sábado, 27 de marzo de 2021

Un mundo incoherente

 La coherencia tiene que estar ligada necesariamente a nuestra decisión de llevar a cabo determinados actos y son nuestros padres los que nos generan este tipo de enseñanzas y ejemplos.

Somos nosotros como individuos los que podemos tomar lo que creamos válido, desechando lo que no nos parezca útil, y de allí en más generar actos de vida con cuya coherencia deberemos vivir durante nuestra existencia.

Frases de este mundo Incoherente

“Tienes que saludarme con beso”, dice la tía que viene una vez al mes, la que no saluda a sus vecinos.

“Ya eres grande, deberías ser más independiente”, le dice el papá a su hijo mientras su esposa le plancha la ropa para el trabajo.

“¿Todavía tomas teta?”, pregunta el primo que no para de fumar cigarrillos.

“Tienes que escuchar cuando te hablan”, dice el abuelo que le prepara carne a su yerno vegetariano.

“Tienes que dormir solo, en tu cuna”, dice la mamá que cuando el papá viaja se va a dormir a casa de su mamá.

“Presta el carrito, no seas egoísta”, dice el tío que no le presta el auto ni a su mujer.

“No es no, tienes que entender”, dice la suegra que todavía no entiende que debe llamar antes de aparecer.

“El golpe educa, no es violencia”, dice el portero que aún tiene pesadillas con el cinturón del padre.

“Tienes que respetar a los adultos”, dice la abuela que le da Coca Cola al niño cuando la mamá no ve.

El mejor regalo que podemos darle a los niños es comportarnos como adultos, y dejarlos ser. Ya es bastante difícil crecer en un mundo tan incoherente como el nuestro.

Luciana Riskin

El Ego

 El Ego

Al ego le gusta luchar
De ahí saca su importancia
El corazón se rinde
De ahí alimenta su humildad
Al ego le gusta identificarse haciendo juicios y separaciones
Con eso se fortalece y aumenta su egoísmo y división
El corazón unifica, te muestra las heridas y te cuenta que todos pasamos por los mismos dolores representados en particulares circunstancias
Con eso nos demuestra que todos estamos unidos
El ego te dice: esto es mío y aquello tuyo
Le gusta ponerte trampas para que
Sigas alimentando la creencia de la división
El corazón te dice: somos canales de expansión y de expresión que venimos a dar a luz con creatividad la experiencia divina
Al corazón le gusta fortalecerse con la unión y la articulación de todas las creaciones
El ego crea tensión, ilusión, estrés y condicionamiento.
Le gusta poner barreras y pruebas, le gusta ponerte a batallar y lleva a la mente a luchar.
El corazón no pone condiciones, se alimenta de la humildad, de los elementos , del equilibrio y de la fluidez.
Le gusta que respires lento y que disfrutes de cada momento.
Al ego le gusta rumiar, culpar, enjuiciar
Al corazón le gusta vivir en cada latido, estar presente, tomar el timón de responsabilidad.
Al ego le gusta el drama
Al corazón le gusta desvanecerlo
El ego se identifica con las etiquetas
El corazón nos cuenta que todos cruzamos por los mismos procesos y eso nos enseña de compasión
El ego piensa que tolera
El corazón te enseña a sentir
El ego te hace creer que tienes el control y que eso te hace importante
El corazón te muestra que nada está bajo tu control y gracias a eso puedes relajarte
Al ego le gusta la importancia y hacerse indispensable
El corazón te enseña que todo es aprendizaje, que todo tiene un proceso y que el cambio es constante, que estás en continuo movimiento y eso es lo especial en este viaje.
El ego se siente en ansiedad, en dolor, en miedo.
El camino hacia el corazón te libera, te conecta con las vibraciones más altas, te envuelve en plenitud y armonía.
El ego te enferma
El corazón te cura
El ego te separa
El corazón te une
El ego lastima
El corazón ama
Lucrecia Astronauta
@Mujer Semilla

La ley del espejo

 Nuestros problemas con los demás son un reflejo de nuestros conflictos internos. Mientras no apacigüemos nuestra mente y serenemos nuestro corazón seguiremos luchando contra lo exterior.

