martes, 6 de abril de 2021

Por no querer morir estamos aceptando no vivir

El camino al infierno esta pavimentado de buenas intenciones, y los “ismos” son eso mismo; excelentes intenciones vistas desde una perspectiva salvadora, luminosa y repleta de incondicionalidad romántica. También existe siempre un lado oscuro donde esos “ismos” se transforman en estructuras de pensamiento radical y muchas veces alejado de la realidad más simple de ver. Cuando a Bhagwan Shree Rajneesh le preguntan en su libro “Psicología de lo Esotérico” ¿qué enseñas y cuál es su doctrina?, él responde así: “no estoy enseñando una doctrina. Enseñar una doctrina es insensato. No soy un filósofo; mi mente es antifilosófica. La filosofía no ha conducido a ninguna parte ni puede hacerlo. La mente que piensa, que cuestiona, no puede saber”. Continua Rajneesh diciendo: “existen tantas doctrinas. Sin embargo, una doctrina es una ficción, una ficción humana. No es un descubrimiento, es una invención. La mente humana puede crear infinidad de sistemas y doctrinas, pero es imposible conocer la verdad por medio de teorías. Una mente repleta de conocimientos es una mente destinada a permanecer ignorante”. Continua diciendo: “la revelación llega cuando se suspende el conocimiento. Existen dos posibilidades: o bien pensamos acerca de algo o nos acercamos a ello en forma existencial. Mientras más piensa una persona, más se aleja de lo que está aquí y ahora. Pensar acerca de algo equivale a perder contacto con ese algo”.

Vamos a la Gestalt-terapia. Este abordaje de lo humano, le presta una importancia muy grande al “campo”. El campo es para Lewin: “el conjunto de todas las fuerzas que actúan sobre un punto cualquiera del mismo (campo)” y agrega que “al considerar que un individuo o un grupo se halla situado en un campo, implícitamente su comportamiento depende del conjunto de todas las fuerzas que actúan sobre él en cada momento”. Estas consideraciones van mucho más allá de las teorías intra-psíquico-analíticas así como las que jerarquizan la conducta como forma de enfermar o sanar; van también a invalidar toda forma discriminadora entre lo psíquico y el medio y privilegia la idea de que el afuera y el adentro en un individuo son partes de un todo y nunca han de poder aislarse sin que ocurra un problema de salud mental.

Parafraseando nada menos que a Heidegger, el ser humano es (al igual que todo ser vivo) un “ser-en-el-mundo”. Por todo esto, solo se puede ver el accionar del campo, es decir la conexión, contacto, relación, consonancia entre ser y mundo en la medida en que estemos dispuestos a escuchar la realidad.

¿Qué realidad? La respuesta es: el campo. 

¿Y como se llega a esto? La respuesta es: por la creación del vacío interno de un individuo que vamos a llamar: “vacío fértil”. 

Fritz Perls, el padre de la psicoterapia y pedagogía que llamamos Gestalt-terapia, describe al vacío fértil como: “una experiencia “esquizofrénica” en miniatura, difícil de tolerar, que exige confianza y coraje y que resulta más familiar al artista que al intelectualizador: el artista se mueve en ese espacio, es la condición de su creatividad, y sabe que ha de abstenerse de intelectualizar para no abortar el proceso. En el vacío fértil, la confusión se transforma en claridad, la emergencia en continuidad, la interpretación en vivencia…la experiencia de vacío fértil no es subjetiva ni objetiva. Tampoco es introspección. Sencillamente es darse cuenta sin especular”.

Yo diría que poseer la experiencia del vacío fértil crea una profunda transformación. Es la forma de no caer en “ismos” y genera una intensa experiencia de esta vivo en un estado único, en el absoluto presente y donde no hay más que “eso que está allí y nada más que eso que está allí”. Es entonces cuando todo es claro y determinado por la estrecha y constante armonía entre organismo y ambiente. Claudio Naranjo intentaba que sus alumnos y pacientes tuvieran esta experiencia del vacío fértil pues es una experiencia no intelectual, tampoco afectiva ni activa, no es producto de la comprensión ni de cuanto sabemos acerca de nosotros mismos. Es todo eso a la vez. Es una experiencia en el presente que solo puede presentificarse si aceptamos desde lo más íntimo que podemos abandonarnos a un instante de contacto con “todo”. 

