lunes, 11 de enero de 2021

Al Reino de los Cielos se entra con el cuerpo y con la mente

 Al Reino de los Cielos se entra con el cuerpo y con la mente.

No es posible acceder apenas psicológicamente.
Las religiones tradicionales ponen el énfasis en el alma; el cuerpo es considerado como algo sin mucho valor espiritual, incluso como el asiento de todas las pasiones densas y mundanas.
Hasta se lo considera como un obstáculo para el crecimiento espiritual y para la salvación del alma.
Otra vez el dualismo; los buenos contra los malos, los malos contra los buenos.
El alma es buena y pura; el cuerpo es donde anidan todas las malas inclinaciones.
Se crea así un rechazo subconsciente hacia el cuerpo.
Hay una parte de mi que rechazo y no sé por qué.
Hay una parte de mi que no acepto.
Hay una parte de mi que no amo.
Todos buscamos la felicidad, entrar al Reino de la Felicidad o Reino de los cielos.
Y busco ingresar....pero todos mis esfuerzos fracasan porque mi cuerpo de pecado no es admitido.
Mi alma tiene permiso pero mi cuerpo no.
Pero no los puedo separar, así que por culpa de mi cuerpo me quedo mirando la puerta del paraíso.
Ese sistema de creencias crea el conflicto.
Pero en la visión espiritual de las culturas ancestrales cuerpo y alma son sagradas, son inseparables, y ambas tienen el mismo valor como lo tiene la raíz y la fruta de un manzano.
Si creo que la raíz del manzano está podrida y enferma no me apetecerá comer sus frutas por muy lindas que se vean.
Porque sentiré que la peste está en todo el árbol.
Cuando vemos la conexión y perfeccionemos la calidad de los pensamientos tanto como la calidad sanguínea nos convertiremos en ángeles de luz y podremos residir en el Reino de los Cielos.
Ohsawa decía que aquellos que no están demasiado apurados para entrar en el Reino de los Cielos pueden comer alimentos animales con frecuencia.
Pero para los que estén decididos a entrar cuanto antes deben reducirlo al mínimo, lo justo para darle un plus de fuerza al cuerpo.
Como dice Lauro Trevisan la vibración del amor está en el corazón, en los ojos, en la forma de andar....no sólo en el sentimiento.
La felicidad de residir en el Reino por lo tanto estará en nuestra parte más densa (yang) y en nuestra parte sutil (mente).
Por esa razón los maestros espirituales que enseñan doctrinas de salvación basadas en el entrenamiento mental únicamente y fuman y beben alegando que el cuerpo es denso y temporal engañan a sus seguidores.
La felicidad del cuerpo y la felicidad de la mente son uno.
Por esa razón el residente del Reino de los Cielos valora ambos ya que ambos son inseparables y se requiere amarlos por igual.
Porque Dios es el cuerpo.
Dios es el alma.
Dios es la totalidad de la totalidad.

-Martín Macedo-

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