Para saber cuál es nuestro grado de sabiduría o de ignorancia en el arte de vivir basta con verificar cuál es nuestro nivel de satisfacción o de insatisfacción en nuestras relaciones. Detengámonos un momento y visualicemos mentalmente la cara de todas aquellas personas que forman parte de nuestra vida. No se trata de juzgarlas ni criticarlas: tan sólo de observar y de experimentar lo que nos hacen sentir.

Seguramente pensemos en nuestros padres y hermanos. En nuestra pareja e hijos. En nuestros amigos y conocidos. En nuestros compañeros de trabajo… Y cómo no, en uno de nuestros grandes maestros vitales; esa persona tan empática que nos proporciona situaciones adversas con las que entrenar nuestro desarrollo personal y a la que llamamos “jefe”.

Seamos honestos: ¿hemos tenido últimamente algún rifirrafe con alguna de las personas que han aparecido en nuestros pensamientos? ¿Nos llevamos realmente bien con todas? ¿Hay alguna a la que no soportemos especialmente? Tal vez admitamos haber discutido, habernos enfadado o incluso estar hartos de alguna de ellas.

¿DÓNDE ESTÁ LA RÁIZ DEL CONFLICTO?
“Deja de mirar la paja en el ojo ajeno y quítate la viga que tienes en el tuyo.”
(Jesús de Nazaret)

Sigamos con el juego. Viajemos con la mente a nuestro puesto de trabajo. Sí, a ese extraño lugar en el que pasamos al menos ocho horas de lunes a viernes, conviviendo con desconocidos que no hemos escogido y a los que vemos más que a nuestra propia familia y a nuestros amigos más íntimos. ¿Sentimos aversión crónica o le guardamos rencor a algún miembro de nuestro equipo? ¿Estamos en paz con nuestro jefe? ¿Es posible que nos ronden pensamientos negativos sobre alguno de nuestros compañeros de trabajo?

Quizás nos saque de quicio ese colega tan victimista que siempre aparece en el momento menos oportuno, contándonos lo desafortunada que es su vida y la manía que le tiene el jefe. O tal vez aquél otro tan chistoso, que parece haberla tomado con nosotros, soltando bromas que no suelen hacernos ni pizca de gracia… Eso sí, el que más nos molesta es uno que compite agresivamente contra nosotros, tratando de dejarnos en evidencia cada vez que el jefe hace acto de presencia.

Puede que ahora mismo pensemos que no es culpa nuestra, que somos buenas personas y que hemos tenido mala suerte por tener que compartir tanto tiempo en compañía de gente tan quisquillosa e incluso nociva. Pero hemos de saber que los psicólogos afirman que estos sentimientos suelen ser recíprocos. A nosotros también se nos juzga y se nos critica, en muchas ocasiones, por quienes menos lo esperamos. ¿Hemos pensado alguna vez qué opinión tienen los demás sobre nosotros? Y sincerémonos todavía un poco más: ¿hemos barajado la posibilidad de que puede que no sean los demás, sino que en realidad la persona conflictiva seamos nosotros mismos?

 EL VERDUGO ES LA VÍCTIMA
“Cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo, no sea que te chamusques a ti mismo.”
(William Shakespeare)

Se cuenta que un niño estaba siempre malhumorado y cada día se peleaba en el patio del colegio con sus compañeros. Cuando se enfadaba, se dejaba llevar por la ira y decía y hacía cosas que herían al resto de chavales. Consciente de la situación, un día su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que discutiera o se peleara con algún compañero clavase un clavo en la puerta de su habitación.

El primer día clavó treinta y siete. Poco a poco fue descubriendo que le era más fácil controlar su ira que clavar clavos en aquella puerta de madera maciza. Y en el transcurso de las semanas siguientes, el número de clavos fue disminuyendo. Finalmente, llegó un día en que no entró en conflicto con ningún compañero. Había logrado serenar su actitud y su conducta. Y contento por su hazaña, fue corriendo a decírselo a su padre, quien le sugirió que cada día que no se enojase desclavase uno de los clavos de la puerta.

