lunes, 20 de agosto de 2018

Integrar los opuestos y dejar de luchar para separar lo que nunca podrá separarse


No se puede separar la luz de la sombra.

Sería un esfuerzo sin frutos, una tontería mayúscula.
No se puede separar el día de la noche.
No se puede separar lo grande de lo pequeño.
Ni los países pobres de los países ricos.
Por eso Trump pierde el tiempo poniendo un muro que separa dos países maravillosos.
Tampoco hay una frontera definida entre el sueño y su manifestación.
San Pablo comprendió la íntima conexión de los "opuestos" al decir: "Cuando soy débil, entonces soy fuerte".
Pero nadie quiere ser débil, ni enfermo ni pobre.
Nuestro ego tiende a excluir estas palabras.
No las quiere ni en figuritas.
Les declara la guerra....las ataca, las ridiculiza, les hace violencia.
Los malos contra los buenos.
Esa lógica excluyente que ama un lado y rechaza el otro es debido al pensa-miento rigurosamente científico.
Porque ciencia y espiritualidad son el yin y el yang.
No hay forma de separarlas.
Pero la ciencia insiste en crear categorías y clasificaciones.
Y educa en divisiones y comparti-mientos.
Por eso la ciencia aisladamente no resuelve los grandes problemas humanos: la salud, la felicidad y la paz del mundo.
Las ciencias económicas aumentan la miseria y la desigualdad.
Las ciencias médicas aumentan la cantidad y gravedad de las enfermedades.
Las ciencias agrícolas disminuyen la calidad de los suelos y la calidad de la alimentación de los hombres y de los animales de la granja.
Todo se debe a esa forma de razonar.
Que se basa en la división.
En la ilusión de un mundo dividido.
Pero cuando el Orden del Universo se enseñe en las universidades......será como oriente y occidente trabajando juntas para la felicidad del mundo.
La inteligencia está del lado yin y del lado yang.
No podemos estar en el norte y en el sur al mismo tiempo.
Pero podemos comprender esta conexión y solicitar la ayuda de la mitad que nos falta.
Es la más alta forma de pensar y vivir.
Integrar los opuestos y dejar de luchar para separar lo que nunca podrá separarse.

-Martín Macedo-

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