martes, 1 de diciembre de 2020

La inteligencia infinita no se destruye a si misma

 Los administradores de esta prestigiosa red social me preguntan: ¿Martín, qué estás pensando?

Yo les diré lo que estoy pensando.
Que un virus es un pequeño fragmento de inteligencia infinita.
Un trozo de vida infinita impulsado por una gran voluntad.
Que los seres humanos somos también fragmentos de la inteligencia infinita.
Porque la inteligencia está hasta en una gota de agua.
Hasta en un electrón.
Ni siquiera una pulga escapa a la magia de la gran inteligencia.
Es verdad que hay tontos y estúpidos pero son los valles y las crestas de la dualidad.
Pero más allá de los cambios efímeros la gran inteligencia no descansa nunca.
La inteligencia infinita no va a destruirse a si misma.
Cuando "ataca" a otra expresión es para perfeccionarla y volverla más fuerte y poderosa.
Si la inteligencia se destruyera a si misma no sería inteligente.
Y el universo entraría en su propia aniquilación.
Si un fármaco o un agroquímico matan a 100 millones de personas no es una actividad de la inteligencia infinita sino de la inteligencia humana.
Pero la gente toma fármacos con total inocencia durante toda su vida porque confía en sus médicos altamente inteligentes que le dicen "esto te hará sentir mejor".
Y se dejan vacunar contra casi todo lo que mercado sanitario ofrece.
Sin embargo desprecian el regalo de la inteligencia infinita.
El microbio extraordinario, que es un maestro severo que ha venido para que cristalicemos a velocidad máxima la salud absoluta.
El amor infinito es muy paciente; nos da tiempo para que hagamos todas las tonterías posibles.
Pero todo tiene un límite.
Llega un momento que las cosas se ponen serias.
Es como cuando se termina la fiesta de bodas.
Es la hora de ir a buscar el abrigo y volver a casa.
Pero algunos quieren seguir la fiesta aunque hayan cerrado el salón.
Entonces tiene que venir la policía y se molestan porque no les permiten seguir su diversión.
Cuando el caos llega al límite retorna el Orden.
Hemos llegado al límite.
Es hora de tomar una decisión.
O cogemos el abrigo y volvemos a la sobriedad.
O seguimos en una fiesta eterna donde tendremos que ser llevados compulsivamente.
Los que no construyan un sistema inmune poderoso por las vías naturales, serán obligados a crearlo con vacunas.
Porque el paradigma actual es que sólo estas pueden frenar las epidemias del mundo.
Y la élite aprovechará para ponerle otras cositas que los creyentes ni se imaginan.

-Martín Macedo-

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