Meses más tarde, el niño volvió corriendo a los brazos de su padre para decirle que ya había sacado todos los clavos. El padre lo cogió de la mano y lo llevó a la puerta de la habitación. “Te felicito, hijo”, le dijo. “Pero mira los agujeros que han quedado en la puerta. Cuando entras en conflicto con los demás y te dejas llevar por la ira, las palabras dejan cicatrices como éstas. Aunque en un primer momento no puedas verlas, las heridas verbales pueden ser tan dolorosas como las físicas. No lo olvides nunca: la ira deja señales en nuestro corazón.”

LA TIRANÍA DEL EGOCENTRISMO
“La enfermedad del ignorante es que ignora su propia ignorancia.”
(Amos Bronson)

Si tanto daño nos hacen los conflictos emocionales, ¿por qué criticamos y juzgamos a los demás? ¿Por qué luchamos y nos peleamos tan a menudo? ¿Por qué odiamos a otras personas? Y en definitiva, ¿por qué tenemos enemigos? Lo cierto es que llevamos a cabo todas estas conductas tan destructivas porque carecemos de la comprensión y el entrenamiento necesarios para relacionarnos de forma más eficiente. Prueba de ello es que solemos creer que los demás pueden herirnos emocionalmente si dicen o hacen cosas con las que no estamos de acuerdo.

Pero eso no es del todo cierto. La causa de nuestro sufrimiento emocional no está afuera, sino adentro: es nuestra reacción a lo que los demás dicen o hacen. Y esta reactividad se desencadena como consecuencia de ver e interpretar lo que nos sucede de forma egocéntrica. Es decir, queriendo que los demás se amolden a nuestros deseos, necesidades y expectativas. A este egocentrismo también se le conoce como “encarcelamiento psicológico” y es la causa última de todo nuestro malestar.

Además, debido a la reactividad y la negatividad creada por nuestras interpretaciones egocéntricas, vamos clavando clavos en nuestro corazón. Y eso nos sumerge en un círculo vicioso: cuanto más egocéntricos somos, más tristeza, ira y miedo albergamos en nuestro interior. Y a su vez, todas estas emociones negativas alimentan nuestro egocentrismo. Dicho de otra manera: nuestro estado de ánimo condiciona la percepción que tenemos de lo que nos pasa, y esta interpretación subjetiva de nuestras circunstancias condiciona nuestro estado de ánimo. Por eso llega un punto en que nuestro malestar nos impide –literalmente– establecer relaciones pacíficas y armoniosas con los demás.

PROYECTAMOS DE DENTRO A AFUERA
“Las verdaderas batallas se libran en el interior.”
(Sócrates)

Cuentan que Mahoma, acompañado de sus seguidores, llegó a una ciudad para difundir sus enseñanzas. Inmediatamente se les unió un discípulo que vivía en aquella localidad. “Maestro, en esta ciudad te van a perseguir, calumniar y demonizar”, le dijo, preocupado. “Los habitantes son arrogantes y no quieren aprender nada nuevo ni diferente. Sus corazones están sepultados bajo una losa de piedra.” Mahoma asintió sonriente y le respondió con serenidad: “Tienes razón”.

Más tarde apareció otro discípulo de Mahoma, que también vivía en aquella comunidad. Radiante de alegría, le dijo: “Maestro, en esta ciudad te van a acoger con los brazos abiertos. Los habitantes son humildes y están con muchas ganas de escucharte. Sus corazones están dispuestos a nutrirse con tu sabiduría.” Mahoma asintió sonriente y de nuevo afirmó: “Tienes razón”.