Quiero expresar en este momento que este estado tan difícil de describir al punto de que lo podemos hacer solo a través de metáforas, es absolutamente común a todos nosotros. Experimentamos esto a diario aunque no somos conscientes de ello. Es más; somos guiados en nuestras vidas por este vacío. El tema es darle un lugar en nuestra conciencia. Para darle este espacio dentro de nosotros tenemos que apelar a un método-camino que promueva una forma de experiencia colectiva que haga que el otro es testimonio de mi experiencia y yo de la suya. Tiene que haber condiciones para que la conciencia lo haga propio. El medio, léase: mis pares, y uno mismo: yo, son la materia prima para la conquistar la unidad necesaria para la experiencia. Alguno podrá preguntarse si no alcanza con tener esta vivencia de forma solitaria y mi respuesta es obviamente afirmativa. El tema es que el contacto con otros para compartir esta experiencia con interlocutores que estimulan mi recuerdo y mi esfuerzo por expresar lo que me ocurrió son la clave del desarrollo de mi conciencia. Con todo esto intento que quede claro mi parecer acerca de que los seres humanos estamos frente a una encrucijada vital. El cientificismo, el academicismo, las ideologías “ismo”, el filosofismo, el romanticismo, el racionalismo y cualquier activismo o radicalismo son la clave fundamental del fracaso de la salud y el amor de nuestra sociedad global.   

¿Qué nos está pasando?, ¿qué es lo que nos está pasando? La respuesta es que pocos, muy pocos están conscientes de su vacío. Estamos inundados de ideas que seguimos como autómatas. Es el siglo de los robots humanos que seguimos a los que tienen la voz más alta y creen que saben algo y lo colocan en su cajita de cristal y oro para mostrarlo y sentirse importantes. Luego sacan de su cajita -donde también se colocan a sí mismos para intentar vivir- y salen oportunamente con un megáfono a dictaminar sus verdades siendo muchas veces más autoritarios que aquellos a los cuales quieren detractar. Seres “importantes” que humillan la raza humana y que son seguidos por los débiles de espíritu. Aquellos que precisan a papás y mamás que les digan lo que tienen que hacer regalando su libertad en nombre de mayorías llenas de culpas por no tener la valentía de vivir. Precisamos tener disciplina para vivir y conocimientos, aunque sin la fertilidad que surge de nuestra esencia vacía, todo parece escaso.

Tenemos que vivir con el temor a morir. 

Esta es la respuesta de siempre y para siempre. La respuesta que nos hace responsables de nuestra propia vida y que no nos permite renunciar a nuestra libertad. Es estar presentes en el aquí y ahora como propósito de vida.

Fernando De Lucca


lunes, 5 de abril de 2021

Las casualidades no existen

 Los últimos descubrimientos científicos corroboran que la vida no es un accidente regido por el azar, la suerte ni las coincidencias. Por más que nos cueste de ver, cada uno de nosotros recoge lo que siembra. Ni más ni menos.

Formamos parte de una sociedad materialista, completamente desencantada del mundo en el que vivimos. Por eso en general solemos creer que nuestra vida es un accidente regido por la suerte y las coincidencias. Es decir, que no importan nuestras decisiones y nuestra acciones, pues en última instancia las cosas pasan por «casualidad». Esta visión de la existencia nos convierte en meras marionetas en manos del azar.

En paralelo, muchos individuos nos hemos vuelto «nihilistas». No es que no creamos en nada. Simplemente «negamos cualquier significado o finalidad trascendente de la existencia humana». De ahí que orientemos nuestra vida a saciar nuestro propio interés, tratando de escapar del dolor y el malestar que nos causa llevar una existencia vacía y sinsentido. Y lo hacemos por medio del placer y la satisfacción que proporcionan a corto plazo el consumo y el entretenimiento.

