domingo, 13 de enero de 2019

La mayor enfermedad de la comprensión se llama dualismo.

No se puede crear salud atacando a la enfermedad.
No se puede crear riqueza atacando a la pobreza.
No se puede erradicar el vicio castigando a los viciosos.
La mayor enfermedad de la comprensión se llama dualismo.
Dual, significa ver dos y no ver Uno.
Sólo veo dos y me quiero quedar con uno y eliminar al otro.
Veo el comienzo y el final de mis vacaciones.
Quiero el comienzo pero no quiero el final.
Quiero el comienzo pero no puedo destruir el final de estos días tan esperados.
Es que nos han condicionado desde niños a que el mal debe ser suprimido, aniquilado, destruido, debe desaparecer para siempre.
Veíamos a nuestros super héroes como superman o batman cómo luchaban contra el mal y lo hacían explotar en mil fragmentos que desaparecían en la inmensidad del universo.
O terminator o cualquier otra clase de héroe que en su lucha contra el mal busca su completa y total aniquilación.
Entonces toda nuestra civilización occidental está impregnada de esta idea.
El mal debe ser suprimido.
Hay que temerle.
Hay que luchar contra el mal aún agotando todos los recursos y todas las energías.
Como cuando los estadounidenses consideraron que los malos eran los japoneses y los destruyeron con todas sus fuerzas llegando incluso a tirarles dos bombas atómicas.
Con el mal no se puede negociar.
Hay que destruirlo cueste lo que cueste.
Es el camino del héroe.
En el boxeo occidental, ambos contrincantes se atacan con todas sus fuerzas.
Se han preparado durante meses fortaleciendo sus puños, sus brazos, sus habilidades técnicas para hacer el mayor daño posible al "enemigo que me quiere quitar el cetro de campeón mundial y se quiere llevar mi dinero, mi fama y mi gloria"
Entonces golpeará su cara y tratará de destruir su boca, sus ojos, sus costillas, sus dientes".
Y los aficionados aplauden y se deleitan con el espectáculo que será más emocionante cuanto mayor sea la destrucción.
Así procede la medicina cuando ataca con armas finamente calibradas los síntomas o los virus o las bacterias.
Así procede la economía cuando ataca la pobreza con una forzada distribución de la riqueza que genera conflictos y rencores entre los diferentes estratos sociales.
Todo esto es debido al dualismo.
La incapacidad de ver a los opuestos como una unidad inseparable.
El mal siempre regresa.
La pobreza siempre regresa.
Los virus siempre regresan.
Las células malignas siempre regresan.
No puedo tener un feliz viernes sin un temido lunes.
No puedo tener felicidad si antes no superé las dificultades de la vida y de la muerte.
En la visión de extremo oriente, el yin y el yang son considerados como las dos manos de Dios.
Son opuestos, duales, pero están íntimamente conectados y no pueden existir aisladamente.
Por eso los judokas se saludan en señal de gratitud antes y después del combate violento, pero se cuidan mutuamente porque se necesitan para continuar su perfeccionamiento al día siguiente.
Por eso en la comprensión sana o monista abrazamos la enfermedad entendiendo que sólo desde la enfermedad puede surgir el despertar de la sabiduría hacia la creación de la salud.
Agradecemos a nuestra pobreza porque sólo desde ella podemos crear la voluntad de hierro para elevarnos hacia la prosperidad infinita.
Abrazamos los caminos difíciles, porque cuando los recorremos creamos la fuerza infinita que hará que al final todo parezca super fácil.
El dualismo divide y crea odios y guerras.
El monismo ve más allá de las aparentes diferencias irreconciliables.
Y ve la unidad que subyace a la división.
Y ama ambos lados.
Como quien ama tanto su pecho como sus espaldas.

-Martín Macedo-

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