sábado, 10 de enero de 2026

El ego no desaparece, pero pierde su dominio

 

El ego no desaparece, pero pierde su dominio
En el Zen no se busca eliminar el ego como quien arranca una planta de raíz.
Eso sería otro acto del ego: “Yo voy a eliminar al ego.”
Lo que se busca es reconocer su naturaleza vacía, impermanente y condicionada.
Cuando brilla esta comprensión, el ego deja de ser el tirano interno.
En su lugar aparece la espontaneidad, la compasión y una inmensa claridad.
El ego no desaparece: simplemente pierde solemnidad.
Pierde la ilusión de ser un centro fijo.
Pierde el poder de hacerte sufrir.
Vivir sin aferrarte a la identidad
No eres tu oficio.
No eres tu pasado.
No eres tus traumas.
No eres tus éxitos.
No eres tus opiniones.
No eres tus emociones.
Todo eso cambia en un abrir y cerrar de ojos.
Cuando dejas de aferrarte a esas etiquetas, el mundo entero se vuelve más amplio, menos amenazante y más íntimo.
Empiezas a sentir la vida como un movimiento continuo, no como una propiedad personal.
Conclusión
El propósito no es destruir al ego, sino ver su naturaleza ilusoria para dejar de ser esclavo de él.
Cuando comprendemos esto profundamente, nace una libertad suave, un silencio interior y una paz que no depende de condiciones externas.
Esa comprensión es la puerta de la verdadera sabiduría.

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