jueves, 21 de febrero de 2019

Lo que vemos no es la realidad


Tendemos a suponer que nuestras percepciones son una representación exacta del mundo real y, de hecho, lo que percibimos nunca es el mundo directamente sino una conjetura de nuestro cerebro... como una simulación interna de una realidad externa que, sin embargo, seguimos viviendo como real.

Por un lado, los neurocientíficos se esfuerzan por comprender cómo puede existir una realidad en primera persona y, al mismo tiempo, los físicos cuánticos se plantean cómo puede existir algo que no sea otra cosa que la realidad en primera persona.

Todos los caminos confluyen en el observador.

Donald D. Hoffman afirma sin dudar que “lo que nos presenta nuestra percepción no es la realidad”. Hoffman es profesor de Ciencia Cognitiva de la Universidad de California, Irvine. Los últimos 30 años de su carrera los ha dedicado al estudio de la percepción, la inteligencia artificial, la teoría evolutiva de juegos y el cerebro. Con su trabajo intenta desarrollar “un modelo matemático del observador, tratando de llegar a la realidad detrás de la ilusión”.

Para explicarlo utiliza una metáfora contemporánea, la interfaz de escritorio del ordenador: “Supongamos que hay un icono rectangular de color azul en la esquina inferior derecha del escritorio de su ordenador ¿Quiere decir eso que el archivo en sí es azul y rectangular y vive en la esquina inferior derecha de su equipo? Por supuesto que no. Que sea azul y rectangular y esté en la esquina inferior derecha de la pantalla son las únicas categorías que tenemos disponibles para referirnos a él y sin embargo ninguna de ellas es el archivo en sí mismo”. Ese icono azul rectangular es la realidad que vemos y guía nuestro comportamiento, y oculta una realidad compleja que no necesitamos saber. “La evolución ha ido dando forma a las percepciones que nos han permitido sobrevivir y han guiado los comportamientos de adaptación”. Y ello implica que hay muchas cosas que para nosotros están escondidas porque no las necesitamos saber. Y esa es la que denominamos realidad, sea cual sea. “Si nos paráramos a averiguarlo el tigre ya nos hubiera comido”.

En este sentido, se puede afirmar que tenemos percepciones que nos mantienen vivos. De manera que “si veo algo que me parece una serpiente no lo agarro. La serpiente que veo es una descripción creada por mi sistema sensorial para informarme de las consecuencias de mis acciones”. Pero tomar en serio una percepción es distinto que tomarla de forma literal.

La física tradicional dice que podemos medir objetos y obtener los mismos resultados en las mismas condiciones de estudio. La física cuántica dice que las conclusiones finales tienen relación directa con el observador.

Hoffman sostiene que “las experiencias son la verdadera moneda del reino. Las experiencias de la vida cotidiana - mi verdadera sensación de dolor de cabeza, mi verdadero sabor del chocolate - que en realidad es la naturaleza última de la realidad”.

En una consulta en Bioneuroemoción el acompañante sabe que el cliente ha vivido la percepción de una situación como real y esa certeza le ha provocado una serie de emociones que tienen relación con experiencias pasadas de su propia vida y de sus ancestros. Durante el acompañamiento se guía al cliente para alcanzar un cambio de percepción y llegar a la toma de conciencia que le permita trascender esa información.

En el libro El Arte de Desaprender, Enric Corbera dice: ”Sabemos que vivimos en una ilusión llamada espacio/tiempo, una ilusión que nos hace creer que todo lo que nos sucede no tiene nada que ver con nosotros. Nos hace creer que hay unos acontecimientos allí fuera que no hemos de intentar controlar. Y, no hay nada que controlar, salvo prestar atención a los sentimientos que envuelven cada situación que vivimos. Esto es de una relevancia capital, pues en este instante eres el creador de tu realidad, a la que solemos llamar, en nuestra incomprensión, destino”.

“Las experiencias son la verdadera moneda del reino. Las experiencias de la vida cotidiana -mi verdadera sensación de dolor de cabeza, mi verdadero sabor del chocolate- que en realidad es la naturaleza última de la realidad”.

Donald D. Hoffman.

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