Incrédulo, uno de sus acompañantes se plantó delante del maestro y le preguntó: “¿Cómo puede ser que les hayas dado la razón a los dos si están diciéndote exactamente lo contrario?” Y Mahoma, impasible, le contestó: “No vemos el mundo como es, sino como somos nosotros. Cada uno de ellos ve a los habitantes de esta ciudad según su punto de vista. ¿Por qué tendría yo que contradecirles? Uno ve lo malo y el otro ve lo bueno. ¿Dirías tú que alguno de los dos ve algo errado? No me han dicho nada que sea falso. Solamente han dicho algo incompleto.”

LA MALDAD NO EXISTE
“Ámame cuando menos lo merezca porque es cuando más lo necesito.”
(Proverbio chino)

Para mejorar nuestras relaciones con los demás primero hemos de hacer las paces con el único enemigo que hemos tenido, que tenemos y que podemos seguir teniendo a lo largo de nuestra vida. Y para conocerlo basta con que nos miremos en el espejo: son todas las creencias erróneas y limitantes con las que distorsionamos nuestra manera de ver a los demás. No en vano, lo externo es siempre un reflejo de lo interno, pues lo que se observa es en realidad una proyección del observador. Tanto es así que la gente no nos ve tal y como somos, sino como la gente es. O como dijo el filósofo Immanuel Kant, «no vemos a los demás como son, sino como somos nosotros».

Pero, ¿en qué consiste este fenómeno psicológico conocido como «la ley del espejo» o «proyección»? Según el psicoanalista Sigmund Freud, se trata de «un mecanismo de defensa mediante el cual atribuimos a los demás aquellos rasgos de nuestra personalidad que no queremos ver ni reconocer en nosotros por resultarnos dolorosos e inaceptables». Es decir, que al no afrontar ni trabajar sobre nuestro lado oscuro –o sombra– canalizamos nuestras miserias internas entrando en conflicto con los demás. Por eso el sabio Anthony de Mello afirmó que «nuestros enemigos no son las personas que nos odian –el odio que ellos sienten es asunto suyo–, sino las personas a las que nosotros odiamos». Principalmente porque este odio es puro cianuro para nuestro corazón.

Al tomar consciencia de que somos co-creadores de lo que sentimos y experimentamos en nuestro interior, empezamos a asumir la responsabilidad de sanar las heridas emocionales causadas por nuestras interpretaciones y reacciones egocéntricas. Y no sólo eso. A lo largo de este proceso de autoconocimiento y desarrollo personal, también nos damos cuenta de que la maldad no existe, pues cuando somos esclavos de nuestra reactividad no somos dueños de nuestra actitud ni de nuestra conducta. Lo que sí abunda es la ignorancia de no saber quiénes somos y la inconsciencia de no querer saberlo. Y lo cierto es cuanto más egocéntricos somos, más sufrimos. Y que cuanto más sufrimos, más problemas y conflictos tenemos con los demás.

Para arrancar de raíz nuestros conflictos emocionales hemos de aprender a aceptarnos a nosotros mismos tal como somos. Al disolver a nuestro enemigo interno por medio de la comprensión y el amor, dejamos de proyectar nuestra oscuridad hacia el exterior. Ya no necesitamos falsos enemigos con los que luchar y a los que culpar de nuestro malestar. Cuando conectamos con nuestro bienestar interno, empezamos a interpretar lo que nos sucede con más objetividad y a ver a los demás con más neutralidad. Cuando logramos apaciguar nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro espíritu comprendemos que lo que sucede es lo que es y lo que hacemos con ello es lo que somos.

Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado domingo 4 de abril de 2010.

viernes, 26 de marzo de 2021

Nadie "aparece" en tu vida por "accidente"

Ese cambio de miradas, ese saludo, esa química inexplicable tenía que generarse. Puedes pensar "podría haberme enamorado de alguien más, podría haber conocido a alguien mejor" y la verdad es que no, no podrías.

Esa historia la requerías generar, la lección sólo podía ser aprendida en esa relación.

Entre todas las millones de personas que pudieron ser, te atrajo la sonrisa de esa persona, sus formas, sus actitudes, su vibración.

