venden significados y emociones… La emoción se convierte en medio de producción” (p. 70). Para terminar Byung-Chul Han vuelve al Big Data y arremete contra la supuesta “muerte de la ciencia” (y “de la teoría”) anunciada por Chris Anderson en Wired, un tema que el filósofo surcoreano ya había tratado en el volumen La agonía del Eros (ver la primera parte de la reseña).

APUNTES FINALES

Como dije al final del primer post, en un entorno donde el pensamiento negativo tiende a ser tapado por millones de “me gusta” y discursos cargados de positividad (“Sonríe, te estamos registrando”), las miradas críticas son más que bienvenidas. También dijimos que los pequeños volúmenes de Byung-Chul Han son un soplo de aire fresco pero cargado de aromas de la crítica del siglo XX a la cultura de masas (desde Adorno y Horkheimer hasta Foucault y Baudrillard). En ese sentido creo que las obras de Byung-Chul Han están escritas más bajo el signo de la continuidad que de la ruptura.
Pero Byung-Chul Han está más que atento a los cambios de la sociedad digital post-industrial, desde las nuevas formas que adopta la auto-explotación hasta la emergencia del llamado “panóptico digital”. En este contexto Byung-Chul Han se presenta como una especie de Foucault 2.0 y abre líneas de reflexión muy interesantes y útiles en un entorno donde todavía se consume -a menudo de manera bastante acrítica- la versión original Foucault 1.0 (ver mi post ¿Bibliografía del oprimido?).
Algunas ideas de Byung-Chul Han me parecen interesantes (por ejemplo su crítica al “panóptico digital”, la “auto-explotación” y la hegemonía del pensamiento positivo y emocional); otras no me terminan de convencer, sobre todo cuando entra en cuestiones digitales, desde el tema del Big Data hasta la vida de los sujetos en las redes sociales. Lo reconozco: cuando Byung-Chul Han se pone a reflexionar sobre lo digital me aburre. Su mirada es unidireccional, sólo ilumina una dimensión de las tecnologías digitales -la negativa- y termina generando una fuerza que se anula con la de los discursos positivos sobre las “nuevas tecnologías” digitales. Si sumamos Negroponte + Byung-Chul Han el resultado siempre será cero (“0”). Estoy convencido de una cosa: necesitamos otro tipo de miradas que escapen a esta “razón dualista” (Jesús Martín Barbero dixit) que bloquea cualquier comprensión profunda del “enjambre digital”.


Una cosa me llamó poderosamente la atención: si bien Byung-Chul Han critica la configuración que está adoptando la sociedad contemporánea, desplegando una mirada que nos recuerda a la de los pensadores nacidos en el siglo XIX que se confrontaron con la naciente cultura de masas, su producción está más que en sintonía con los ritmos, polifonías y fragmentaciones de ese mundo. Me explico: sus libros son breves y de fácil lectura, hilvanados con frases cortas, casi tuits, que vuelven una y otra vez sobre los nudos conceptuales de su pensamiento: el panóptico digital, la auto-explotación, la fragmentación, la positividad, la falta de silencio… Byung-Chul Han critica el caos y la velocidad acelerada de las sociedades contemporáneas pero compone textos totalmente adaptados a ese ecosistema.Si bien encarna un espíritu adorniano, a la hora de escribir Byung-Chul Han se acerca mucho a McLuhan -el gran creador de aforismos/tuis sobre la cultura de masas- pero aún más a los bárbaros de Baricco. ¿Filosofía para dummies?

ALFONSO ARMADA -

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