lunes, 21 de mayo de 2018

El problema como un tónico para el ego

El ego no se siente bien, a gusto, con montículos; quiere montañas. Incluso si es una desdicha, no debería ser un montículo, debería ser un Everest. Aunque es desdichado, el ego no desea ser ordinariamente desdichado; desea ser ¡extraordinariamente desdichado!
La gente sigue y sigue creando grandes problemas de la nada. ¡He hablado con miles de personas sobre sus problemas y aún no he dado con un verdadero problema! Todos los problemas son falsos... los creas porque sin problemas te sientes vacío. No hay nada que hacer, nada contra qué luchar, ningún lugar a dónde ir. La gente va de un gurú a otro, de un maestro a otro, de un psicoanalista a otro, de un grupo de encuentro a otro, porque si no van, se sienten vacíos, y de pronto sienten que la vida no tiene significado. Creas problemas de modo que puedas sentir que la vida es un gran trabajo, un crecimiento, y tienes que luchar duro.
El ego sólo puede existir cuando lucha, recuerda... cuando lucha. Y si te digo, 'Mata tres moscas y te iluminarás', no me creerías. Dirás, '¿Tres moscas? Eso no parece ser mucho. ¿Y me iluminaré? Eso no parece ser probable'. Si te digo que tendrás que matar setecientos leones, por supuesto ¡eso sí tendrá más sentido! Cuanto mayor es el problema, mayor es el desafío... y con el desafío el ego aparece, vuela alto. Tú creas los problemas. Los problemas no existen.
Los sacerdotes y los psicoanalistas y los gurúes, son felices porque su negocio entero existe gracias a ti. Si no creas montículos de la nada y no conviertes tus montículos en montañas, ¿qué sentido tiene que los gurúes te estén ayudando? Primero tienes que estar en forma para ser ayudado.
Los verdaderos maestros han estado diciendo algo más. Han estado diciendo, 'Por favor mira lo que estás haciendo, qué disparate estás haciendo. Primero creas un problema, luego vas en busca de una solución. Sólo mira por qué estás creando el problema, justo exactamente al comienzo, cuando estás creando el problema, está la solución ¡no lo crees!' Pero eso no te atraerá porque entonces de repente eres arrojado de vuelta a ti mismo. ¿Nada que hacer? ¿Ninguna iluminación? ¿Ningún satori? ¿Ningún samadhi? Y estás profundamente inquieto, vacío, intentando atiborrarte con lo que sea.
Tú no tienes ningún problema; solamente esto tiene que ser entendido. En este mismo momento puedes soltar todos los problemas porque son tus creaciones. Dale otra mirada a tus problemas: entre más profundo mires, más pequeños parecerán. Continúa mirándolos y poco a poco empezarán a desaparecer. Continúa mirando fijamente y de pronto encontrarás que hay vacío... un hermoso vacío te rodea. Nada que hacer, nada que ser, porque ya eres eso.
La iluminación no es algo para ser alcanzado, es sólo para ser vivida. Cuando digo que alcancé la iluminación, simplemente me refiero a que decidí vivirla. ¡Ya es suficiente! Y desde entonces la he vivido. Es una decisión el que ahora no estás interesado en crear problemas, eso es todo. Es una decisión el que ahora has acabado con todo este absurdo de crear problemas y de encontrar soluciones.
Todo este absurdo es un juego que estás jugando contigo mismo: tú mismo te estás ocultando y tú mismo te estás buscando, eres ambas partes. ¡Y lo sabes! Por eso es que cuando lo digo, sonríes, te ríes. No estoy hablando de algo ridículo; tú lo entiendes. Te estás riendo de tí mismo. Sólo obsérvate al reír, sólo mira tu propia sonrisa; ¡tú la entiendes! Tiene que ser así porque es tu propio juego: estás escondiéndote y esperándote para poder buscarte y encontrarte.
Puedes encontrarte ahora mismo porque eres tú el que se está escondiendo. Por eso es que los maestros Zen continúan golpeando. Siempre que alguien llega y dice, 'Me gustaría ser un buda,' el maestro se enoja mucho. Porque está preguntando algo absurdo, él es un buda. Si Buda viene a mí y pregunta cómo ser un buda, ¿qué se supone que yo haga? Golpearé su cabeza. ¿'A quién crees que estás engañando? ¡Eres un buda!'.
No te crees un problema innecesario. Y la comprensión amanecerá en ti si observas cómo haces un problema más y más y más grande, cómo lo haces girar, y cómo ayudas a que la rueda se desplace más rápido, más rápido y más rápido. Entonces de pronto estás en la cima de tu desdicha y estás necesitando la compasión de todo el mundo.
El ego necesita algunos problemas. Si entiendes esto, en el entendimiento mismo las montañas se convierten en montículos otra vez, y entonces también los montículos desaparecen. De pronto hay vacío, vacío puro en todas partes. De esto se trata la iluminación: una profunda comprensión de que no hay problema. Entonces, sin ningún problema para solucionar, ¿qué harás? Inmediatamente empiezas a vivir. Comerás, dormirás, amarás, tendrás una charla, cantarás, bailarás. ¿Qué más hay que hacer? ¡Te has convertido en un dios, has empezado a vivir!
Si la gente puede bailar un poco más, cantar un poco más, estar un poco más loca, su energía fluirá más, y sus problemas poco a poco desaparecerán. De ahí que insisto tanto en la danza. Baila hasta el orgasmo; deja que toda la energía se convierta en danza, y de pronto verás que no tiene cabeza alguna. La energía atorada en la cabeza se está moviendo por todas partes, creando hermosos patrones, imágenes, movimiento. Y cuando bailas llega un momento en que tu cuerpo deja de ser algo rígido, se vuelve flexible, fluyendo. Cuando bailas viene un momento en que el límite ya no está tan claro; te derrites y te fundes con el cosmos, los límites se están mezclando. Entonces no creas ningún problema.
Vive, baila, come, duerme, haz las cosas tan totalmente como sea posible. Y recuerda una y otra vez: siempre que te veas creando cualquier problema, escúrrete de él, inmediatamente. Osho

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