Cuando nuestra vida se cruza con la de alguien más, el camino se transforma; cambia de ruta. El destino, la vida, el futuro, los planes. Todo se rehace de nuevo.

También es cierto que todo podría no salir como esperas. Y sí, es una gran posibilidad. No hay manera de saber que generarás, como será la relación, pero te arriesgas. Lo que sientes te hace rebozar en senti-mientos y tienes la valentía de poner tu corazón en juego.

Conocemos exactamente a quien debemos conocer, nos enamoramos exactamente de quien debemos enamorarnos, después el no soltar o el aferrarse es tema de cada quien y tal vez esa sea la lección...

Somos una colección de nuestros amores, desilusiones, alegrías y aprendizajes.

Puede parecer que nos desviamos un poco en ocasiones pero es para llegar al lugar donde tenemos que llegar. Nada es accidental.

Más allá de las relaciones, ama tus amores correspondidos y tus desilusiones. Las cicatrices y las marcas son exactamente lo que tenía que pasar, eres mejor persona ahora ¿no?

La medicina está en tí y no la usas

 LA MEDICINA ESTÁ EN TI, Y NO LA USAS :

Somos las únicas criaturas en la superficie de la Tierra capaces de transformar nuestra biología mediante lo que pensamos y lo que sentimos.
Tus células están constantemente observando tus pensamientos y siendo modificados por ellos.
Un ataque de depresión arrasa tu sistema inmunológico. Sin embargo serenarte, fortifica tremendamente.
La alegría y la actividad armoniosa te mantienen saludable y prolongan tu vida.
El recuerdo de una situación negativa o triste libera en ti las mismas hormonas y sustancias biológicas destructivas que el estrés.
Tus células están constantemente procesando todas tus experiencias y metabolizándolas de acuerdo con tus puntos de vista.
En tu cuerpo, la producción de neurotransmisores se altera, el nivel de hormonas varía, tu ciclo del sueño es
interrumpido, la superficie externa de tus células se tornan más viscosas y más propensas a formar grumos y hasta tus lágrimas contienen trazas químicas diferentes al de las lágrimas de alegría.
Todo este perfil bioquímico será drásticamente modificado cuando te sientas tranquilo, y hasta tu proceso de envejecimiento se neutralizará cada día.
Shakespeare no estaba siendo metafórico cuando a través de su personaje Próspero, dijo:
“Nosotros estamos hechos de la misma materia que los sueños”.
¿Quieres saber cómo está tu cuerpo hoy?
Entonces recuerda lo que pensaste y sentiste ayer.
¿Quieres saber cómo estará tu cuerpo mañana?
¡Observa tus pensamientos y emociones hoy!
Al abrir tu corazón y tu mente evitarás que algún cirujano lo haga por ti.
La medicina esta en ti y tú no la usas. La enfermedad viene de ti mismo y no te das cuenta.
Recuerda, no somos lo que creemos ser, sino lo que pensamos y sentimos sin saberlo.
Despierta!!!

Preparar el templo

 Lo más grande ha venido a habitar en lo más pequeño.

