miércoles, 29 de junio de 2016

Cuando dejé perder a mi ego gané todo lo demás

El ego es producto de una educación emocional deficiente, que se ha hecho fuerte alrededor de una idea: el éxito es mostrar ante los demás una imagen sin defectos, sin miedos o dudas. Prácticamente es una obligación deslumbrar al otro, aunque eso suponga ensombrecer lo que en realidad sentimos, lo que verdaderamente deseamos. Así, en muchas ocasiones confundimos la autoestima con mantener nuestro ego a salvo.
Tu ego herido revela que sufres por cualquier marca de humillación y derrota ante la vista de los demás, algo que no toleras bien y que te hace sentir triste y colérico al mismo tiempoNos enseña a ganar, pero para ello debemos estar dispuestos a aprender. Eso implica sentirnos vulnerables, caer y volvernos a levantar infinidad de veces. Perder el ego, para ganar lecciones de vida.
En ese ciclo, requieres estar preparado para no ser siempre la mejor versión de ti mismo y aceptar que los demás pueden ver de ti aquello que siempre quieres ocultar. Si quieres moverte de donde estás, requieres asumir el riesgo de perder la vanidad en muchas circunstancias. Muchas personas se consumen a ellas mismas por no asumir riesgos que puedan situarlos “en la cuerda floja”. Dejan ganar a su ego y pierden todo lo demás.


La lucha por nuestro ego nos arrebata la tranquilidad

Un vacío existencial puede estar consumiéndote, pero prefirieres seguir fingiendo a tolerar mostrarte vulnerable. Sin embargo no padeces ninguna patología en especial, simplemente padeces un rasgo común que engloba a un gran número de personas: la vanidad, llena de ego, carente de “yo”.
“Cada autobiografía se ocupa de dos personajes, un Don Quijote, el ego, y el Sancho Panza, el yo” -W. H. Auden-
Se dice que a veces es más preferible ser felices a tener la razón. Asumir lo que ante los demás se puede llamar fracaso, pérdida o debilidad para conquistar la nuestra propia tranquilidad. A veces ni tan siquiera luchamos por una causa o por un asunto en el que sepamos que nuestro punto de vista es certero en su totalidad y aún así nos empeñamos “en salirnos con la nuestra”.


La lucha por mantener nuestro ego es una derrota segura

La lucha por mantener nuestro ego a salvo es una lucha sin tregua de nuestro yo con el mundo, en la que implícitamente ya tenemos la derrota asegurada. Un día podemos darnos cuenta de que no asumir una debilidad la ha potenciado y ha hecho que incluso perdiéramos personas a las que queríamos y nos querían en el camino.
“Andar por ahí con ego es algo malo. Tener confianza en ti mismo es algo grande” -Fred Durst-
Para ganar algo que queremos, por la mera satisfacción que nos produce y no por demostrar nada a los demás, requerimos aparcar la vanidad en numerosas ocasiones. Eso supone experiencia, eso supone renuncias pero también supone vivir con significado.
También supone equivocarnos en nuestra forma de proceder en muchas ocasiones y mirar atrás sin esperar que el tiempo nos de la razón. Quizás nunca la tuvimos o puede que incluso teniéndola tampoco nos sirva de nada en un presente que poco o nada tiene que ver con lo que ya pasó.

Cuando dejas perder a tu ego, recuperas tu vida

Deja perder al ego la lucha por conquistar tu interior para recuperar el control de tu vida. Tus emociones, sentimientos y pensamientos son automáticos e impredecibles al igual que los sucesos que pueden acontecer en tu vida. Bastante difícil es lidiar con las contradicciones y eventos diarios de nuestra vida como para intentar que siempre todo salga perfecto o exactamente como le gustaría a los demás.


Si quieres ser siempre perfecta y mostrar siempre la mejor versión de ti misma, quizás no te quedará otro remedio que ver la vida pasar.Sentada, bien vestida y sonriente. Sin equivocarte, sin asumir riesgos.Lo más parecido a no vivir en absoluto.
No siempre vas a ser una balsa de aceite, no siempre te sentirás bien anímica mente y no siempre tendrás una imagen perfecta. Posiblemente te mostrarás imperfecto ante los demás, pero también estarás viviendo con intensidad.
Con nuestras subidas y bajadas, con nuestras glorias y con nuestras miserias vamos viviendo la vida como mejor podemos. Todo ello forma parte de nosotros mismos, por mucho que cueste asumirlo. Muchas de las imperfecciones que tanto tú como los demás consideran intolerables son invisibles para el resto. A veces, la pérdida de la vanidad es la adquisición de la verdadera autoestima.
“El auténtico yo es la mejor parte del ser humano. Es la parte de ti que ya se preocupa, que ya está apasionada sobre la evolución. Cuando tu auténtico yo milagroso se despierta y se vuelve más fuerte que tu ego, intentarás marcar una diferencia en el mundo. Literalmente entrarás en una alianza con el principio creativo” -Andrew Cohen-
Muchas de las equivocaciones pasadas han dejado de existir en la memoria de los otros y solo existen en las estrategias defensivas de tu yo dolido y arrogante, de tu ego asfixiante que te deprime y te arrebata el ahora para buscar un triunfo que ya no puede existir, ya que lo único que queda por sanar es el rencor y la ira de tu interior.
Abre la puerta de salida a tu ego, deja que se marche con todas sus artimañas. Abre la puerta a la vida, aunque a veces duela. Deja que tu ego pierda, merece la pena y hace posible el encuentro.

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