Pero, ¿realmente la vida es un accidente que se rige de forma aleatoria? ¿Estamos aquí para trabajar, consumir y divertirnos? ¿Acaso no hay una finalidad más trascendente? Lo irónico es que la existencia de estas creencias limitadoras pone de manifiesto que todo lo que existe tiene un propósito, por más que muchas veces no sepamos descifrarlo. No en vano, creer que no tenemos ningún tipo de control sobre nuestra vida refuerza nuestro victimismo. Y pensar que la existencia carece por completo de sentido justifica nuestra tendencia a huir constantemente de nosotros mismos por medio de la evasión y la narcotización.

Es decir, que incluso estas creencias tienen su propia razón de ser. No están ahí por casualidad, sino que cumplen la función de evitar que nos enfrentemos a nuestros dos mayores temores: el «miedo a la libertad» y el «miedo al vacío». Mientras sigamos creyendo que nuestra propia vida no depende de nosotros, podremos seguir eludiendo cualquier tipo de responsabilidad. Y mientras sigamos pensando que todo esto no es más que un accidente, podremos seguir marginando cualquier posibilidad de encontrar la respuesta a la pregunta ¿para qué vivimos?

DEL POR QUÉ AL PARA QUÉ
“El caos es el orden que todavía no comprendemos.”
(Gregory Norris-Cervetto)

Estamos tan cegados por nuestro egocentrismo, que solemos preguntarnos por qué nos pasan las cosas, en lugar de reflexionar acerca de para qué nos han ocurrido. Y eso que existe una diferencia abismal entre una y otra forma de afrontar nuestras circunstancias. Preguntarnos por qué es completamente inútil. Fomenta que veamos la situación como un problema. Y esta visión nos lleva a adoptar el papel de víctima. De ahí que nos haga sentir impotentes.

Por el contrario, preguntarnos para qué nos permite ver esa misma situación como una oportunidad. Y esta percepción nos lleva a entrenar el músculo de la responsabilidad. De hecho, esta actitud es mucho más eficiente y constructiva. Favorece que empecemos a intuir –e incluso a ver– el sentido oculto de las cosas. Es decir, la oportunidad de aprendizaje subyacente a cualquier experiencia, sea la que sea.

Y esto es precisamente de lo que trata la «física cuántica». En líneas generales, establece que «la realidad es un campo de potenciales posibilidades infinitas». Sin embargo, «sólo se materializan aquellas que son contempladas y aceptadas». Es decir, que ahora mismo, en este preciso instante, nuestras circunstancias actuales son el resultado de la manera en la que hemos venido pensando y actuando a lo largo de nuestra vida.

Si hemos venido creyendo que estamos aquí para tener un empleo monótono que nos permita pagar nuestros costes de vida, eso es precisamente lo que habremos co-creado con nuestros pensamientos, decisiones y comportamientos. Por el contrario, si cambiamos nuestra manera de pensar y de actuar, tenemos la opción de modificar el rumbo de nuestra existencia, cosechando otro tipo de resultados diferentes. El simple hecho de creer que es posible representa el primer paso para que, a través de un proceso, podamos hacer que muchos sueños se vuelvan realidad.

LA TEORÍA DEL CAOS
“El aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo.”
(Proverbio chino)

Lo mismo nos sugiere «la teoría del caos». Por medio de complicados e ingeniosos cálculos matemáticos «permite deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente aleatorios». Dentro de estas investigaciones, destaca «el efecto mariposa». Para comprenderlo, lo mejor es hacerlo a través de un ejemplo. Imaginemos que un chico se va un año fuera de su ciudad para estudiar un master en el extranjero. Y que al regresar a casa, entra a trabajar de becario en una empresa.

Sólo un par de días más tarde, aparece una nueva becaria –esta vez procedente de la universidad–, a quien sientan justamente a su lado. Nada más verse, los dos jóvenes se enamoran. Ha sido un flechazo en toda regla. Y lo cierto es que seis años más tarde se casan, forman una familia y viven juntos para siempre. En el caso de este ejemplo, «el efecto mariposa» estudiaría la red causal de acontecimientos que hicieron posible que el chico coincidiera con la chica en un lugar físico determinado en un momento psicológico oportuno.

