miércoles, 22 de agosto de 2018

La fe es la comprensión del orden del universo


La fe mueve montañas.
Pero también las puede hundir.

Tengo una amiga madrileña, muy metódica con su práctica macrobiótica.
Pero no es feliz, vive con una permanente inquietud.
Ella está obsesionada con el arsénico.
Compra el arroz orgánico de grano corto mejor que he visto en España: "Delta del Ebro".
Es una delicia absoluta, una calidad de las mejores de Europa.
Pero ella está obsesionada con el arsénico.
Aunque es de cultivo biológico, con todas las garantías y controles....ella sigue temiendo por la posible contaminación.
Entonces leyó en una publicación que tostándolo bien se le quita el arsénico y desde hace años siempre tuesta completamente todo el arroz que prepara y consume todos los días de su vida.
Tiene las mejores ollas e incluso una cocina que guisa con energía solar.
Tiene todo para ser feliz, pero no confía en su bendito arroz.
Cree que está envenenado y por eso lo debe torrar como a un café pero nunca está segura de si habrá desactivado todas las moléculas del temible arsénico.
Me vienen a la mente las sabias palabras de Deepak Chopra: "nada tiene más poder sobre el cuerpo que las creencias de la mente".
Si comemos algún alimento sintiendo que es un potencial enemigo, estamos creando un ambiente químico erróneo en la sangre.
Debemos comer con infinita gratitud, sintiendo la emoción, el privilegio de poder tomar este grano de gran calidad, con las ventajas tecnológicas que ofrece Europa y que muchos millones de personas de otras naciones menos desarrolladas tecnológicamente ni se animan a soñar.
Si consiguen arroz integral será de poca calidad, grano largo y nada biológico...cultivado con agroquímicos y pesticidas.
Conocí centros macrobióticos en Sudamérica que usaban un tipo de arroz de bajísima calidad, con olor a moho, casi verdoso.
Pero lo agradecían tanto, le ponían tanto esmero en la preparación, usaban la presión, la sal, el remojo y una gran fe en el orden del universo que al final salía un alimento delicioso.
Porque han aprendido a transmutar.
El último se convierte en el primero.
La fe es la comprensión del orden del universo.
Pero mi amiga ha transmutado en forma inversa.
La primera se convirtió en la última.
Teniendo todo a su favor se ha convertido en la menos feliz, en la menos agradecida.
Y mis amigos colombianos han tomado el ingrediente más bajo en la escala biológica y han creado una maravillosa escuela que en los años 90 era una de las más pujantes y exitosas escuelas macrobióticas del mundo con muchos casos de curaciones que incluso atrajeron a las personalidades de la televisión generando una explosión de interés y entusiasmo con la macrobiótica.
Mientras tanto mi amiga sigue tostando el arroz llena de desconfianza.
Por esa razón la consulta macrobiótica no es una lista de permisos y prohibiciones.
Es una toma de conciencia que debe tocar las fibras del alma hasta que el consultante comprenda que es un bendecido por haber llegado hasta la llave que abre las puertas del paraíso.

.Martín Macedo-

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