jueves, 21 de enero de 2021

Hay una Presencia de vida que nos escucha

 Hay una Presencia de vida que nos escucha.

Cualquier cosa que le pidamos nos la concede.
Si le pedimos poco nos dará poco.
Si le pedimos mucho nos dará mucho.
Se trata de un nivel de realidad muy sutil, muy yin.
Como es muy yin, no se puede ver, ni oir.
Los órganos de los sentidos no sirven en ese mundo yin.
Estos órganos sólo sirven en el mundo de las formas físicas.
Y los que juzgan algo como real en base a estos órganos viven en una estrechez mental absoluta.
Ohsawa lo llamaba el juicio sensorio.
Este mundo de los sentidos es muy grande; hay tantas cosas para ver, para oír, tantos alimentos para degustar, tantos olores, tantas sensaciones.
Pero como este mundo tiene limitaciones, no hay suficiente para todos y las personas pelean y compiten con violencia para acaparar y asegurar su cuota.
Las personas demasiado yang se aferran a las formas, a las cosas y desarrollan técnicas y dialécticas para acumular cosas.
Pero como no pueden percibir este mundo sutil donde se halla la realidad espiritual siente que deben esforzarse y luchar para obtener las cosas que desean.
Pero las personas avanzadas espiritualmente sienten esa realidad, esa presencia de amor infinito, que escucha siempre lo que le decimos.
Como un padre que tiene muchos hijos y está siempre atento a todas sus necesidades y dificultades.
Así es la inteligencia infinita; así la percibo yo.
Ella es puro amor; no se cansa de apoyar todo aquello que deseamos.
Tiene todos los recursos inimaginables y eso es lo que algunos denominan abundancia.
Lo que sea que le pidas te lo dará.
Por esta razón y desde esta perspectiva, no hay pobres.
Todos somos inmensamente ricos porque todos los tesoros son nuestros.
Basta pedirlos a la fuente de la inteligencia infinita.
Pero muchas personas experimentan una profunda pobreza.
Eso se debe a que son demasiado yang.
No toman en cuenta esta presencia y dicen cualquier palabra e imaginan cualquier cosa.
Usan las peores palabras y no se aman a si mismos ni a los animales ni a la naturaleza.
No lo sienten a Dios, ni adentro ni afuera.
No creen en Dios o en la presencia o en la matriz inteligente.
El infierno es muy yang, pues hace calor, mucho calor y sus habitantes son despojados de todo su poder.
Ohsawa decía que había que dejar de comer tantos derivados animales yang para entrar al Reino de los Cielos.
Este es muy yin, porque las alturas son yin y allí sus habitantes complacen instantáneamente todos sus deseos.
Si quieren salud la obtienen instantáneamente.
Si quieren felicidad la obtienen enseguida.
Si quieren amor lo encuentran en todo momento.
La salud infinita requiere una saludable relación con esta presencia que escucha y atiende.
Aprender a hablar su lenguaje.
A sentir su amor, su dulzura, su devoción por nuestro bienestar.
Ello requiere una preparación, un desarrollo del nivel de consciencia.
Pero cuando se consigue es la mayor de las delicias.
Te conviertes en un rey, en una reina.
Todo el poder apoya tus deseos.
Y éstos se satisfacen inmediatamente.
Y te sientes tan feliz, tan agradecido.
Entonces no es necesario ir al cielo.
Porque no hay ningún lugar a dónde ir.
Sólo disfrutar de tu nuevo descubrimiento.

-Martín Macedo-

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