Al observar su historia detenidamente, comprobamos que el joven decidió estudiar un master a raíz de la separación con su ex novia, a quien conoció años atrás en una discoteca. Remontándonos a esa noche de fiesta, cabe destacar que el chico decidió salir con sus amigos e ir concretamente a esa discoteca tras perder una apuesta. Es decir, que si no hubiera perdido aquella apuesta, no hubiera ido a aquella discoteca y, en consecuencia, no hubiera conocido a su ex novia. Y si ésta no lo hubiera dejado, no habría estudiado el master, que es lo que le permitió entrar a trabajar de becario. Y fue precisamente este empleo el que le posibilitó conocer y enamorarse de la mujer con la que pasaría el resto de su vida. Por todo ello, en la historia personal del chico, perder una simple apuesta le llevó a ganar un amor eterno.

LA LEY DE LA SINCRONICIDAD
“Lo que no hacemos consciente se manifiesta en nuestra vida como destino.”
(Carl Jung)

Por más que el establishment intelectual nos lo haga creer, nuestra existencia no está gobernada por la suerte, el azar ni las coincidencias, sino por «la ley de la sincronicidad». Ésta determina que «todo lo que ocurre tiene un propósito». Pero como todo lo verdaderamente importante, no podemos verlo con los ojos ni entenderlo con la mente. Esta profunda e invisible red de conexiones tan solo puede intuirse y comprenderse con el corazón.

«La ley de la sincronicidad» afirma que «por más que en un primer momento seamos incapaces de establecer una relación causal entre los sucesos que forman parte de nuestra vida, todo tiene una razón de ser». Es decir, que «aunque a veces nos ocurren cosas que aparentemente no tienen nada que ver con las decisiones y las acciones que hemos tomamos en nuestro día a día, estas cosas están ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos, de nuestra manera de comprender y de disfrutar la vida».

De ahí que mientras sigamos resistiéndonos a ver la vida como un aprendizaje, seguiremos sufriendo por no aceptar las circunstancias que hemos co-creado con nuestros pensamientos, decisiones y acciones. También nos perderemos la magia y el encanto inherente a al simple hecho de estar vivos, un reconocimiento que nos lleva inevitablemente a inclinarnos con humildad frente al misterio y la sabiduría de la existencia. Es entonces cuando comprendemos que no suele sucedernos lo que queremos, sino lo que necesitamos para aprender a ser felices y a dejar de sufrir.

No existen las coincidencias. Tan sólo la ilusión de que existen las coincidencias. De hecho, «la ley de la sincronicidad» también ha descubierto que «nuestro sistema de creencias y, por ende, nuestra manera de pensar, determinan en última instancia no sólo nuestra identidad, sino también nuestras circunstancias». Por ejemplo, que si somos personas inseguras y miedosas, atraeremos a nuestra vida situaciones inciertas que nos permitan entrenar los músculos de la confianza y la valentía. Así, los sucesos externos que forman parte de nuestra existencia suelen ser un reflejo de nuestros procesos emocionales internos. De ahí la importancia de conocernos a nosotros mismos para cuestionar, comprender y trascender nuestra ignorancia e inconsciencia.

LA LEY DEL KARMA
“Cada uno recoge lo que siembra.”
(Buda)

Si bien la «física cuántica», «la teoría del caos», el «efecto mariposa» y «la teoría de la sincronicidad» son descubrimientos científicos llevados a cabo en Occidente a lo largo del siglo XX, lo cierto es que no tienen nada de nuevo. En Oriente se llegó a esta misma conclusión hace más de 2.500 años. Es decir, alrededor del siglo V a. C. Según los historiadores, por aquel entonces se popularizó «la ley del karma», también conocida como «la ley de causa y efecto».

