lunes, 21 de marzo de 2016

La “puerta” del cambio solo puede abrirse

No nos gusta nada el cambio. Algo diferente nos asusta. Una nueva relación, un nuevo trabajo o reto, una ruta que no es la de siempre, el cambio de casa, de estado civil, de barrio…, generalmente nos cuesta y aún cuando sabemos que nos irá mucho mejor que en la situación actual, nos acobarda enfrentarlo y lo vamos posponiendo, escondiendo la cabeza cual avestruz. Y en el caso de que generemos una enfermedad, separación, despido, desahucio o pérdida, nos aferramos a la negación, queja o culpa y la ansiedad, temor o depresión que sentimos nos inmoviliza.

Si hay algo seguro en esta vida es el cambio. La base misma de todo el mundo material, incluido el ser humano, es energía en constante movi-miento y transformación, aunque la apariencia externa sea de quietud. Y como nos resistimos al cambio, pretendemos que todos y todo lo hagan por nosotros.

Queremos que cambien nuestra pareja, nuestros padres, nuestros hijos, el gobierno, la situación económica, el clima, que nos cambien de jefe y se mude el ruidoso vecino de arriba. Estamos seguros de que si todos y todo cambiara, no tendríamos problemas y viviríamos felices para siempre. Es simplemente imposible. 

Nadie puede convencer ni forzar a otro para que cambie. Podrá pretenderlo y amenazarlo o castigarle para que haga o deje de hacer algo, pero ello no conlleva la transformación del ser humano: en cuanto desaparezca el peligro o la amenaza, será como está siendo o peor.

La “puerta” del cambio solo puede abrirse por dentro. Por eso nunca podrán cambiarse formas de ser, que son efectos, si no los ha precedido un cambio de creencias y paradigmas, las verdaderas causas. Por muchas promesas o fuerza de voluntad que se le ponga, no hay transformación posible.

Si las creencias y el modelo mental que conforma la forma de pararnos en el mundo sigue siendo el mismo, y por tanto el filtro de percepción tampoco cambia, hagamos lo que hagamos, los resultados serán idénticos. Y seremos unos locos si pretendemos lo contrario, pues, como bien definió Einstein, locura es pretender resultados diferentes haciendo (yo diría mejor pensando), siempre lo mismo. 

Todo cambio es una oportunidad de volver a empezar. Aprender del pasado y adoptar un nuevo paradigma en el que las creencias se correspondan con nuestra grandeza, libertad de elección, poder creativo y apoyo amigable de las fuerzas universales. Abrir el pomo y atravesar esa “puerta” al cambio con confianza, ilusión y entrega, hacia la totalidad de las posibilidades.

(Ana Novo, autora del libro “Elige tu vida, ¡ahora!)


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