miércoles, 1 de agosto de 2018

La célula madre es una verdadera maravilla


· 
La célula madre es una verdadera maravilla.
Tiene el potencial y la inteligencia para convertirse en cualquier tipo de célula.
Puede convertirse en ojo, en hueso o en corazón.
La maravilla está por doquier, hasta en un insecto.
Nuestras células van madurando y especializándose para cumplir una misión de servicio con total excelencia y perfección.
Así una célula hepática se prepara para servir en esa función.
Desde su origen va experimentando cambios que se conocen como maduración celular para finalmente entrar en acción.
Todo el deseo de la célula es alcanzar ese alto grado de madurez para poder cumplir su propósito.
Parecería que las células tienen conciencia...."quiero ser una gran célula ósea o quiero ser un gran glóbulo rojo o quiero ser una poderosa célula muscular".
Como un niño que desde pequeño sueña con ser futbolista y se prepara con gran ilusión durante años para finalmente entrar a la cancha y jugar su primer partido en el campeonato local.
Otros niños sueñan con ser científicos o músicos o pilotos de grandes aviones.
Y se preparan durante años hasta desarrollar sus habilidades.
La célula desea servir al bien colectivo porque el amor es el impulso que las posee desde el momento de su creación.
"Si todas damos lo mejor al organismo, todas estaremos mejor y más felices".
Pero en este mundo de contrastes también hay células que no tienen un propósito tan noble.
Son las llamadas células inmaduras o células "malignas" o "aberrantes".
Ellas no se especializan; se parecen un poco a las células del tejido que las origina pero no logran especializarse porque parece que olvidaron su propósito y quedan allí multiplicándose caóticamente y sin importarles las consecuencias de su conducta insensata.
Se niegan a morir; se multiplican a toda velocidad y se organizan en forma de grandes colonias (tumores) y se proveen de arterias y venas propias para asegurarse sus necesidades de oxígeno y alimento.
Para ellas el concepto de "amor" es ayudar a sus homólogas y entre todas hacerse fuertes y crear nuevas familias a distancia del tejido que las originó.
Ellas aman a las que son como ellas.
No toman en cuenta al resto de las células.
Las usan para su beneficio propio.
Porque olvidaron su propósito.
También son expresiones de la inteligencia infinita.
Pero su debilidad está en que ignoran para qué existen.
No son malas en esencia, sólo están temporalmente confundidas porque han nacido en un ambiente tóxico que las ha atontado.
Como un borracho que no recuerda cómo volver a casa.
El cáncer es el resultado de una vida sin propósito.
De una gran laguna en la memoria espiritual.
¿Entonces para qué vivir?
Vamos a comer y beber y a pasarla bien.
Porque todos incluso los vegetarianos, moriremos tarde o temprano.
Pero la vida basada en valores sensoriales agudiza más y más la confusión y así la vida cada vez parece más absurda.
Entonces aparece la enfermedad.
Ésta nos lleva tarde o temprano a una profunda reflexión.
Y de ésta, algunas veces se despierta el propósito olvidado.
Entonces todo se llena de vida, de alegría y de felicidad.
Hemos recordado a qué hemos venido.
Y se despiertan fuerzas misteriosas que habían estado allí esperando para asistirnos.


-Martín Macedo-

No hay comentarios:

Publicar un comentario