viernes, 29 de diciembre de 2017

Sólo la gran voluntad puede convertir al último en el primero.


Sólo la gran voluntad puede convertir al último en el primero.
El talento facilita pero no garantiza el triunfo.
La única garantía es la voluntad infinita.
Nadie será el primero si no lo desea ardientemente.
Los deseos débiles no atraen nada.
No tienen poder.
Pero un deseo ardiente puede estremecer el universo visible e invisible.
Y hacer que el más frágil, más desposeído, menos dotado y favorecido.
Se transforme en un gigante.
Tan grande como su visión.
Tan grande como su deseo.
Tan grande como la fuerza que le dio origen.
El ser humano es un gigante jugando a ser pequeño.
Y para que el juego sea emocionante se debe asumir el papel con absoluta sinceridad.
Y llegar a creer que es sólo un cuerpo efímero expuesto a múltiples amenazas.
Que teme morir o sufrir.
La gran voluntad hace crecer tu cabello y que tu corazón bombee sangre como un coloso.
La gran voluntad hacer girar a los planetas y traslada galaxias enteras en precisas direcciones.
La gran voluntad impregna cada rincón del universo.
Y tú eres parte de ella.
Sólo debes respirar hondo y sentirla entrar a tu sangre.
Eres el infinito jugando a ser pequeño.
Entonces cuando quieras jugar a ser grande.
Podrás hacerlo cuantas veces quieras.
Y comprenderás que el último y el primero.
Son idénticos.
Son diferentes momentos.
De un círculo eterno.
Que siempre vuelve a su punto de origen.
Para volver a llorar de emoción.

-Martín Macedo-

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