Si bien es cierto que algunas ramas esotéricas tienden a vulgarizar y banalizar este tipo de teorías, «la ley del karma» afirma, en esencia, que «todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene consecuencias». De ahí que en el caso de que cometamos errores, obtengamos resultados de malestar que nos permitan darnos cuenta de que hemos errado, pudiendo así aprender y evolucionar. Y en paralelo, en el caso de que cometamos aciertos, cosechemos efectos de bienestar que nos permitan verificar que estamos viviendo con comprensión, discernimiento y sabiduría.

Esta es la razón por la que los sucesos que componen nuestra existencia no están regidos por la «casualidad», sino por la «causalidad». Según «la ley del karma», cada uno de nosotros «recibe lo que da». Esta visión de la realidad elimina toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victimismo. Lo queramos o no ver, somos co-responsables y co-creadores de lo que sucede en nuestra existencia.

Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado 6 de marzo de 2011.

Siente tu poder.

Siente tu poder.

Siéntelo.
No intelectualices.
Porque no podrás sentirlo.
Eres un ser viviente, que siente; no permitas que tu mente cree una ilusión donde no tienes ningún poder.
Eso no te conviene.
Respira hondo, siente la grandeza del universo entrando en tus pulmones.
Piensa en ti como alguien infinito que anhela cosas infinitas.
Si te enfocas con suficiente intensidad accederás a la energía que crea mundos.
Pero debes sentirla intensamente.
Medita, respira, siente lo infinito dentro de tu cuerpo finito.
Atrapa lo sagrado y vuélvete sagrado.
Decide lo que quieres.
Tu vida lo necesita.
Sin esa decisión eres como un objeto de museo.
Eres rico, eres feliz, eres sano, eres amado.
Crea esa visión y siéntela, vívela como si estuvieras ahora dentro de ella.
Persiste en esa realidad "paralela".
Obligarás a su manifestación.
No vas a crear salud porque ya eres sano en tu mente.
No vas a crear prosperidad porque ya eres próspero en tu mente.
No vas a crear felicidad porque la sientes en tu alma.
Sólo vas a aplicar un tipo de magia donde todo lo que deseas pasa de un tipo de realidad que sólo tú ves a una realidad donde todos podremos verlo.
E iremos a felicitarte.

-Martín Macedo-

sábado, 3 de abril de 2021

Podemos elegir la calidad de nuestras células

 En el mundo de las células o en el mundo biológico podemos encontrar invariablemente dos grupos.

Un grupo de alta o máxima calidad biológica.
Un grupo de baja o mínima calidad biológica.
El primer grupo está constituido por células fuertes que disponen de la totalidad de los recursos biológicos.
En el segundo grupo la inteligencia no puede expresarse y esas células son presa fácil de los virus.
Los virus son las expresiones biológicas más yang del mundo; son tan chicos que no los puede ver un microscopio óptico corriente.
Los virus son extremadamente yang y por ello se sienten atraídos por el yin extremo.
Ahora los virus dependen de las células para replicarse; no pueden existir a menos que consigan parasitar una célula y obligarla a crear miles de clones del virus.
Sin embargo la vida de los virus no es fácil.
La membrana celular es altamente selectiva y no permite ingresar elementos extraños ni mucho menos a un virus que viene a matarla, a usarla, a abusar de todos sus recursos.
Sólo una célula muy tonta le daría ingreso a un virus y permitiría semejante abuso que acaba con su vida.
Una célula fuerte y saludable no permite este tipo de abuso.
Ahí los virus no tienen posibilidades de sobrevivir; y por eso andan por el mundo buscando células tontas y fáciles de utilizar y burlar.
Son grandes estafadores impulsados por una voluntad infinita porque necesitan estafar para sobrevivir.
La gente que se alimenta sabiamente crea células fuertes y altamente funcionales; estas personas son inmunes a los virus.
Pero muchos toman alimentos sin calidad, simplemente buscan el sabor agradable y se yinnizan, engordan, envejecen, se cansan y crean este tipo de células sin calidad porque eligen alimentos sin calidad.
Entonces los virus se hacen un festín con ellos.
Por esa razón yo opino que las vacunas son inútiles.
Una persona fuerte no necesita protección porque sus células yang no admiten el ingreso de virus yang.
La vacuna sólo meterá basura biológica y químicos tóxicos.
En cuanto a las personas débiles sus células serán tontas y permeables y dejarán colarse a los virus que finalmente las destruirán.
En este tipo de personas las vacunas no podrán cambiar ese estado yin de las células ni frenarán a los virus que desesperadamente buscarán la forma de usar a las células para replicarse ya que su vida depende de ello.
La vacuna es una prepotencia inútil que viola la libertad individual.
La sabiduría infinita tendrá la victoria; los virus burlarán a las células sin calidad y las destruirán con o sin vacunas.
Y dejarán en paz a las células fuertes y poderosas porque la inteligencia infinita no puede vencerse a sí misma.
Y nosotros podemos elegir la calidad de nuestras células más yin o más yang en base a nuestros menús y a nuestra habilidad culinaria.