Buscando expresarse en el mundo de las formas.
La pequeñez del cuerpo es absolutamente necesaria para que las cualidades infinitas puedan manifestarse en este nivel material.
Es el mayor de los milagros.
Es la felicidad suprema.
Lo más grande necesita a lo más pequeño para ser verdaderamente grande.
Lo más pequeño se agiganta al permitir que lo infinito se exprese en su efímera forma.
La belleza infinita busca expresarse en tu cuerpo.
La salud infinita quiere brillar en tu forma física.
La sabiduría necesita una lengua para ser reconocida.
La habilidad infinita necesita unas manos para mostrar lo que puede hacer.
Permitamos que nuestro cuerpo sea el asiento de las cualidades infinitas.
Permitamos que la inteligencia infinita use nuestra estructura física para que lo más sublime del universo pueda ser mostrado al mundo.
Sólo hay que permitirlo.
Pero no es obligatorio.
Algunos le temen a la grandeza y prefieren ir por el mundo en calidad de espectadores.
Todavía no están listos para brillar como las estrellas.
Lo infinito siempre estará buscando dónde expresarse y tocará en las puertas de tu corazón y solicitará autorización.
Pero no es suficiente con dar el visto bueno.
Con decir: "adelante muestra todo lo que tienes a través de mi pequeño yo".
Para que las maravillas del universo se expresen plenamente en nuestra forma física se necesita una óptima nutrición.
¿Acaso la habilidad infinita de puede expresarse en un cuerpo lánguido y desnutrido?
¿La fuerza infinita puede mostrar prodigios físicos en un cuerpo anémico?
¿La pasión infinita amar en un corazón con un marcapasos?
La voz de los ángeles no puede cantar si las cuerdas vocales están inflamadas y llenas de mocos.
Para que lo infinito habite en nuestra forma finita.
Crearemos una gran condición física.
Con una nutrición de gran calidad y excelencia.
Y un nivel óptimo de acondicionamiento físico.
Y es el mayor honor.
Y el más grande deleite.
Preparar el templo.
Para cuando llegue el tiempo de brillar.

Martín Macedo-

Un texto de Hellinger

 El profesor, Bert Hellinger falleció recientemente el día 19/9/19. El psicoterapeuta y escritor alemán tenía 93 años, es conocido mundialmente por la creación del método terapéutico "Constelación familiar".

Dejó este texto maravilloso:

"La vida te decepciona para que dejes de vivir con ilusiones y veas la realidad.
La vida destruye todo lo superfluo hasta que quede solamente lo importante.
La vida no te deja en paz, para que dejes de culparte y aceptes todo como "es".
La vida va a retirar lo que tienes, hasta que dejes de quejarte y empieces a agradecer.
La vida envía personas conflictivas para curarte, para que dejes de mirar hacia fuera y empieces a reflejar lo que eres por dentro.
La vida te permite caer de nuevo y de nuevo, hasta que decidas aprender la lección.
La vida te quita del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejes de querer controlar todo y fluyas como un río.
La vida pone a tus enemigos en la carretera, hasta que dejes de "reaccionar".
La vida te asusta y te asustará cuantas veces sea necesario, hasta que pierdas el miedo y recuperes tu fe.
La vida te distancia de las personas que amas, hasta que entiendas que no somos ese cuerpo, sino el alma que contiene.
La vida se ríe de ti muchas y muchas veces, hasta que dejes de tomar todo tan en serio y puedas reírte de ti mismo.
La vida te rompe en tantas partes cuantas sean necesarias, para que la luz penetre en ti.
La vida te enfrenta a los rebeldes, hasta que dejes de tratar de controlar.
La vida repite el mismo mensaje, si es necesario con gritos y tapas, hasta que finalmente lo escuches.
La vida envía rayos y tormentas, para despertar.
La vida te humilla y a veces te derrota de nuevo y de nuevo hasta que decidas dejar que tu ego muera.
La vida te niega bienes y grandeza hasta que dejes de querer bienes y grandeza y comiences a servir.
La vida corta tus alas y poda tus raíces, hasta que no necesites alas ni raíces, sólo desaparezcas en las formas y tu ser vuele.
La vida te niega milagros, hasta que entiendas que todo es un milagro.
La vida acorta tu tiempo, para que te apures en aprender a vivir.
La vida te ridiculiza hasta que te hagas nada, nadie, para que entonces te convierta en todo.
La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para evolucionar.
La vida te lastima y te atormenta hasta que sueltes tus caprichos y berrinches y aprecies la respiración.
La vida te esconde tesoros hasta que aprendas a salir a la vida y buscarlos.
La vida te niega a Dios, hasta que lo veas en todos y en todo.
La vida te despierta, te poda, te rompe, te decepciona... pero créeme, eso es para que tu mejor yo se manifieste... hasta que sólo el amor permanezca en ti".

Bert Hellinger