lunes, 3 de julio de 2017

Sólo un ego desea controlar a otro ego

El almanaque de Brahma Kumaris tiene unas frases muy poderosas.
La del día de hoy reza: "Del mismo modo que yo nunca debería pretender controlar a nadie, nunca debo permitir que nadie me controle a mi".
Sólo un ego desea controla a otro ego.
Sólo una visión fragmentada de lo que somos desea controlar a los animales, a los vegetales, a los virus, a los padres o a los hijos.
Ego es egoísmo.
Es una enfermedad de la percepción.
Es una miopía espiritual.
Que no ve ni quiere ver que todos somos extensiones de la misma divinidad.
Como si una rama de un árbol quisiera controlar a las otras ramas.
"No crezcas por allí, mejor hazme caso y crece hacia la derecha y luego al llegar a donde está aquella fruta rotas hacia la izquierda unos 50 grados en sentido horario".
"Sigue mis consejos porque yo tengo más experiencia que tú".
Tanto el que pretende controlar como el que es controlado están en modo "ego".
Por lo tanto son ego-istas.
El egoísta es el que no puede ver la gran conexión.
El que no comprende que Dios no está en las alturas sino dentro de su corazón.
Dentro de cada una de sus células.
En cada bocanada de aire, y en cada palabra que lanza al universo infinito.
El ego que quiere controlar es yang.
El ego que es controlado es yin.
En vidas sucesivas cambian papeles.
El que controló pasa a jugar el papel de controlado.
Y el controlado pasa a controlar.
Cuando la conciencia se expande.
No queremos controlar a nadie.
Ni permitimos que nos controlen.
Sin embargo hay muchos egos yang en los gobiernos del mundo.
Que lo quieren controlar todo.
Quieren saber cuánto ganas por mes para deducir cuál es su porcentaje.
Quieren saber sobre tus ideas políticas y religiosas.
Quieren saber qué programas de televisión miras.
Y otros detalles sobre tu intimidad que denominan "encuestas de hogares".
La necesidad de controlar revela un gran miedo.
Miedo de perder su poder, sus privilegios, su dominio sobre otros egos.
Pero por muy grande que sea el poder.
No son felices ni podrán serlo.
Hasta que comprendan la gran conexión.
Que somos un gran organismo al que debemos servir con amor apasionado.
Para encontrar nuestra propia grandeza y sentido a la existencia.


-Martín Macedo-

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