-Martín Macedo-

viernes, 2 de abril de 2021

La salud infinita

 Hay gente que no cree en la salud infinita.

Lee mis reflexiones pero no comparte este punto.
Y critican porque les molesta mi seguridad y convicción.
Esas personas dicen..."claro que hay cuidar y amar al cuerpo".
"Pero no somos inmortales y existen la enfermedad y la vejez".
Una persona que piensa así no puede entrar a nuestro club.
Porque sólo los que creen pueden entrar.
Los que no creen automáticamente quedan excluidos.
Es verdad que hay enfermedad y dolor, agonía y debilidad.
Pero nosotros creemos que son sólo experiencias.
La salud infinita es una experiencia.
¿Te interesa esta experiencia?
Para los que quieran experimentar este tipo de salud está nuestro querido club y no importa si lleva un mes o veinte años, sentimos que la grandeza de esta experiencia justifica el intento.
Y no importa si esta experiencia es temporal o permanente, porque sabemos que el cuerpo físico finalmente se desintegrará por las poderosas fuerzas yin de la entropia.
Sólo los que creen pueden participar.
Sólo los que creen lo van a intentar con todo su corazón.
Sólo los que creen finalmente lo van a tener.
Y una vez que aprendan a crear esta salud infinita podrán seguir haciéndolo tanto tiempo como deseen.
Los leones y los delfines lo hacen, las águilas y los antílopes también.
¿Por qué no el grandioso ser humano?
¿Acaso hay algo que este ser humano no pueda hacer?
Los que creen pueden hacer cualquier cosa.
Los que no creen no pueden hacer nada.
El secreto está en creer, es decir en la fe.
Los que creemos seguiremos intentando reproducir esta experiencia una y otra vez; incluso podemos perderla y volver a recuperarla como los millonarios que quiebran y vuelven a ser ricos.
Porque conocen el camino y creen en su buena estrella.
Saben que una parte de ellos es tan grande como el Infinito.
Saben que la inteligencia infinita circula por sus venas.
Esas son las personas que realizarán sus más grandes sueños.
Los otros, los incrédulos se quedarán paralizados por sus mentes estrechas y perseguirán metas razonables.
Y así debe ser, porque el Orden del Universo necesita de los dos tipos para animar el juego de la vida.

-Martín Macedo-

La tercera ola

 Si es que Se viene la "TERCERA OLA" y si la “NADAMOS” diferente?

POR QUÉ no dar más información sobre lo que que SI podemos hacer?

A qué hora se le ha explicado a la población que cada uno tiene la capacidad de reforzar naturalmente su sistema inmunológico en pocos días (los más pequeños) o en pocas semanas los adultos?

Por qué no involucrarse en los canales informativos con plataformas y profesionales de salud que hablen de prevención, como nutricionistas, naturópatas, fitoterapeutas, que podrían realizar un inmenso trabajo de información y prevención al público y a la vez aligerar el trabajo de los médicos y sanitarios que están en el frente?

Por qué no decirle a la gente que comer basura, como productos industriales, trabajados y refinados, es lo primero que destruye nuestras defensas?

Que la eficacia de nuestro sistema inmunológico depende estrechamente de la calidad de nuestra flora intestinal y, por lo tanto, de la calidad de lo que comemos.

