viernes, 6 de octubre de 2017

No hay ganancia sin dolor

No hay ganancia sin dolor dicen algunos atletas.
Quien quiera celeste que le cueste afirman otros.
Todo lo que tiene frente tiene dorso decimos los estudiantes del Orden del Universo.
Todo lado fácil tiene su contracara difícil.
Todo experiencia placentera implicará pagar un precio por ella.
Para recibir debemos primero dar.
¿Pero dar qué?
Dar nuestra energía.
Nuestra "entrega".
Estamos entregando nuestra energía, poniendo lo mejor en cada instante mientras nos acercamos al ideal que tenemos en mente.
No se trata de esforzarse.
Dios no se esfuerza.
Sólo el ego se esfuerza.
Y se preocupa porque si se esfuerza mucho quedará "agotado", "cansado" y probablemente tenga lesiones por un exceso de trabajo.
Se trata de dar energía.
De focalizar la energía.
De administrar la energía que no es nuestra porque nosotros simplemente somos administradores de lo infinito.
Le pedimos al Padre la fuerza infinita, y la aplicamos con persistencia y pasión.
Ahí está nuestra "entrega".
No es nuestra.
Porque sería una soberbia querer apoderarnos de un trozo del universo.
Simplemente permitimos que algunos paquetes de energía e información sean proyectados en la dirección de nuestra visión.
Ese es nuestro trabajo.
No es esforzarse, sino apasionarse, enfocarse y comprometerse.
Mientras gozamos de la experiencia.
Nos hacemos más y más fuertes.
En la medida que aprendemos a manejar cantidades cada vez mayores de energía e información.
Por ello en la vía macrobiótica nuestro destino es inevitablemente convertirnos en maestros de la energía.
Porque estamos todos metidos en una abundancia fastuosa.
Y aprendemos a nadar y a disfrutar de la experiencia de la creación infinita.


-Martín Macedo-

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