Por lo tanto, frutas y verduras crudas, locales y de temporada son la mejor manera de acumular rápidamente nuestras reservas minerales necesarias para la inmunidad...

Por qué no explicar que por ejemplo un ayuno intermitente controlado fortalece el sistema inmunológico en tan solo 3 días?

Que una correcta respiración tiene la capacidad de reducir niveles altos en producción de cortisol, hormona reguladora de tus niveles de estrés.

Por qué no hablar de los beneficios de una ducha fría o un baño en el mar, que en pocos días aumenta el nivel de algunos linfocitos T?

Por qué no explicar que plantas como la equinacia, el astrágalo, el saúco, la rosa canina, la artemisa... en sus formas concentradas y correctas, aumentan las defensas inmunes en pocas semanas?

Por qué no hablar de la eficacia de los aceites esenciales antivirales?

Además de la vitamina C a dosis altas, la importancia de la vitamina D y minerales como el zinc, selenio, magnesio? Todo ello es fácil y barato de obtener.En ocasiones, como en el caso de la luz solar, gratuito!

Por qué no hablar de cómo una sana actividad deportiva activa las hormonas de la alegría y el bienestar?

Por qué no hablar de la importancia de la calidad de nuestros pensamientos y de la conexión entre la mente y el cuerpo?

Por qué no hablar de la fortaleza del amor y la compañía, que curan mucho más que el aislamiento y la desconfianza?

Por qué no hablar del bienestar inmediato que nos da caminar o estar en la naturaleza?

Por qué no explicar que el miedo es inmunosupresor? Y genera más que nada: enfermedad, debilidad, ansiedad, sufrimiento.

*POR QUÉ NO COMENZAR A INFORMAR.*

*Y POR QUÉ NO HACERLO DE VERDAD...*

solo nos enseñaron a usar gel anti bacterial, alcohol, ponernos una mascarilla, y a estar encerrados y a tener miedo.

Si crees que es buena esta información... Copia y pega para que llegue a mas gente y empecemos a actuar diferente.
Aliméntate bien y Respira !

Tomado del perfil de Gerardo Heyser

jueves, 1 de abril de 2021

12 principios del Karma

 LOS 12 PRINCIPIOS DEL KARMA...

1


EL GRAN PRINCIPIO: Lo que tú siembras es lo que cosechas.
2

EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN: Atraes lo que Eres, NO lo que quieres.
3

EL PRINCIPIO DE LA HUMILDAD: Lo que resistes, persiste para tí.
4

EL PRINCIPIO DE CRECIMIENTO: Donde quiera que vayas, ahí estás. No te puedes evitar a tí mismo.
5

EL PRINCIPIO DE LOS ESPEJOS: Toda tu vida refleja la imagen de tí.
6

EL PRINCIPIO DE SINCRONIA: Todas las cosas son perfectamente iguales en el Universo.
7

EL PRINCIPIO DE DIRECCIÓN Y MOTIVOS: Manten la mente enfocada en lo que estás haciendo todo momento.
8

EL PRINCIPIO DE LA VOLUNTAD: Si tú crees que algo es verdadero, entonces en algún momento debes ser capaz de demostrarlo con toda tu verdad.
9

EL PRINCIPIO DE ESTAR AQUÍ Y AHORA: Cuida cada momento y vive plenamente en el presente, y del placer en la actividad espontánea, eso te guiará de regreso a la inocencia (a casa).
10

EL PRINCIPIO DE CAMBIO: Cuanto más te empeñas en cambiar las cosas, las cosas parecen permanecer igual.
11

EL PRINCIPIO DE LA PACIENCIA Y RECOMPENSA: La paciencia es la herramienta que trae beneficios a la vida.
12

EL PRINCIPIO DE VALOR Y ELEVACIÓN: Si hacemos las cosas para hacer una diferencia en nuestras vidas y los que nos rodean, los efectos de elevación, elevan a los demás, mientras nos mueve hacía una mente divina superior, y lejos del reino de vida inferior...